Año 2004, estaba en un dispensador de café de la Universidad de La Sabana, universidad que, no sobra decir, hace parte del Opus Dei, orden religiosa a la cual yo no pertenezco. Allí dictaba clases desde el 2000. Un día, en medio de una charla normal se me acercó una coordinadora académica para decirme que algunas personas en la universidad no estaban contentas con que yo escribiera en SoHo, por ser una publicación inmoral. Me agregó que el asunto era incómodo, por lo que nadie era capaz de tocarlo y me dijo que por qué mejor no escribía en una revista como Gatopardo; que si me salía de SoHo se me iban a abrir muchas puertas.

A finales de ese mismo año la universidad decidió prescindir de mis servicios argumentando un recorte de personal, y yo recordé aquella charla del café, por lo que le envié un correo a la mencionada coordinadora académica recordándole el episodio. Ella reconoció, en un correo electrónico que todavía conservo, la veracidad de la conversación, pero me reiteró que mi salida se debía a un reajuste en la nómina de la institución y no a mis continuas colaboraciones con la revista.

Quiero dejar en claro que el problema está superado, que mi salida se produjo en muy buenos términos y que con muchísimos estudiantes de esa universidad, a los que recuerdo con cariño, mantengo una comunicación cálida y fluida. El incidente me hace recordar el chiste del gamín que, en un semáforo, se acercó súbitamente a un lujoso Mercedes-Benz y empezó a rasparlo con una moneda de cien pesos. Cuando el dueño del vehículo se bajó del carro, entre alarmado y furioso, para reclamar, el gamín le respondió:

—Ah, grandísimo hijuemíchica. ¿Acaso uno no puede hacer con su plata lo que le dé la gana o qué?

Está claro que ejercen el derecho a usar la moneda como mejor les parezca. Eso sí: a veces me pregunto qué habría pasado si yo, en vez de ser profesor y escribir crónicas, hubiese sido una alumna escultural que apareciera como modelo en la portada de la revista. ¿SoHo les habría parecido inmoral, de todos modos? ¿Me habrían botado, teniendo en cuenta que como alumna yo no devengaría un sueldo sino que pagaría una costosa matrícula? Me temo que en esas condiciones nadie se habría acercado a raspar el Mercedes-Benz en el semáforo. Casos se han visto, como dice mi abuela.
 
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