Yo, por supuesto, le cogí un cariño muy especial al equipo, aunque también me gusta Nacional porque mi mamá es paisa y lo adora. El punto es que el fútbol me gusta pero no me mata, y gracias a él conseguí mi primer trabajo.

En el colegio uno escogía una electiva y cuando yo estaba en primero de bachillerato —tenía 13 años— escogí porras. Incluso Paola Calle, que ahora trabaja en el Canal Caracol y es mi mejor amiga, también hacía parte del grupo de porristas. El director de nuestro grupo, Jimmy Aristizábal, también manejaba las porristas del América de Cali. Era el año 1992 y a los ‘Diablos Rojos‘ los dirigía Pacho Maturana. Allí jugaban estrellas como el ‘Palomo‘ Usuriaga y Leonel Álvarez, entre otros.

Como siempre he sido muy alta, me eligieron para ser base de las pirámides y en las fotos, como pueden ver, siempre me ubicaban en la última fila. Cuando llegué con la noticia a mi casa, mi papá y mi hermano se pusieron felices ¿Cómo no? Si al ser yo porrista del América, ellos tenían entrada gratis a todos los partidos. A mi mamá siempre le preocupó lo que me pudiera pasar en el estadio, le daban miedo las cosas que me gritaban o que de pronto me pegaran un monedazo a pesar de que en esa época no había barras como las de ahora. La trasnochada también era un lío, ya que los miércoles los partidos terminaban casi a las once de la noche y al otro día tenía que madrugar al colegio. Las jornadas no eran fáciles, me tocaba responder por el estudio, las porras del colegio y las del América.

Recuerdo que la primera canción que montamos fue una de la película del Rey León que se llamaba La cigüeña, pero bailábamos de todo, technotronic, trance, merengue, salsa, era una delicia y bailando siempre me iba muy bien.

El uniforme era lo máximo, cada vez que me lo ponía sentía una gran responsabilidad. Usábamos medias veladas, con medias pequeñas rojas, los tenis eran Keds muy blancos, una calzoneta, la faldita con pliegues y una blusa de manga sisa pegada. El peinado era con una colita adornada con un moño rojo.

Los jugadores eran muy respetuosos, casi nunca nos hablaban y nunca se presentó un comentario salido de tono o un coqueteo de ellos hacia nosotras, además nuestro camerino era lejos y pocas veces nos cruzábamos. Lo que uno sí veía era jugadores churros, recuerdo al arquero Julio Gómez que era lindo. Lo curioso es que Leonel Álvarez, a quien me he encontrado en el canal, ni se imagina que yo era una de las niñas de las porras cuando él era jugador del América.

Mi primer sueldo fue de 50.000 pesos, me sentí millonaria y empecé a comprar mis cosas ya que desde chiquita he odiado ser mantenida y soy muy independiente. Me retiré de este trabajo a finales de 1992 con el título del América y dando la vuelta olímpica agitando los pompones.

Todo eso me enseñó a ser más responsable y a darle valor al dinero que me ganaba con mi trabajo. Siempre he tenido optimismo, en mi casa me inculcaron la honestidad y creo que por eso me ha ido tan bien en la vida. Por último, un mensaje para los hinchas del América: para ayudar al equipo estaría dispuesta a volver a ponerme el traje de porrista.

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