Nací en Belo Horizonte y desde pequeño me dicen Cau. Ese ha sido siempre mi apodo. Le agregué el apellido de mi papá, pero por orientación numerológica cambié la ese final por una z, y lo adopté como seudónimo. Tengo 42 años y hace 18 vivo en Salvador de Bahía. Soy caricaturista e ilustrador del diario La Tarde de esta ciudad. También ilustro libros infantiles y revistas especializadas de cultura y tecnología. En mis 27 años de carrera he recibido más de 40 premios. No podría decir cuál ha sido el más importante de todos porque para mí cada uno representa una época diferente de mi vida. Mi primer premio de historieta, en la categoría de prensa, en la Exposición Internacional de Piracicaba en 1992, es inolvidable. Pero también lo es el Premio Curuxa, que recibí en Galicia, España, en 2004. Me abrió puertas y llamó la atención de artistas y profesionales europeos.

Me encanta jugar fútbol, soy fanático del Atlético Mineiro y a la hora de dibujar soy muy indisciplinado. La entrega de la obra es contra reloj, el cierre me inspira y hace que la creatividad supere la presión productiva diaria.

Nunca había pensado escribir sobre un dibujo mío y, mucho menos, tener que hacerlo sobre la que considero mi mejor caricatura, la más significativa. Era una invitación que no esperaba y al mismo tiempo algo especial, fuera de serie. En estas páginas dedicadas al humor gráfico, les recomiendo a los lectores de SoHo, a los admiradores del arte de la caricatura, un trabajo mío muy antiguo, hecho en los años noventa, cuando recién llegué a Salvador de Bahía

Esta caricatura que hice del exjugador Dunga, actual director técnico de la selección brasileña de fútbol, me sorprendió. Se veía impresionante la mezcla de grafito, lápiz de acuarela y la pintura en acrílico aguado. Recordó la naturaleza salvaje del futbolista, como de tiempos primitivos. Lo reveló como un fiero y verdadero cavernícola, empuñando un arma letal esculpida en oro: el trofeo de Campeón de la Copa Mundial de Fútbol de 1994. Un objeto capaz de espantar al más salvaje de los depredadores que intentara arrebatársela.

Confieso que me animé a dibujar esta figura por el éxito que tenían los futbolistas en la campaña para lograr el tetracampeonato. Mi móvil era político: en ese momento creía que el fútbol enajenaba a los ciudadanos e impedía la discusión, en pleno proceso electoral, de temas relevantes y urgentes que habían sido ignorados históricamente por el poder y la élite de la sociedad brasileña.

Esta caricatura ganó el premio del Salón Internacional de Humor de Piracicaba, uno de los más importantes de Brasil. Este hecho fue un reconocimiento a mi trabajo y me reafirmó profesionalmente. Después de obtenerlo comencé a figurar en los listados de los nuevos nombres de la caricatura en mi país. Sea este el momento de reconocer el estilo de varios talentosos artistas que me influenciaron hasta que log ré encontrar mi estilo particular. Destaco nombres como los de Ziraldo, Chico y Paulo Caruso, Cassio Loredano, Trimano, Hermenegildo Sábat, Carlos Nine, entre otros. Espero que los lectores de la revista se diviertan con este espacio dedicado al arte de reír.

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