¿Odio a DiCaprio? No, por cierto que no, pero me sucede algo casi peor: no me gatilla nada. Porque los grandes actores o, mejor dicho, las estrellas (porque por algo les dicen estrellas) deben radiar luz, misterio, algo. DiCaprio es uno de los pocos actores que por edad descubrí. Digamos que creció y se potenció frente a mí. Recuerdo perfectamente cuando empezó a radiar y la verdad es que al comienzo sí que radiaba. De inmediato supe que llegaría lejos pero jamás pensé que llegaría tan lejos. O que se iba a transformar en una superestrella sin ser ni súper ni estrella. Para ser justos, hay muchas cosas admirables en DiCaprio, partiendo por su deseo de no querer ser, digamos, un ídolo pop a lo Tom Cruise y, por otro, sabe que su peor arma es su look de niño bonito (es curioso cómo ha envejecido tan mal porque más que parecer un hombre de treinta y tantos ahora parece más bien un modelo prematuramente envejecido).

Anoche cené con un amigo cinéfilo, mucho mayor, que le ha tocado ver envejecer y morir a estrellas del nivel de Steve McQueen, Robert Redford y Paul Newman. Mi veterano amigo cinéfilo cree que los actores son importantes y hay ciertos actores que son casi cineastas aunque no dirigen porque eligen tan bien sus películas que terminan armando su propio tipo de filmes. Él considera que DiCaprio es un grande y que a un actor no solo hay que definirlo por su look, su onda, su simpatía, sino por sus resultados. Leonardo sería el primero de su clase y, si es por competencia, ha destrozado a toda la competencia. Él sostiene que DiCaprio es brillante como estratega, un genio a la hora de elegir sus películas, un actor consumado al interpretar roles complicadísimos y alguien que, teniendo todas las posibilidades de ser un Matthew McConaughey y mezclar estúpidas comedias románticas con cintas de acción en las que sale sin camisa, ha optado por ser una estrella pero una estrella a la antigua, una estrella que da confianza, que hace cintas de cineastas de primera, y que aún así sigue siendo un jugador de ligas mayores. Cintas que suenan, que triunfan en la taquilla, que son comentadas y nominadas. Mi amigo cinéfilo desprecia gente tipo Bill Murray o Vincent Gallo, que desean ser "estrellas indies" puesto que sostiene que las estrellas son estrellas porque todos las ven, estén donde estén en el mundo, y que si bien son escasas, ha habido estrellas respetables, de primera, como el mismo Newman o James Dean o Humphrey Bogart o Gregory Peck.

Pero DiCaprio no es ni Bogart ni Peck ni menos James Dean.

Le comento que admiro más a gente como Mark Ruffalo y me responde ¿quién es? "Es refácil ser un actor secundario cool que nunca ha sostenido un filme", ataca. Luego le nombro a John Cusack. "Una estrella no es un hijo de vecino con el cual uno puede identificarse sino proyectarse. Una estrella debe ser guapo, bello, casi un Dios y aún así generar simpatía y sobre todo empatía". Me dan ganas de nombrar a John Hamm, el protagonista de Mad Men, el hombre que más quisiera ser, el tipo más cool de los cool, pero no me atrevo porque ya entramos en esta discusión que se está volviendo un poco densa, antipática y sé que mi amigo crítico mayor no solo desprecia las series sino que se burla de la gente que ve series como The Wire y Los Sopranos y luego sostienen que son arte.

Así que callo.

Fuck DiCaprio, pienso.

¿Por qué lo odio? Entre otras cosas por esta conversación desagradable donde debo escuchar las alabanzas de un cuarteto de cintas que no me dicen nada, que han pasado por mi lado, que solo me han traído decepción. Hablo de la dupla DiCaprio-Scorsese que nada tiene que ver la dupla DeNiro-Scorsese. La mejor de estas cuatro cintas es quizás Los infiltrados y ahí DiCaprio logra ser uno más de un elenco donde triunfaron los mayores o los que no tenían tantas credenciales (como Mark Wahlberg y el gran Matt Damon). Pandillas de Nueva York me pareció una obra de estudiantes de teatro disfrazados. No estaba mal Kate Winslet en Revolutionary Road pero nunca creí que estaba casada con su hijo. DiCaprio —quizás por ese belleza andrógina que se niega a desaparecer— no parece un marido, a lo más un sobrino por lo que verlo casado y padre de familia me parece algo casi antinatura.

Mi poca conexión con DiCaprio no tiene que ver porque odio Titanic, ojo. Al revés. Me gusta a pesar de todo y él no está mal. Es después que empezó a fastidiarme, cuando empezó a negarse a ser una estrella, a negarse a usar su físico, a querer ser solo cerebro cuando, para mi gusto, no tiene tanto. Me recuerda esos tipos que se sacaban buenas notas pero no eran amigos de nadie y no provocaban ni odio ni admiración. Esto es raro porque cuando apareció DiCaprio fue un torbellino. Todo lo que hacía era impactante. Apareció justo cuando murió River Phoenix, un actor que también podía ser una estrella y captar algo casi cósmico y generacional.

DiCaprio irrumpió como un ángel caído, un chico flaco pero tenso que se sentía más en casa en la sombra que en la luz. Mi generación agradeció y transformó en cintas de culto y de aprendizaje ¿A quién ama Gilbert Grape? (lazo de hermanos) y La vida de este chico (lazo hijo-padrastro) y Los diarios de basquetbol (drogas, pandillas). Se arriesgó como nadie: poetas gay adictos al absinthe (Rimbaud en Eclipse total) e hizo que Romeo fuera algo más que un tarado romántico que se mata por amor. Sin duda Titanic, una extraña cinta de acción romántica, lo aterró. No quería ser un ídolo de matiné. No quería que lo persiguieran las chicas sino que lo admiraran los críticos y los cinéfilos. Hizo La playa, una cinta no tan mala como creen pero que lo aterró aún más. DiCaprio se prometió (creo) alejarse del agua. Y ahí apareció Scorsese y la posibilidad de ser un actor serio. La única vez donde estuvo bien, donde demostró que lo suyo es acaso lo light y que su modelo debería ser Cary Grant, fue en la entretenida Atrápalo si quieres. En el resto de su obra ha sido más un actor que intenta ser un actor que una estrella a la que todo le sale natural. Y todas esas cintas han sido, Scorsese o no, cintas de calidad o simplemente locuras poco inspiradas de un director que antes no fallaba incluso cuando fallaba. Uno podría sostener, como mi amigo, que el cuartero con Scorsese es puro riesgo. Me cuesta creerlo. El que se arriesga y falla es Martin. El que se está blindando de DiCaprio.

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