Vista de Delft, de Veermer, en el Museo Mauritius, La Haya, Holanda. Como en todos los paisajes de la pintura flamenca y holandesa, el cielo tiene una gran importancia, sencillamente porque allá no hay montañas. Esta obra de Veermer crea los blancos de las nubes y los azules del cielo más bellos de toda la historia del arte. Una luminosidad incomparable.

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