¿Qué tal este plan? Es viernes de puente. Son las nueve de la noche. Usted se parquea frente al edificio de su novia y sube a su apartamento a recogerla. Cuando baja, el carro no está. Se lo llevó la grúa. Su novia se pone histérica mientras usted sube a llamar al 127 para averiguar a dónde se lo llevaron. En esas aparezco yo. Me le presento como periodista de SoHo; y le pido que me deje acompañarlo a todas las vueltas que tenga que hacer para recuperar su carro, porque estoy haciendo un artículo al respecto. Usted acepta.
Y entonces comienza el infierno: en el 127 le dicen que el carro se lo llevaron al Patio 19, en la avenida 80 con Carrefour, y que la multa le vale $179.000. El taxi le cobra $8.000 más por llevarlo hasta allá. En la entrada están todos los borrachos de la noche que andan en las mismas que usted. En este momento hay en Bogotá cerca de 4.898 carros en los patios. Y a este le entran alrededor de 110 cada fin de semana. Algunos duran hasta tres años adentro y luego son rematados.
Solo dejan entrar a la gente una por una, así que tiene que hacer cola. Ya son las doce; el viento sopla cada vez más fuerte y su novia se está congelando. Tiene que darle su saco. Usted está preocupado por ella porque la va a tener que dejar sola mientras entra a ver el carro, y afuera la gente se ve peligrosa.
En la entrada también abundan los tramitadores, ladrones que, carpeta en mano y por $200.000, embaucan a la gente ofreciéndose a sacar su carro en solo media hora. Pero sigamos que usted no es bruto.
Ya van a ser las dos de la mañana cuando lo dejan entrar. Está temblando del frío, pero allí está el carro. No le ha pasado nada. El viaje de la grúa le cuesta $50.000, y cada día en el patio son $13.000. Como es puente, no lo podrá sacar hasta el martes. En total son más de $100.000, además de la multa. Le entregan el comparendo, un inventario externo y otro interno de su carro, y le dicen qué hacer para reclamarlo. Luego de media hora lo dejan ir. Afuera su novia sigue
viva, pero está furiosa. Yo la estoy acompañando. El taxi le cobra otros $8.000 de vuelta.
La falta de carro se le tiró el puente. La rumba, el paseo y el almuerzo en La Calera se convierten en tres tediosos días de encierro en su casa. Para hacer cualquier cosa, tiene que pagar transporte. Todo eso sumado a que el martes tendrá que ver cómo se vuela del trabajo para pagar, a pie, la multa que, con la grúa y el patio, ya va en $281.000. Pero tranquilo: si se lo hubieran llevado por borrachera o Seguro Obligatorio, la sola multa le habría costado $358.000 y muchas otras complicaciones.
La multa la puede pagar en un cajero. Pero la orden de salida la dan en la Inspección de Tránsito de la 10ª con 63. Allí nos encontramos con los mismos borrachos del viernes. Solo que ahora están sobrios, y se están dejando convencer por los tramitadores. Hacemos la cola durante dos horas y salimos a la una de la tarde. Hay algunos que ya son expertos en el tema, pero usted no deja de pensar en que ha perdido toda la mañana en estas. No almorzamos. El taxi que nos lleva hasta el Patio 19 le cobra $12.000, y allá la cola está peor. Se nos van otras dos horas. Pero el infierno termina. Por lo menos el carro sigue igual. Los inventarios que le hicieron ayudaron a que no se lo desvalijaran. Tiene que pagar los ciento y pico mil pesos en efectivo, pero por fin le entregan el carro. Eso sí, ya son más de las cuatro de la tarde: ya no fue al trabajo. A mí me deja en TransMilenio. Pero ahora tiene que salir corriendo para su apartamento, donde su novia lo estará esperando, seguramente con la misma piedra del viernes pasado. Porque, con multas, grúas y taxis, ya se ha gastado más de $300.000 en cinco días de vueltas. No solo se tiró el puente de la semana pasada, sino que ya tampoco le queda plata para salir el próximo viernes. Rico, ¿no?

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