En la década de los cincuenta, tras pasar por varias estaciones radiales y ya nombrado como primer director de Caracol Radio, solía almorzar en el Grill Europa con el entrañable Fernando Gómez Agudelo. Un día de 1953, me contó que tenía el proyecto de traer la televisión al país. Tan pronto lo logró, me fui con él y con Fernando Restrepo Suárez a su nueva empresa, RTI. Empecé presentando la primera versión local de El precio es correcto y luego la franja de la tarde de fin de semana llamada Domingos circulares. Después, por iniciativa del propio Gómez, creamos El club de la televisión, inolvidable programa de variedades en vivo, en el que se presentaban artistas internacionales. Tenía secciones como la de El hombre más fuerte, y mucho servicio social. No era raro que al principio del programa anunciara la desaparición de un niño y que, ya para el cierre, apareciera. Como no teníamos competencia, todo el mundo estaba pendiente.

Un día, cerrando la década de los setenta, un grupo de minusválidos se presentó en nuestras oficinas con la idea de que les ayudáramos a crear ligas para deportistas discapacitados. Nosotros hicimos la campaña, y en cierto viaje a Brasil acompañando a una de estas selecciones, la atleta chilena Silvia Cevallos me habló de la Teletón en Chile. Basados en ese modelo, hicimos nuestra propia Teletón entre 1980 y 1995, y con ella logramos que la clínica del mismo nombre naciera y se convirtiera en un símbolo latinoamericano.

Hoy, me encuentro gozando de mi retiro. Vivo entre Bogotá y Silvania con mi segunda esposa, Helena. Gracias a ella y a sus cuidados es que, a mis 81 años, estoy perfecto de salud.

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