¿Le ha preguntado a su madre, hermana, hija, tía, sobrina, amiga, compañera de trabajo, en definitiva, a cualquier mujer que le rodee y estime, si alguna vez ha sufrido acoso sexual a lo largo de su vida? En el ámbito laboral, en la calle o en su vida personal, lo de menos al final es el contexto.

Haga la prueba: busque a las mujeres de su vida y pregúnteles. Tómese el tiempo para escuchar la historia de cómo su jefe les agarró el culo mientras salía de la oficina; o cómo las manoseó sin que pudieran defenderse por temor a perder su trabajo; o cómo un novio las forzó a tener relaciones sexuales; o cómo un cliente en una cena de trabajo les puso la mano encima y les ofreció pasar la noche juntos cuando el  jefe se levantó para ir al baño, o como otro rozó, “sin querer”, su escote, aunque para ello debió subir su mano medio metro desde el punto inicial donde la tenía. “Que pena”, le respondió este cliente después de hacerlo.

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Siéntese con ellas un rato y escuche cuántas veces se han sentido inseguras caminando solas por la calle por miedo a que un tipo, como usted o como yo, invada su espacio personal y en cuestión de segundos les diga al oído con lascivia “uy, mamacita, que rica está”, o que otro les grite desde el carro “le haría de todo, mami”. A los que defienden el piropo “bonito”: ¿realmente es tan necesario para reafirmarnos como hombres decirle a una mujer en la calle lo espectacular que se ve? ¿o comérsela con los ojos mientras va tranquila paseando? ¿salivar a su lado? Señores, ¿a qué jugamos?

Le sorprendería saber cuántas de las mujeres que le rodean han sufrido acoso sexual y cómo a diario deben luchar contra esta intimidación constante que ciertos hombres ponen en práctica con el beneplácito de otros tantos, como usted o como yo, que no hacemos absolutamente nada para protegerlas o denunciar estas situaciones. Es hora de que todos reflexionemos al respecto, porque no hay derecho que el 50 % de la población se sienta insegura, intimidada, amenazada, coaccionada y asustada por el otro 50.

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En SoHo creemos firmemente que hay más hombres buenos que energúmenos, más hombres cansados de que sus homólogos irrespeten e intimiden a sus compañeras, más hombres conscientes de que hay otra forma de actuar frente a las mujeres. El sexo consentido y el cuerpo expuesto como forma de empoderamiento y belleza no tiene nada que ver con el abuso, la insinuación o que nosotros, usted y yo, podamos pasar por encima de los derechos de las mujeres. Por .eso, nos unimos a la campaña #YoTambién #MeToo para denunciar el acoso contra ellas en todas sus formas y expresiones e invitamos a nuestros lectores a que pensemos en nosotros, también, como hombres que nos hemos hecho los locos ante esta realidad.

Esta defensa a favor de los derechos de las mujeres no se puede manejar desde el argumento de “es que yo soy papá de una hija” o “es que yo también tengo hermanas o madre”. ¡No! Es una cuestión que excede los lazos sanguíneos y que descansa en una verdad irrefutable: todos somos seres humanos y solo por eso todos merecemos respeto.

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