Ante todo, me parece necesario aclarar que no voy a cargar con el sambenito de que fui yo quien dejó por fuera de la telenovela El inútil a Catalina Sandino. El proceso de casting tiene un director, que en ese caso era yo, pero la decisión sobre quién se queda con un papel sale del consenso del productor, el director e, incluso, el dueño del canal. No quiero llevar esa cruz porque aquí le hemos dado la oportunidad a todo el mundo.

A Catalina la conocí de sus tiempos como alumna de la academia de Rubén di Pietro. Era muy joven y muy inquieta. Estudiaba, además, Comunicación Social, carrera muy afín a la actuación. De ella recibí hoja de vida dos veces, la primera de ellas para participar de la convocatoria de una novela llamada Solterita y a la orden, la primera producción de Telemundo en Colombia. Ahí obtuvo un papel pequeño, de una secretaria, de uno o dos capítulos no más. Normalmente a las actrices sin experiencia ante la cámara se les ofrecen estos papeles para que se familiaricen. No creo que le hayan pagado gran cosa por ese rol.

En el casting de El inútil, Catalina tuvo que bailar, pues la novela tenía al principio una carga musical fuerte. También se le pidió llegar con una escena preparada. Ambas cosas las hizo bien, pero al final no pasó. Cuando uno llama a casting a un actor siempre se está pensando en función del personaje y, en el caso de esta telenovela estábamos buscando a una de las dos hijas de Mirando Zapata (Víctor Mallarino), la menor, que era más bien rebelde y metalera, una faceta que no cuadra mucho con la imagen que todos tienen de Catalina. Al final, de tres actrices que evaluamos, el papel se lo llevó otra niña hasta ese momento desconocida, María José Tafur.

Me parece que tarde o temprano, de no haber sido por el gran éxito de su protagónico en María llena eres de gracia, Catalina iba a lograr una entrada triunfal a la pantalla chica. De ella no escuché ningún reclamo por no obtener el papel que quería. Alcanzamos a hablar un par de veces y siempre le sugerí que estudiara mucho y que insistiera en estos procesos, que algún día lo iba a lograr.

No puedo decir que haya sido intensa, sino disciplinada y muy consciente de lo que quería. Tal es así que cuando supe que había un norteamericano en busca de una protagonista para su película, sobre una inocente joven que termina convirtiéndose en mula con un cargamento hacia Estados Unidos, no lo pensé dos veces y le dije que se presentara a esa prueba a ver qué pasaba. Lo demás es historia: la cinta, el Oso de Plata en Berlín, la nominación al Óscar, las demás películas. Nunca volví a tener contacto con ella.

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