Mi grupo se llamaba Boys Street. Era la época en la que el breakdance invadía la cultura ochentera de muchos adolescentes que como yo se dejaban llevar por una grabadora, una buena provisión de pilas grandes y un cartón en el piso para poder deslizar el cuerpo con las diferentes contorsiones de este baile americano.

Junto a mi hermano y mi mejor amigo, nuestro grupo era el espectáculo para ver en los recreos de nuestro colegio, el Inem de Kennedy. Turbo, un gringo moreno que dicen se desnucó haciendo una pirueta con la cabeza, era el gran ídolo de la comunidad breaker que se deleitó con películas como Breakin‘ y Electric Boogaloo.

A los 13 años ser un buen bailarín de breakdance era un motivo de estatus dentro del parche del barrio o el colegio. Nos faltaba algo más y por eso decidimos darle un impulso más grande a Boys Street participando en el programa juvenil de moda de la época: Baila de rumba, con el animador Alfonso Lizarazo y que se emitía los viernes como a las seis de la tarde.

Ahí se bailaba de todo, desde salsa y merengue hasta disco y break y se podía participar como solista, en pareja o en grupos. Nosotros nos presentamos para una audición en la discoteca Kronos, que quedaba entre la 13 y la Caracas con 34. Ese sábado en la mañana llegamos y había una fila inmensa. Cabe anotar que nuestra pinta era de puros bailarines de break, es decir: chaqueta de capucha o rompe vientos Nike o Adidas, pantalón Fila ancho con rayitas a los lados, y unos tenis Puma con cordones amplios y de colores.

En la primera audición nos fue muy bien y logramos clasificar por encima de 15 grupos; llegamos a la fase final, es decir, a la verdadera grabación del programa.

El ambiente alrededor de Baila de rumba era muy disco, empezando por la pinta de Alfonso Lizarazo, que se ponía una gorra de cuero negro al estilo del detective Baretta, una camisa blanca y encima un chaleco de cuero negro. El piso trataba de imitar la película de Jhon Travolta, Fiebre de sábado en la noche y tenía cuadrados que cambiaban de color. Lizarazo estaba al frente y al fondo estábamos todos los bailarines echando paso al son de la música que sonara.

Mi grupo llegó a la final ante los reconocidos Boom Breakers, pero perdimos al tratar de hacer una coreografía que no salió bien, eso nos costó el título y como subcampeones nos ganamos la banda sonora de Breakin‘ y entradas para ver la película Electric Boogaloo.

Hoy tengo 37 años y a veces en la sala de mi casa trato de hacer uno que otro paso de break, pero ya no es lo mismo. Al final, creo que el mejor recuerdo de haber salido en Baila de rumba era el brinco de todo el mundo al lado de Lizarazo cuando el programa se terminaba, era un gran pantallazo.

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