Michelle está cansada de cargar con el rótulo de ‘la reina rebelde’ que le pusieron después de ser señorita Colombia entre 2008 y 2009. Además de que parece el título de un mal culebrón mexicano, le ha costado años deshacerse de él. Por eso acá no vamos a hablar de eso, sino de la mujer que ve en estas páginas y que hoy ya está muy lejos de esa imagen de chica rebelde con la que muchos se quedaron.

Michelle está cansada de cargar con el rótulo de ‘la reina rebelde’ que le pusieron después de ser señorita Colombia entre 2008 y 2009. Además de que parece el título de un mal culebrón mexicano, le ha costado años deshacerse de él. Por eso acá no vamos a hablar de eso, sino de la mujer que ve en estas páginas y que hoy ya está muy lejos de esa imagen de chica rebelde con la que muchos se quedaron.

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Al comienzo no estaba muy convencida de volver a SoHo, pues su aparición en portada, hace siete años, fue vista por algunos como un acto de provocación innecesario. Solo algunos, muy pocos, entendieron que se trataba de la declaración de intenciones de una mujer completamente independiente.

Al comienzo no estaba muy convencida de volver a SoHo, pues su aparición en portada, hace siete años, fue vista por algunos como un acto de provocación innecesario. Solo algunos, muy pocos, entendieron que se trataba de la declaración de intenciones de una mujer completamente independiente.

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A sus 31 años reaparece con la intención de mostrarse dueña de su cuerpo, sí, pero, sobre todo, de su vida. “Estas fotos hablan más del empoderamiento femenino que de una mujer como objeto sexual”, asegura.

A sus 31 años reaparece con la intención de mostrarse dueña de su cuerpo, sí, pero, sobre todo, de su vida. “Estas fotos hablan más del empoderamiento femenino que de una mujer como objeto sexual”, asegura.

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Y algo sabe de empoderamiento femenino la hija de Patrick y María del Mar, que después de haberse criado en Popayán, en medio del campo, de los juegos en el barro, de las travesuras infantiles, decidió irse a Canadá siendo apenas una adolescente.

Y algo sabe de empoderamiento femenino la hija de Patrick y María del Mar, que después de haberse criado en Popayán, en medio del campo, de los juegos en el barro, de las travesuras infantiles, decidió irse a Canadá siendo apenas una adolescente.

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Tenía 16 años y una crisis existencial (como esas que tiene todo el mundo a esa edad) cuando se fue a vivir sola en un país totalmente extraño. Allí, sin ningún privilegio, pasó cinco años abriéndose camino como pudo. Y como pudo significó trabajar en oficios mucho menos glamurosos que ser señorita Colombia. Fue, entre otras cosas, asistente de contabilidad, ayudante de mesera, mesera, agente inmobiliaria y algo así como ‘ingresadora’ de productos en una empresa de alimentos. Porque, como dice, no le da pena ni le tiene miedo a nada. “Si hay que vender arepas, pues vendo arepas”.

Tenía 16 años y una crisis existencial (como esas que tiene todo el mundo a esa edad) cuando se fue a vivir sola en un país totalmente extraño. Allí, sin ningún privilegio, pasó cinco años abriéndose camino como pudo. Y como pudo significó trabajar en oficios mucho menos glamurosos que ser señorita Colombia. Fue, entre otras cosas, asistente de contabilidad, ayudante de mesera, mesera, agente inmobiliaria y algo así como ‘ingresadora’ de productos en una empresa de alimentos. Porque, como dice, no le da pena ni le tiene miedo a nada. “Si hay que vender arepas, pues vendo arepas”.

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Seis años después, cuando todas las circunstancias conjuraron para que se devolviera a Colombia, regresó para cumplirle a su papá el extraño sueño que él había tenido desde que ella tenía 12 años: participar en un reinado nacional. Justamente a él, que venía de Francia, ese país donde los reinados no salen en las primeras páginas de los diarios, se le ocurrió que su niña podía ser la angelical representante de Popayán. Y ella, que no estaba muy convencida del asunto, volvió no para participar, sino para ganárselo y verle la cara de felicidad a Patrick.

Seis años después, cuando todas las circunstancias conjuraron para que se devolviera a Colombia, regresó para cumplirle a su papá el extraño sueño que él había tenido desde que ella tenía 12 años: participar en un reinado nacional. Justamente a él, que venía de Francia, ese país donde los reinados no salen en las primeras páginas de los diarios, se le ocurrió que su niña podía ser la angelical representante de Popayán. Y ella, que no estaba muy convencida del asunto, volvió no para participar, sino para ganárselo y verle la cara de felicidad a Patrick.

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Pero, ¿quién es hoy esta mujer de 31 años? Después del reinado hemos visto su floreciente carrera actoral. Ha participado en programas como Tu voz estéreo, La teacher de inglés y, más recientemente, la novela de RCN No olvidarás mi nombre. Además, aparecerá en una nueva producción de la que no quiso hablar por temas de confidencialidad, pero que pronto estará al aire.

Pero, ¿quién es hoy esta mujer de 31 años? Después del reinado hemos visto su floreciente carrera actoral. Ha participado en programas como Tu voz estéreo, La teacher de inglés y, más recientemente, la novela de RCN No olvidarás mi nombre. Además, aparecerá en una nueva producción de la que no quiso hablar por temas de confidencialidad, pero que pronto estará al aire.

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Ella sabe que va por buen camino, pero que falta mucho por recorrer y por eso prefiere definirse como “actriz en formación”. Es, además, una consultora inmobiliaria y en este momento le da vueltas a su propio negocio, del que tampoco quiso adelantarnos mucho (la única pista que tenemos es que no será un puesto de arepas).

Ella sabe que va por buen camino, pero que falta mucho por recorrer y por eso prefiere definirse como “actriz en formación”. Es, además, una consultora inmobiliaria y en este momento le da vueltas a su propio negocio, del que tampoco quiso adelantarnos mucho (la única pista que tenemos es que no será un puesto de arepas).

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Hoy es una mujer mucho más tranquila que –según dice antes de estallar en una risotada– ha aprendido a comportarse. Y complementa, a manera de logro, que ya se arregla (como si hiciera falta) y piensa más las cosas antes de hablar.

Hoy es una mujer mucho más tranquila que –según dice antes de estallar en una risotada– ha aprendido a comportarse. Y complementa, a manera de logro, que ya se arregla (como si hiciera falta) y piensa más las cosas antes de hablar.

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No se arrepiente de nada, pero reconoce que en ciertos momentos hubiera podido ser más diplomática. Sus tres décadas pueden no parecer mucho, pero ha vivido tres vidas en una antes de llegar a ser la mujer fuerte y decidida que provoca las caras de idiotas que ponen todos al verla en estas páginas.

No se arrepiente de nada, pero reconoce que en ciertos momentos hubiera podido ser más diplomática. Sus tres décadas pueden no parecer mucho, pero ha vivido tres vidas en una antes de llegar a ser la mujer fuerte y decidida que provoca las caras de idiotas que ponen todos al verla en estas páginas.

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