Ese 30 de abril de 2009 pasaron muchas horas sin saber de él. Tanta independencia no era normal, en nuestros siete años de noviazgo siempre habíamos estado muy pendientes el uno del otro, así que cuando ya estaba cayendo la noche decidí llamarlo insistentemente hasta que me contestó. Lo noté muy extraño, su voz no mostraba ni un asomo de emoción, estaba inerte, como muerta. “Tenemos que hablar —me dijo—. Es algo muy importante”.

Pensé saber de qué se trataba. Seguro me iba a contar que estaba decidido a renunciar a su trabajo ¿De qué vamos a vivir? (yo había dejado Citytv cuatro meses atrás). ¿Podríamos pagar nuestro nuevo apartamento? 

Finalmente, llena de ansiedad, lo esperé hasta las dos de la mañana de ese oscuro primero de mayo cuando llegó a mi viejo apartamento. Tenía los ojos hinchados de llorar. Caminó de un lado para otro reteniendo esa verdad que pocos minutos después saldría para astillarme el corazón. Pregunté que qué tenía, le hablé con voz protectora, tenía listo mi discurso de “te apoyo en lo que necesites, somos compañeros en las buenas y en las malas”… entonces lo dijo: “Yo no me quiero casar. Lo nuestro es una mentira”.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? El mundo se derrumbó. De pronto todo se hizo borroso y la frase repitiéndose en mi cabeza enmudeció el resto. Empezaba un maremoto de sentimientos, negación, rabia, entendimiento, tristeza, aceptación. En mis recuerdos, todo se convirtió en un revoltijo de palabras:

“Es miedo, es una crisis prematrimonial, hoy en la tarde es el shower, ¡te sientes asustado porque ya lo ves cerca! No, no es eso, no me puedo casar, tengo ataques de pánico, no duermo por las noches, llevo semanas llorando porque no quiero hacerlo y no sabía cómo decírtelo. Pero… ¿Ya no me amas? Sí, te amo. Entonces, ¿hay alguien más? ¡Claro que no! ¡Cómo se te ocurre! Pero no me quiero casar, no me he querido casar nunca, nuncaaaa. No me hagas esto, lágrimas, no me hagas esto, angustia, ¡no me hagas esto! Me falta el aire. Todo está listo, mi amor, ¡faltan 20 días! Es solo miedo, todo va a estar bien. No, Isabel, no. Pero mi mamá ha trabajado mucho, mi papá ha invertido dinero, nuestros amigos ya compraron pasajes, tu familia nos ha apoyado tanto, están felices… no me hagas esto, nos amamos, llevamos siete años, ¡nunca hemos terminado! No puedo, Isabel, no podemos pensar que con un matrimonio le daremos un nuevo aire a esta relación que está desgastada hace mucho. Por favor, te lo ruego, de rodillas, mírame, desespero, soy yo, llorando, no me hagas esto. Si quieres nos casamos para que tengas tu fiesta, pero al otro día me voy…”. 

Hubo súplicas, gritos, reclamos, seguro dije cosas feas de las que hoy no me acuerdo. Cogí el carro y llegué donde quien era mi suegra. Me abrió la puerta y me tiré al suelo. Sentí que no podía, que las piernas no me daban, que el cuerpo no respondía, que quería desaparecer, que la única salida posible a ese dolor era no existir. 

Después de llorar, respirar, meditar, preguntar y recriminarme todo lo posible, fui a nuestro nuevo apartamento donde él estaba. Me acosté a su lado y lo abracé atesorando ese último momento. Ninguno habló por un buen rato. Unas horas después le pregunté: “¿Cambiaste de opinión?”. “No” —me respondió mirándome con sinceridad. En ese momento lo reconocí: me di cuenta de que él también estaba sufriendo, que su decisión no era fácil y que ese era el final de una historia de amor llena de cosas bonitas entre dos personas que se habían hecho muy felices tantas veces, y tristes otras cuantas. Supe, por un breve instante, que él no me pertenecía, que tenía que dejarlo ir, que simplemente se le había acabado el amor y que no podía juzgarlo por eso. Aprendí que no hay compromiso ni anillo que amarre a quien no ama. Entendí que, aunque me estaba matando, era un valiente pues se requiere de coraje para romperle el corazón a alguien así. 

Dos años después, confieso que ha sido un proceso difícil, pero también sé que hoy soy mejor persona. He crecido, he madurado, me he caído y me he parado varias veces. Como dicen por ahí, por algo será, pero lo mejor, y hoy lo digo con certeza, es que todo, por doloroso que sea, pasa.

Lea más historias de Isabel Salazar en el blog "Se busca novio" http://comunidad.soho.com.co/t5/SE-BUSCA-NOVIO/bg-p/sebuscanovio

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.