En el caso particular de una ballena orca o piloto, como las que he entrenado, estamos hablando de unos 90 kilogramos de pescado fresco por día y de muchos meses de observación. Durante este proceso debe uno permanecer muy cerca del animal sin importar las condiciones climáticas (en ocasiones incluso dentro del agua helada) para poder estudiar su comportamiento y así comenzar a comprender las variaciones de su estado de ánimo. Como ocurre con las personas, hay días en los que una ballena puede amanecer de mal humor y sería simplemente imposible tratar de enseñarle alguna orden. Además, la ballena orca es conocida por ser una sabia e infalible cazadora de carácter muy complicado, por lo que sería suicida tomar la decisión de nadar junto a una de ellas sin antes conocerla a la perfección.

Lo primero que se le enseña a un mamífero marino como este, es a acercarse para recibir su alimento. Durante el proceso es muy importante demostrarle respeto al animal porque eso es lo que genera confianza en la relación.

Después de alcanzar esta meta, el proceso de entrenamiento se divide en tres facetas: la primera se concentra en las habilidades espaciales (se le enseña a la ballena a nadar en círculos, a cruzar las puertas que unen un acuario con otro y a salir completamente del agua para alimentarse), en la segunda se trabajan las habilidades de juego características del animal (saludar con sus aletas, saltar fuera del agua haciendo acrobacias y salpicar, actividades que además de entretener a los visitantes del acuario, sirven para mantener activo y saludable al animal) y, finalmente, está la faceta de cooperación, donde se entrena a la ballena para que permita que le lavemos sus dientes y le saquemos muestras de sangre.

El entrenamiento de una ballena puede tardar hasta un año y requiere de mucha paciencia y miles de dólares. Sin embargo, es gratificante saber que todos esos esfuerzos sirven para conocer mejor a esta espectacular especie y así asegurar cada día su supervivencia. Ojalá en un futuro muy próximo no existan más ballenas en cautiverio. Nosotros ya logramos reinsertar a Keiko (la misma de la película Free Willy) a la vida silvestre y seguiremos trabajando para que pronto todas vivan en libertad.

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