Hay hombres que piensan que los machos de verdad, los de pelo en pecho y voz gruesa, no pueden echarse cremas porque pierden su masculinidad. Están convencidos de que su atractivo está en ser toscos, bruscos, algo sucios y, por supuesto, con la piel reseca. Si usted es uno de esos cromañones, déjenos decirle que está muy equivocado: los hombres de verdad, con o sin pelo en el pecho, se cuidan la piel.

Ojo: no hay nada que espante más a las mujeres que los tipos que las raspan con solo tocarlas, parecen con la cara recién brillada y quedan como unos cocodrilos después de afeitarse. Para que eso no le pase, le presentamos los errores más comunes que cometemos los tipos a la hora de cuidarnos la piel.

Tres en uno

No se equivoque de producto, estamos hablando de cremas y de pieles. Por eso, le recomendamos la nueva de Lubriderm, que sirve para tres cosas (evite los chistes de las “tres cosas”, por favor): para el cuerpo, para la cara y para después de afeitarse. ¿No está convencido de usarla? Sepa entonces que no es grasosa, se absorbe como un tiro y le deja la piel como su novia quiere o como usted quiere para levantar novia.

La afeitada
Muchos hombres suelen ser facilistas a la hora de la afeitada. Creen que la cosa consiste en pasarse la cuchilla mil veces como si estuvieran pelando papas y listo, tema resuelto. El problema es que después de una buena trasquilada facial la piel puede quedar dura, seca, carrasposa. Y eso no solo se ve feo, sino que a la hora de bailar cachete con cachete puede incluso generarle raspones infecciosos a su pareja.

La brillada
¿Ha visto esa gente que tiene la frente tan brillante, tan grasosa, que uno podría usarla de espejo? ¿Le parece bonito? No, ¿cierto? Entonces hágase un favor —hágale un favor a la sociedad— y cómprese una crema que, en vez de policharle la piel, se la deje con el brillo justo: que no se vea seca, pero tampoco como si se hubiera echado aceite de cocina.

Coderas y rodilleras
Hay partes del cuerpo que parecen carecer de toda importancia. El número uno de esas partes olvidadas y aparentemente inútiles lo ocupa, sí, señores, el codo. Pero cuidado, ese lugar sin gracia, sin belleza, sin armonía, puede ser también un matapasiones. ¿Qué le cuesta echarse crema todos los días en los codos para que no se le vean tan secos? Uno no sabe cuándo salga con una mujer que se fije en los detalles. Y ya que estamos en esas, ¿qué tal otro poquito de crema para las rodillas?

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