Con ligeras variaciones, una plazoleta de comidas de centro comercial es la misma en Bogotá que en Manizales, que en Medellín o que en Barranquilla. Se trata de una alternativa triste y monótona para una familia o un grupo de amigos: la supuesta variedad funciona apenas de maquillaje, porque uno siempre encuentra las mismas opciones en casi cualquier ciudad del país, en todos los centros comerciales. Súmenle el ruido, la luz, las hordas de gente. Pero el de la Plaza de Andrés es un concepto verdaderamente nuevo en Colombia: un restaurador de prestigio y éxito toma toda un área de comidas de un centro comercial y lo dedica a vender productos originales y de calidad, por fuera de la oferta en estos espacios.

La decoración no es tan agobiante como la de sus hermanos, Andrés Carne de Res y Andrés D.C., aunque conserva las características: madera, aparadores rústicos, colorinches y colgandejos. El piso de la Plaza de Andrés es una hermosura, un mosaico como el de tantas casas campesinas que he visitado en este hermoso país. Por ser semicerrado y quedar en un centro comercial que no es muy frecuentado, es cómodo comer allí. Lástima los actores gritando e intentando ser graciosos. En los otros sitios del señor Jaramillo, que además de comer son para festejar, estarán bien. Pero a la Plaza de Andrés se va a comer, y a mí me sobran los recreacionistas.

Pero vamos a la comida. Ofrecen carnes a la parrilla, patacones y botanas, ensaladas, pescados y ceviches, frutas, helados: mucho de lo que ofrecen los sitios de Andrés, eso sí, a precios más amigables. Empezamos con una ensalada de La Plaza, que trae radicchio, manzana, lechugas y marañones con un aderezo de queso azul: buena y con ingredientes muy frescos. Seguimos con una sábana de lomo y papas en cascos. A término preciso, adecuada maduración y los cascos de papa, perfectos. En Andrés les ponen mucha atención a las carnes, por lo que deberían hacer lo mismo con los pescados: pedimos un pargo mediterráneo y estaba pastoso, como si hubiera pasado el último mes en el congelador. No estaba flojo, estaba pésimo. Sí cuidaron un poco más la tilapia con la que prepararon el ceviche clásico. Pero es que una tilapia congelada sí hubiera sido el colmo en este país, donde hay tantos criaderos. Muy chicos los trozos, eso sí, y la leche de tigre algo insípida. Señor Jaramillo, preste más atención a su área de pescadería.

El arroz con coco y las papas en cascos fueron lo mejor de la tarde, además de la carne. El helado de paila, rico, aunque falta trabajarles a las proporciones. Otra vez que fui a la Plaza con amigos piqué chorizos, morcillas y patacones, y puedo decir que son una absoluta delicia.

En la Plaza de Andrés se conserva el buen trato a los alimentos que tienen los otros lugares del propietario, con precios más cercanos a un almuerzo con compañeros de trabajo o con la familia. Ajustando las tuercas del área de pescadería —y dejando a sus actores en sus lugares de rumba— la Plaza de Andrés sería una alternativa perfecta para ir a almorzar varias veces a la semana.

Para recordar: las carnes y los acompañamientos.
Para olvidar: los recreacionistas
Dirección: Tercer piso centro comercial El Retiro
Precio promedio por persona: $35.000
santiagolosso@gmail.com

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