La calavera Untitled de Jean Michel Basquiat, un cuadro de 1982 que permanecía en una colección privada y ciertamente anónima, convirtió al artista, fallecido en 1988, en el pintor norteamericano más cotizado del mundo. La obra fue comprada hace unos días por el japonés Yusaku Maezawa, por 110,5 millones de dólares, en una puja que no superó los diez minutos en la casa Sotheby’s. (La exposición de arte hecha solo con comida)

Fundador de la compañía de comercio electrónico Start Today, el comprador no tardó en celebrar con bombos y platillos su nueva adquisición: “Espero que a los demás les guste tanto como a mí y que esta obra de arte de Basquiat, pintada cuando tenía 21 años, inspire a futuras generaciones”, dijo.

El lienzo de gran formato -1,83 metros de alto por 1,73 de ancho-, en pintura acrílica, lápiz graso y aerosol, muestra un croquis con forma de calavera y es, sin duda, un hito en el trabajo de Basquiat, pues hace parte de las pinturas subastadas más caras del planeta. En 1984, cuando el autor aún vivía, había sido subastada por 19.000 dólares -unos 55 millones de pesos, con el cambio actual-, pero hoy, tras la última subasta, se ubica sexta en un ranking
que tiene a Les Femmes d’Alger ( Mujeres de Argel), de Pablo Picasso, en el primer puesto, que fue vendida por 179,4 millones de dólares (520.000 millones de pesos de hoy).

Por eso, el curador, crítico y experto en arte moderno Jeffrey Deitch se atrevió a sentenciar: “Basquiat no solo es el artista norteamericano más caro, sino también el afroamericano más cotizado. Está al mismo nivel que Francis Bacon y Pablo Picasso”.

¿Pero quién fue realmente Jean-Michel Basquiat? Nacido en Brooklyn, Nueva York, el 22 de diciembre de 1960, fue artista, poeta, músico, dibujante y pintor. De padre haitiano y madre puertorriqueña, creció en una familia disfuncional que lo obligó a cambiar constantemente de domicilio durante su
infancia y a pasar por todo tipo de educación: de un colegio privado a una escuela pública y de ahí a un instituto para niños superdotados, aunque de este último fue expulsado por rebelde.

A mediados de los setenta, el precoz Basquiat se hundió en el mundo de las pandillas y las drogas. Y a finales de la década, abandonó su casa y vivió en la mendicidad durante al menos dos años, entre algunos edificios abandonados y las posadas que le brindaban sus compañeros De Manhattan. En ese entonces, sobrevivía con la venta de postales y camisetas que él mismo intervenía. (Una curadora critica las obras de arte de los hoteles)

Por la misma época se interesó en el grafiti. Empezó de a poco a dejar plasmado su arte en los vagones del metro, así como en las paredes del barrio SoHo, donde abundan las galerías de arte. Sus mensajes eran más bien de desesperanza, con una carga emocional tanto poética como filosófica. Se dice incluso que hacía alarde de un álter ego al que le asignó el nombre de SAMO (en inglés, “SAMe Old shit”; en español, “la misma mierda de siempre”), presente en sus grafitis y murales.

Pero fue solo hasta 1980, cuando todavía era un vagabundo, que dio sus primeros pasos en la pintura. Basquiat estaba dotado de una fascinación por el expresionismo abstracto que marcaría su obra de ahí en adelante. Lo influenciaban, por ejemplo, los trazos gestuales de Franz Kline, las caligrafías de Cy Twombly, el trabajo de Jackson Pollock y la pintura con figuras de De Kooning. Y siempre estuvieron presentes, por supuesto, sus raíces haitianas
y latinas, que aparecían de una manera u otra en cada una de sus creaciones.

Algunos expertos coinciden en que fue Jean-Michel Basquiat quien despojó al grafiti de esa mirada marginal y lo puso a otro nivel. Pese a las críticas de muchos intelectuales, logró que importantes galerías de SoHo, como White Columns y Fashion Moda, abrieran eventualmente sus puertas a grafiteros como él.

Sus obras aterrizaron en el Instituto de Arte de Nueva York en 1981. La exposición New York/New Wave (Nueva York/Nueva Ola), realizada en compañía del fotógrafo Robert Mapplethorpe, contrastaba la delicadeza de la fotografía con los trazos ásperos y el colorido contundente de Basquiat. Visiblemente afectado por los efectos de la cocaína, fue en ese evento donde coincidió con Andy Warhol, con quien mantendría una fuerte amistad. (El arte de trabarse)

Ese mismo año, apareció el primer artículo sobre Basquiat en la revista de arte más importante de la época, Artforum; se llamaba “The Radiant Child” (“El niño radiante”) y lo firmaba el reconocido poeta, ensayista y crítico de arte Rene Ricard. Fue entonces cuando, en medio del frenesí de su carrera
y del reconocimiento público, se involucró con su otra afición personal: la música; empezó a producir rap e incluso trabajó como DJ en varias discotecas de Manhattan. Sus músicos favoritos, Miles Davis, Charlie Parker, Dizzy Gillespie y Billie Holiday, aparecen en cuadros que pintó en ese momento.

Y en ese momento, también, le llegaron la fama y el éxito. Sus exposiciones, tanto colectivas como individuales, se empezaron a multiplicar. Las galerías y museos más renombrados despejaron sus paredes para que el artista posara su obra, y su ritmo de vida empezó a ser cada vez más abrumador. Paralelamente, las drogas lo consumían. “A menudo lo encontrábamos casi en coma y muy paranoico, con ideas de persecución”, declaró Andy Warhol en 1984, el mismo año en que él y el galerista suizo Bruno Bischofberger dieron a conocer la obra de Basquiat en Europa.

Para esa época ya era el rey de las portadas de las principales revistas de moda y estilo del mundo, como Time, Newsweek, Vanity Fair y Vogue. El 10 de febrero de 1985, fue portada de la revista dominical de The New York Times y se convirtió en el primer artista plástico negro que apareció en esa primera plana; el titular rezaba: “New Art, New Money” (Nuevo arte, nuevo dinero). Basquiat había pasado de mendigo a dandy, y llevaba una vida de fiestas y lujos al lado de artistas de la talla de Madonna o Cher.

En los primeros meses de 1988, instaló exposiciones en París y Nueva York, pero ese mismo año se exilió en Hawái para tratar de abandonar sus adicciones. Volvió a Nueva York en junio y anunció que estaba rehabilitado, pero el 12 de agosto de 1988, a los 27 años, apareció muerto por sobredosis de heroína. (Así se hace una obra de arte)

En su breve pero intensa carrera artística, Basquiat realizó más de 40 exposiciones personales, participó en alrededor de 100 exhibiciones colectivas y se convirtió en el artista visual de raza negra más exitoso de la historia. Y la venta de su pintura de la calavera por más de 110 millones de dólares lo comprueba.

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