Conocí a Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, en la cárcel la Modelo de Bogotá al mismo tiempo que asistía espiritualmente a dos estadounidenses que habían sido arrestados por tráfico de estupefacientes. Soy católica y para ese tiempo quería que los presos se acercaran a Dios y se liberaran de sus culpas a través de la escritura.

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Popeye me llamó mucho la atención cuando lo vi físicamente. No creía que un hombre tan pequeño, delgado, con voz delgada y sin fuerza, con manos de pianista fuera capaz de abrigar tanta maldad en su mente y espíritu. Las uñas de sus manos, aparentemente impecables, guardaban tanta sangre…

Foto: Facebook- Maritza Wills Escritora

Entonces empecé a estudiar sobre mentes criminales. La mentalidad del sicario es muy diferente a la nuestra. Es como si una pared hablara. Una pared helada que no siente. Empiezo a analizar a Jhon desde la distancia y veo que su mente es brutal. Hasta que llegó el día en que me sentí preparada para hablar con él. El secreto era cómo manejar al manipulador y despertar a ese niño interno tan lastimado que cada vez que hablaba o gritaba quería ser escuchado.

Fue muy fácil el primer encuentro porque, como lo esperaba, su personalidad resulta como un encanto de brujas. Te dice mi amor, mi vida, mi lucero. Todo sin conocerte. Lo invité a leer, escribir y acercarse a Dios. Al poco tiempo, él empezó a hacer catarsis a través de la escritura. Me envió sus escritos y a su llegada a la cárcel de Cómbita, en Boyacá, y de acuerdo a su estrategia, nació la esperanza de conseguir la libertad.

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Entonces le digo que es necesario construir una nueva vida. Antes de salir de la cárcel le supliqué salir en silencio. Sin importar cuantos periodistas afuera iban a estar ansiosos de la noticia. Consideré que debía ser una muestra de respeto con sus víctimas. Así mismo lo registré en el libro ‘Mi vida como sicario de Pablo Escobar’ y se agradecí públicamente.

Al recuperar su libertad, comenzamos una rutina frenética por Skype. Nos conectábamos todos los días para leer sus escritos, pulirlos y editarlos. Paralelo a eso empecé a hacer la negociación con la editorial Harper Collins.

Foto: Cortesía Maritza Wills

Llegado el décimo mes de libertad, Popeye volvió a ser el mismo de años atrás. Ya se había vuelto a contaminar y su mente sicarial arremetió. Las exigencias económicas no se hicieron esperar a pesar de ser conocedor de las condiciones establecidas con la editorial. “Si no me dan un millón de dólares tiro el libro a la calle”. Obviamente él tenía copia del libro final que yo le entregué en mi apartamento. Eso lo hice el día que viajó a Bogotá a atestiguar a favor de alias ‘El mellizo’. 

Al no ceder a sus pretensiones económicas, las amenazas no se hicieron esperar. “Dígale a esos gringos que vengan por mí, que estoy en Medellín y aquí los atiendo”. En ese momento se agachó y sacó la pistola. Esa es la foto que tengo y salió en todos los periódicos. Yo, con velocidad, alcancé a tomarle dos pantallazos.

Ocho días después me llamó para preguntarme dónde estaba. A las dos horas llegó a mi casa y me dijo que todo estaba al límite. Que tenía a sus muchachos afuera y me preguntó cómo quiero solucionarlo. Me fui a vivir a la Calera y ahí también me encontró.

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Una vez instalado en la ciudad de Medellín, contaminado por el mal ambiente y asediado por la prensa y televisión, su desorden de personalidad se hizo aún más evidente. Y su doble vida dio inicio.

Popeye teme que se conozca la historia real de Wendy (su novia) que aparece en un relato que ha vendido con mentiras, pero la verdadera historia la cuento en el libro porque la publicación se hizo para discernir culpas y admitir responsabilidades.

A Popeye no le gustaron ciertas partes del libro. Por ejemplo, él ha vendido una imagen de ser un hombre fuerte y guerrero, cuando la verdad es que fue escudero de cada uno de los grandes capos que llegaron a las cárceles donde estuvo. Él ha dicho que su primer muerto fue porque Pablo Escobar le dio una orden. Pero en realidad fue antes, Popeye mató a uno de los socios de Escobar y a su mejor amigo también.

Independiente a su actitud guache e irresponsable frente a los contratos para publicar el libro, acá en Estados Unidos me encargué de abrirle una cuenta bancaria para que las utilidades se depositen ahí, y el 50% que me corresponde fue donado a una fundación.

Mi decisión frente a la parte económica tampoco le gustó. Me dijo: “Si tú no recibes dinero, se pierde la motivación y el proyecto sin ti se muere”. Finalmente y ante su irresponsabilidad se le sugirió iniciar una terapia de manejo de ira. Él aceptó pero tampoco cumplió.

Se enviaron correos electrónicos tanto a él como a su abogado, pero nunca hubo respuesta. Se fue por el camino fácil y dijo que este libro era un plagio y no lo es. Todo lo opuesto. Mi libro es el oficial.

Me tomó nueve años verificar las historias de Jhon Jairo. La mentira como base de su personalidad nuevamente se hizo reina. Gran parte de los manuscritos que me enviaba a través de terceros reflejan una historia un día y al otro día una versión completamente diferente. Mi mayor temor era caer en la mentira.

Foto: Jhon Jairo Velásquez Vásquez - Popeye Facebook

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Tuve que verificar cada una de sus letras. Eso tomó mucho tiempo. Muchas fuentes que formaron parte de esa trágica historia colaboraron, otras no quisieron comprometerse. Cuando tenía cuatro respuestas iguales sabía que había llegado a una verdad.

Los medios de comunicación son los responsables del sitio donde está hoy. Increíblemente, y como lo expresé también en mi libro, él siempre supo lo que la prensa quería: sensación. Siempre la ha manipulado a su antojo y capricho de acuerdo a su conveniencia desde prisión.   

El sueño de Jhon Jairo es pasar a la historia como el asesino más grande del mundo. Las lecciones de moral, entre ellas la vergüenza, se quedaron en los archivos olvidados de su memoria selectiva.

Siendo coherente con mis principios y en un acuerdo con mi editorial determinamos que por respeto a las víctimas, y como una contribución a esa esperanza de paz que ahora abriga mi país, el libro no se distribuirá más.

@Maritzawillsescritora

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