No importa lo que le haya dicho la gente de Gestión Humana en la inducción a nuevos empleados, ni en todos los talleres de coaching con desayuno y presentación de PowerPoint a los que le han obligado ir: su oficina es un campo de guerra y su enemigo número uno es el reloj. En su jornada laboral, de nueve de la mañana a cinco de la tarde,  hay una guerra contra el tiempo y su arma es la productividad, algo que más que sinergia y buena actitud ante la vida, se logra a través de estrategias maquiavélicas. Aquí le traemos diez.

1.    Tenga claro sus objetivos

No olvide la pregunta más importante: ¿Para qué trabaja usted? ¿Para revolucionar su campo? ¿para hacer del mundo un mejor lugar? ¿Para poder comprar un TV Full HD y ver el mundial? ¿Porqué es consiente de que  bajar de peso no es ya una opción, y no le queda otra que hacer plata para ser alguien en el mundo? Ninguna respuesta es equivocada. Pero debe tener claro que su trabajo es solo un medio para conseguir lo que quiere. Repítase a usted mismo el mantra de tía nueva era #45: “trabajo para vivir, no vivo para trabajar”.

2.    Evite las reuniones

La reunionitis es al trabajador lo que el dolor de codo a los tenistas. En especial en un país en el que  ir al grano es visto como una falta de cortesía y donde antes de hablar los temas importantes hay que quejarse del clima, decir que Petro acabó la ciudad y preguntar cómo van los chinos en el colegio.  Las reuniones le van a quitar tiempo y le romperán el día en tres. Haga todo lo que pueda por teléfono y por mail. Recuerde que tiene que llegar a su casa a tiempo para ver El Desafío. 

3.    La técnica Pomodoro

Si usted es de los que tiene el mismo nivel de atención que un niño de siete trabado en Nucita, no desfallezca. En los ochenta un italiano inventó un infalible método, llamado la Técnica Pomodoro, que promete ayudar con la concentración. El asunto es sencillo: cronómetro en mano, trabaje de manera ininterrumpida (y sin ningún tipo de distracción) durante 25 minutos y luego descanse cinco. Repita cuantas veces sea necesario. No corrija ortografía, no revise si su último tuit tuvo éxito. Solo trabaje. En la página oficial del método encontrará toda la información.  

4.    La Ley de Jaider Villa: 

Usted no llegó a esa oficina a hacer amigos. ¿Realmente le interesa saber, todos los días,  cómo va el matrimonio su compañero de cubículo? La respuesta, querido aprendiz de trabajador, es no. No y mil veces no. Antes de que le asignen computador, averigüe quién es esa persona que casi no consigue el trabajo porque las psicóloga de Gestión Humana creyó que no tenía ‘rasgos de líder’ y pida que lo sienten al lado de él. Por estadística, esa persona será ingeniero de sistemas, tímido e introspectivo pero brillante y obsesivo con sus objetivos. Estar al lado de él lo librará de distracciones inútiles.

5.    Los gatos de Youtube

Toda vez que alguien diga que encontró un video chistoso en internet, salga corriendo al baño. Sin darse cuenta se encontrará a si mismo a las cinco de la tarde viendo antologías de videos de gatos y con horas de trabajo sin terminar.

6.    Empiece por los mails

“Quedo atento”, “perdón por contestar hasta ahora”, “me dice qué le parece”. Todas esas frases son munición para el arma con la que atacará al tiempo. Que lo primero que haga por la mañana sea eso. Así, al final del día tendrá ya respuesta a todo, y sabrá cuales son las tareas para el día siguiente. De prioridad a quien le conteste con mayor antipatía.

7.    La nube

Este va muy en serio: evítese el problema de los discos duros quemados y de tener que responderle a su jefe “tengo ya listo eso… llego al computador de la oficina y se lo mando”. La nube es su mejor amiga: reenvíe archivos desde su celular, trabaje desde su tableta en un café, realice video conferencias, tenga todos sus teléfonos en un solo lado y maneje su calendario desde cualquier dispositivo. De lo contrario, se verá envuelto en la terrible tarea de correr de un lado a otro armado de una agenda con tapa de cuero en la que apunta teléfonos y citas que ni usted mismo entiende.  

8.    Descansar es hacer

Una vez al mes, invéntese “un rollo personal” y quédese en su casa durmiendo. Tal cual como si fuera celular sin pila que hay que conectar a la pared. No abra el mail, no conteste el teléfono. Muchos le dirán que genios como Leonardo Da Vinci apenas dormía unas cinco horas al día. Pero no se confunda: usted no quiere redefinir el arte y la ciencia. Usted quiere hacer ese reporte rápido y salir antes de la hora pico del trabajo.

9.    La queja es el nuevo marketing

Uno es lo que parece y en este país no pueden ver un bobo acomodado. Siempre esté ocupado, pero sobretodo dígaselo a todo el mundo. No se trata, por supuesto, de convertirse en un tipo que se queja todo el día; pero siempre que le pidan un favor diga que está corriendo con algo, que va bien, que avisa cuando termina. Cuando el reloj toque las cinco, dirá que lo siente, que le costó más trabajo del que pensaba.

10.    La banda sonora

Una buena banda sonora puede ser la clave para ser profundamente productivo. Pero no caiga en la trampa de oír Enya o Vangelis. Trabajar en una nube de mosquitos celestiales y gemidos de hadas terminará por relajarlo más de la cuenta. Tampoco le crea a los que dicen que lo mejor es oír Drumm and Bass alemán para avanzar más rápido. Lo mejor es crear un controlado ambiente de apocalipsis. Los tres primeros movimientos de Carmina Burana, el primero de la Quinta de Mahler o el último álbum de Juanes puntean como las mejores opciones.



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