Uno puede salir de la exposición Bodies. Real + Fascinante con múltiples dolencias. Apreciar el producto de tan fina y depurada carnicería, esparcida en más de 200 disecciones, tiene consecuencias. Yo tuve repetidos sueños con pulpos. Veía pulpos recubriendo paredes y suelos, lo que constituye una evidente reacción al desmembramiento que uno atestigua en Bodies.

Al día siguiente uno se siente adolorido y entumecido, como si le hubieran dislocado un hombro o se le hubiera quedado el cuello tieso. La rodilla operada duele de nuevo y se vuelven a sentir las costillas fracturadas hace meses. Se reviven las enfermedades propias y las de amigos y familiares, lo que puede ser un golpe bajo al espíritu. El cáncer de colon que mató a tu mamá, el tumor cerebral que le dio a tu mejor amigo, el enfisema pulmonar de un tío. La resaca de Bodies puede producir mucha aflicción.

Los cuerpos simulan lanzar flechas o patear balones, pero permanecen quietos en su polimerizada posición, con los ojos postizos bien abiertos, calvos y con labios protuberantes, desollados y prácticamente a la intemperie, como se debe sentir cualquier cuerpo en un quirófano. No hay lugar donde uno se sienta tan desprotegido como en un quirófano. Los cuerpos dan la impresión de no estar muertos del todo. No se descomponen, no huelen a nada, no tienen gusanos. Son cadáveres en estado de catalepsia.

Ponerles un sombrero o una bufanda no impediría a sus dueños cumplir con su abnegado propósito educativo y les brindaría a los muertos un poco de dignidad y de abrigo; pero se verían como esas mascotas french poodle con saquito y pantaloneta… ¿No será que esos cuerpos terminan convirtiéndose en mascotas de circo, itinerantes por el mundo?

Bodies reclama una intención educativa que no puede comprobar. A lo sumo es el 3D del viejo libro con dibujos con el que nos enseñaban el cuerpo humano en el colegio. Igual de didáctico e igual de irreal. Las venas no son azules ni las arterias son rojas; la vesícula no es amarillo pollito ni los alvéolos son blancos. Aunque quizás de eso se trate, de una colorida representación.

Visitar la exposición acompañado de un médico es como ir con un niño que se sube a una montaña rusa por primera vez. Lo sorprenden los colores, los cortes, la disposición. Nunca ha visto los huesecillos auditivos puestos en cajitas como si fueran anillos de compromiso. Los cadáveres en los que aprendió en la universidad tenían piel, pelo y facciones, se iban descomponiendo mientras aprendía y tenían el color desabrido de una carne escabechada.

Un niño pequeño se pasará brincado de aquí para allá diciendo "yo quiero carne, yo quiero frunas". Una niña de diez años se tomará la visita como si estuviera haciendo una investigación exhaustiva: "¿Los músculos son así o son aplastaditos? ¿El corazón es así con una parte azul y otra roja? Pero cómo así, ¿las venas son así sueltitas? No entiendo, ¿uno por dentro es así?". Una señora muy refinada exclamará: "¿Así son los testículos? ¡Qué horror!". Otra preguntará: "¿Dónde están los pólipos? Yo quiero conocer los pólipos que le dieron a Maruja".

La exposición tiene cierto aire igualitario: ¡Miren que por dentro todos somos iguales! Una jovencita pregunta: "¿Por qué no hay cuerpos de mujeres?". Pues porque hombres y mujeres somos iguales, excepto por un par de tetas y las decenas de pipís que has visto hoy. ¡Vaya lección de igualdad!

Los cuerpos pertenecen a chinos que no se parecen a "nosotros". ¿Si fueran cuerpos de campesinos de Mapiripán o de jóvenes de un barrio de Medellín nos daría escozor? La distancia de su origen permite la mirada requerida: "objetiva", educativa.

Al final, después de ver un cuerpo rebanado transversalmente en porciones como chuletas de cerdo, uno empieza a interesarse por los cuerpos de los visitantes y los ve muy diferentes en su móvil humanidad, acuosa, llena de curvas, colores y tamaños. Se pregunta uno cómo será el páncreas de la señora morena que lleva a su hija de la mano, los pulmones de un señor de gafas que va caminando despacio o el corazón de una jovencita de pecho palpitante.

Bodies elimina cualquier vestigio de romanticismo. Propone una visión deshidratada y quirúrgica. El procedimiento técnico consiste en quitar el agua de los cuerpos con acetona y endurecerlos con un polímero. Quedan como unas uvas pasas envejecidas, fáciles de cortar y diseccionar. Se hace evidente entonces que si el alma de un ser humano ha de tener alguna consistencia, esta sería la del agua. lunebodies

bogotá

cuándo y dónde

En Bogotá estará en Corferias desde el 30 de enero hasta el 2 de mayo de 2010.

Entrada: lunes a viernes $20.000, fines de semana $25.000 y estudiantes $15.000?

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.