Me llamo Xavier Bonilla, pero todo el mundo me conoce más por mi seudónimo, Bonil. Este surgió de una noche de amor entre mi apellido y la necesidad de identidad artística. Así terminó recortado el Bonilla. Varios años después, me enteré, gracias a internet, de que Bonil existe como apellido en España y Colombia. Eso sin contar que en Chile es un antiinflamatorio y en otros países, un fijador de calcio. ¡Bendito Google!

Tenía 17 años cuando publicaron por primera vez mis dibujos y hace 30 que publico regularmente. Pero mi mujer dice que en casa llevo muy poco tiempo como humorista. Estudié Sociología, pero nunca ejercí. Esta carrera pretende dar respuestas generalmente muy sesudas y pretenciosas. Ahora prefiero generar preguntas y reír más de nuestra ignorancia. Desde hace 19 años dibujo para el periódico El Universo (el más importante de Guayaquil y uno de los más grandes de Ecuador), también publico en otras cuatro revistas y mis dibujos circulan a través de Cartooning for Peace y CartonClub.com.mx.

El año pasado, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) me concedió un “Premio Especial” por mi trayectoria. Fue un reconocimiento importante considerando el contexto actual en que la libertad de expresión enfrenta obstáculos y riesgos importantes. Creo que el caricaturista está trabajando siempre, creando, buscando temas. Por eso, a todas partes llevo conmigo un cuaderno en el que ‘boceteo’ alguna idea que tarde o tempano pasaré a tinta.

Siempre es difícil escoger la “mejor” caricatura. Uno hace olimpiadas mentales tratando de particularizar, y ese esfuerzo causa un agotamiento similar a correr 100 metros planos entre tinta china. Pero escojo este dibujo que, no siendo el “mejor”, me da mucha alegría porque fue muy compartido a nivel internacional. También le guardo mucho afecto por la ternura que despierta, al mismo tiempo que nos puede hacer reír. Y eso es, para mí, el humorismo. La tecnología y las redes sociales están presentes en nuestra vida desde chiquitos, tanto que a este dibujo lo trabajé con... color digital.

La mayoría de mis dibujos han estado relacionados con la política y el periodismo de mi país. “Gracias” a ellos he cosechado algunos problemas, pero nunca uno tan mayúsculo como el que viví el año pasado con el gobierno de Rafael Correa. Ocurrió en febrero y fue un caso inédito en el mundo porque era la primera vez que una institución gubernamental ordenaba “rectificar” una caricatura. Uno está acostumbrado a ver en el mundo que alguien censura, tacha o rompe una caricatura. Pero mandarla a hacer de nuevo, a rectificar, eso sí que no se había visto. Esto que no pasaría de un hecho pintoresco e incluso de “humorismo involuntario” fue más llamativo porque el diario El Universo, donde apareció el dibujo, fue multado con 90.000 dólares por publicar la caricatura.

La política es muy ingrata. A menos que uno sea político y consiga contratos con el Estado, claro está. Pero como tema, para un caricaturista es una mina de oro. Sin embargo, la vida es mucho más amplia que los rostros de los presidentes, asambleístas, jueces. Por esa razón, desde un tiempo atrás decidí dibujar situaciones, temas y circunstancias que trasciendan las fronteras nacionales. Me interesa el tema de pareja, la familia, la comunicación, el sexo, la falta de sexo, la tecnología en la cotidianidad, y también la muerte, porque eso es algo que tarde o temprano —con o sin la letra chiquita de los seguros de salud— nos llegará a todos. No es muy humorístico, pero dibujarlo sí.

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