Anoche tuve un sueño. Estaba en la tribuna del Estadio El Campín llorando de alegría. Era domingo y caía la tarde en Bogotá, que se adornaba con un atardecer de esos que solo se ven desde el estadio. Había casi 40 mil personas en las tribunas cantando con euforia. Se ondeaban por lo menos 30 mil banderas azules y blancas y la música de los tambores y trompetas envolvían el ambiente en un carnaval interminable.

Éramos campeones de Colombia por tercera vez consecutiva; y que equipazo que teníamos. En mi sueño el director técnico era un señor de bigote, del cual no pude identificar la nacionalidad cuando desperté esta mañana. Sí recuerdo que lo eligieron en el cargo, hace unos 3 años más o menos, principalmente por sus habilidades de liderazgo y la identidad de su juego, tan acorde con el proyecto deportivo del club. Nunca traicionó su ambición por jugar para adelante y su tremenda devoción por el espectáculo; el hombre sabía muy bien a que equipo estaba dirigiendo. Era un ganador el bigotón que me inventé anoche. Se los juro.

En el arco teníamos un portero de esos que no dudan en poner en riesgo la descendencia en los achiques, intuitivo y ágil sobre todo, un líder de verdad. La defensa era tremenda. Un back centro rápido, de la casa él, con más de 500 partidos en primera y 4 títulos locales. Lo acompañaba un moreno alto y fuerte, seguro en la salida y con experiencia en el fútbol de Brasil. Se los aseguro que por ahí no pasaba ni Dios. Los laterales eran velocísimos, los dos con proceso de selección juvenil y con un centre exquisito, sobre todo el de la izquierda que compensaba con ataque sus fallos en defensa. 

El doble 5 era de locos. Un cabeza de área uruguayo multi campeón con Peñarol y con un cuchillo entre los dientes, pero no nos confundamos, el tipo tenía salida y un pase largo impresionante que le copió al propio Paul Scholes. Y el capitán, por Dios, si les contara del capitán con el que soñé anoche…Se dice que entre divisiones menores y profesional tiene más de mil partidos en el club, todos toditos con la cinta bien ajustada al brazo, inclusive en el debut. A los 23 se fue a Europa y jugó seis temporadas en la liga de Alemania, todo un mostro. Volvió a pesar de la oferta de renovación y además con posibilidad de jugar Europa League. Jugador de ida y vuelta, pegada de media distancia y para llevar la pelota tenía una zancada elegante, impropia del típico número 5. De esos que contagian al equipo y la tribuna con el marcador adverso, con siete pulmones y unos huevos que los contrarios parecen benjamines. Fijo en Selección, por si la duda. No me alargo con esto del capitán porque se me acaba la tinta, todo un ídolo de verdad el alemán (así le decían en mi mundo fantástico).

Vamos a las bandas. El 7, si mal no recuerdo el número, era un enano habilidoso que venía del pacífico. Sin demasiado gol pero con una gambeta al mejor estilo colombiano, llena de sabor y picardía. Los dejaba a todos regados como conos. Por la banda derecha no había tanta fantasía. Estaba el favorito del bigotón y de mi abuelo, podría yo decir. Con el que cualquier mamá casaría a su hija para que me entiendan. Hizo todo el proceso de formación en el club, por lo que dentro de sus funciones estaba dar ejemplo a los nuevos de responsabilidad y pertenencia. Aplicado en defensa y preciso en ataque, poco y nada fallaba en el pase.

Ahora, la número 10 no la llevaba cualquiera. Jugador de Selección y con mundial encima aunque suplente. De lo más fino, la recibía y paraba el tiempo para buscar el pase entre líneas con sus 45 ojos y una inteligencia prodigiosa. No se ahorraba nunca el caño ni el sombrero, un fanático del fútbol y zurdo para rematar. Eso sí, nunca se cansó de pedirla con el marcador en contra y el estadio convertido en el infierno, un valiente por encima de todo.

Y adelante… adelante teníamos un asesino en serie. Nunca vi un remate más poderoso que el de este tipo, de verdad que le tenían miedo los porteros de todo el continente. De portentoso físico, poco más de metro noventa de estatura, con un cabezazo estupendo y cuando ponía el cuerpo le rebotaba hasta Puyol. Sin duda el favorito de los niños, que agotaron las camisetas con su nombre en una semana cuando se confirmo su traspaso desde la Argentina la temporada pasada. Sin la lesión por Dios que llegaba a más de un gol por partido en promedio. Inaudito que aun no haya sido llamado a la Selección albiceleste, así todos digan que estoy exagerando.

Este equipo era un ciclón y a donde llegaba salía a ganar con un juego de encanto, como los de antes y que aún no he podido ver. Tenía un carácter que le hacía honor a la camiseta, siempre solidario e incansable. Digno en la derrota, que aparecía muy de vez en cuando. Cuánto miedo metía aquí y allá, desde Barranquilla y Medellín hasta Buenos Aires y Asunción. Y en Bogotá ni hablar, aquí nadie quería venir a jugar. De verdad lo respetaban…

Todo eso me soñé. Y si les cuento que hay un poco más seguro no me creen: Porqué ahí dentro de mi aventura subconsciente estaba el presidente sentado en la tribuna como un hincha más; los barristas eran pacíficos y educados pero tenían la garganta rota de tanto alentar y un carnaval montado alucinante; la hinchada estaba unida y cantaba al unísono; las familias abundaban y disfrutaban de una linda tarde de fútbol dominical; el visitante estaba llenando de color todo su espacio…y lo mejor de todo, los 25 mil abonados habíamos tenido una vez más una temporada espectacular.

Pero ya está, para que les cuento más. Más bien me voy arreglar que tengo el tiempo contado para llegar al estadio que hoy jugamos un partido decisivo. Si le ganamos a Envigado clasificamos a los 8 (eso sí, hay que esperar que no gane el Tolima en Manizales contra el Once, que parece que anda bien). Igual, yo le tengo fe, siempre la he tenido. Además hoy vuelve Robayo a la titular después de suspensión y Dairon Asprilla como que anda enchufadito.

NOTA:

A la hinchada: Se vienen tiempos difíciles. De duros golpes al autoestima de nuestra empolvada grandeza. No hemos abandonado al equipo en las peores, no vamos abandonarlo en esta, que nos pone a los eternos rivales en lo más alto de América. Exijamos con respeto y vehemencia la excelencia. También dejemos el conformismo, pero exijamos con criterio y fundamento. Un llamado a la unión.

A los dirigentes: Que de algo sirva el ejemplo qué con autoridad nos están dando, por favor. Hay que comunicar los proyectos que existen y generar inclusión de esta gran hinchada (dejar el hermetismo, demostrar dolencia). Fortalecer el plan deportivo con inversión, mucha ambición y coherencia. Sobra decir que la gente, nosotros los hinchas, sabremos responder con asistencia masiva y apoyo incondicional. Millonarios somos todos.

Entonces, cumplamos el sueño Millonarios, qué más que un sueño es lo que corresponde a nuestra historia… y volvamos de una vez por todas al lugar que nos pertenece. Mientras no haya reacción, tristemente ese lugar estará condenado al olvido…

 

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