La verdad, yo no soy de ir al estadio. Veo los partidos que pita Óscar Julián cuando los pasan por televisión. Aunque uno tiene que acostumbrarse a que le estén echando la madre, sufro es para que no lo vayan a golpear, y cuando estoy en el estadio sufro el doble. Por eso me quedo en la casa y lo acompaño siempre en mis oraciones.

Una vez, cuando él estaba empezando, fui al estadio a verlo pitar. A mi lado había unas personas iracundas, diciendo cualquier cantidad de barbaridades de Óscar Julián; y lo peor era que se volteaban a hablarme y me decían que si me parecía bien como este hijuetantas estaba pitando, y esto y lo otro. Yo me quedé callada y me puse a rezar para que se les pasara la rabia. Obviamente, no les iba a decir que Óscar era mi hijo. Hace poquito, en un partido, un jugador se le fue encima y yo me azaré mucho porque pensé que le iba a pegar. Afortunadamente no pasó nada, pero a mí siempre me dan nervios.

scar siempre me dice que esté tranquila, que no me preocupe.

La gente que me conoce, amigos y vecinos, a veces sí me dicen "oiga, es que ese Óscar Julián sí la embarró en el partido pasado...", o "dígale que ese penal no existió"; pero sin grosería ni nada. Son amigos.

Aparte, no soy madre de uno sino de dos árbitros porque el hermano menor de él, Plinio, lleva ya diez años pitando y es juez de línea. Entonces los gozosos y los dolorosos vienen por partida doble.

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