1 Su cuerpo se demora 21 días en acostumbrarse

Está psicológicamente comprobado que desarrollar un hábito –como levantarse a trotar, por ejemplo– toma al menos 21 días. Y después de la época de baile, comida, trago y guayabo, completar algo así parece misión imposible. Pero tiene que empezar a hacerlo.

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Ahora, si aplaza la decisión, como todos los años, lo cogerá el paseo de Semana Santa –y después las vacaciones de mitad de año– sin mover un dedo. No le estamos diciendo que se mate haciendo ejercicio todos los días, pero vaya acostumbrando su cuerpo para lo que se viene y vaya apretando las cargas de a poco.

2 Tendrá una ventaja sobre los demás

Acéptelo: lo normal es que usted aplace para marzo los propósitos de fin de año, con las disculpas de que llegó de vacaciones más cansado de lo normal y que empezar el año es muy difícil. Y la mayoría –por no decir todo el mundo– está pensando como usted. ¿No sería bueno cogerles una ventajita a esos amigos que siempre le están diciendo “panzón” y se las dan de los iron men porque trotan o montan en bicicleta de vez en cuando? Piénselo: mientras todos tengan el físico por el piso, usted ya estará aproximándose a un buen nivel de entrenamiento.

3 Si no baja ya de peso, después se le complica

La decisión de bajar de peso –sí, la panza y la papada que le quedaron de diciembre– se toma de un totazo. Nada de: la próxima semana empiezo. Eso no funciona. Además, cada día que pasa, seguro es un día más en que usted se acostumbra al sedentarismo y su cuerpo acumula grasa. Y eso es peligroso: entienda que su cuerpo –como usted– es un animal de costumbres: si lo pone a hacer ejercicio, su metabolismo mejorará y se acostumbrará a estar activo.

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Para completar, el deporte lo induce a comer más sano y lo pone a dormir mejor. De lo contrario, entrará en ese círculo vicioso de comer mal, no moverse, dormir poco, tomar trago, volver a comer como un cerdo por el guayabo… y a largo plazo, convertirse en candidato al balón gástrico. Piénselo.

4 Aproveche los descuentos de los gimnasios

Esto es clave: muchos gimnasios ofrecen en enero paquetes semestrales o anuales realmente baratos. Así que si no es de deporte al aire libre y prefiere las máquinas y los instructores, coja ya un buen plan y empiece a soltarse. Eso sí, la idea no es enriquecer a los dueños de los gimnasios sin ningún sentido: no sea de esos petardos que pagan un plan anual, van dos veces y se olvidan del ejercicio… si ya pagó, ¡oblíguese a ir!

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5 Su cabeza lo necesita

Suena obvio, pero hacer deporte no solo es bueno para su cuerpo, sino para su mente. Mucha gente llega a trabajar con el síndrome posvacacional, que lo obliga a hacer todo más lento, menos eficiente. Así las cosas, no sobra que usted tenga un espacio para relajarse y liberar estrés, y qué mejor manera que sudando, moviéndose, haciendo deporte.

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