Hace cinco años parecía imposible que un equipo femenino de ciclismo participara en el Giro della Toscana, una de las competencias más tradicionales de Europa. Sin embargo, nosotras, el equipo femenino de ciclismo San Mateo Educación Superior, tuvimos el ranking necesario y logramos el cupo hace dos años. Casi nadie se acuerda de la carrera; lo que muy pocos han olvidado es el uniforme con el que corrimos: ese con el que —decían— parecíamos empelotas del ombligo para abajo. Nuestra foto le dio la vuelta al mundo, pero nadie contó bien la historia detrás de la indumentaria.

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Todo empezó cuando fuimos a correr la Vuelta Ciclista Femenina a El Salvador. Quedaba poco tiempo para la carrera y no teníamos uniforme, así que yo, que ya había diseñado uno para el equipo antes, decidí hacer lo mismo. La verdad es que en Colombia no es que haya muchos diseñadores de uniformes de ciclismo, y menos para mujeres. Por eso me eché la tarea al hombro. Utilicé los colores de los patrocinadores (dorado, rojo, amarillo y blanco) y les pasé varias propuestas. Ellos eligieron una, y listo, se fue a confección. Solo vimos el resultado final estando allá en El Salvador. Y únicamente yo, la diseñadora, me di cuenta de que la franja que baja desde la barriga hacia la pelvis había quedado de un color más claro que el original: se suponía que debía ser dorada y no beige. Igual, no importó: además de que no teníamos ni el tiempo ni la plata para hacer uno nuevo, no le vimos ningún problema.

En un principio, el uniforme pasó inadvertido. Y eso que en la competencia había representantes no solo de la Unión Ciclista Internacional, sino de todas las entidades que avalan los implementos deportivos.

De ahí viajamos a otra carrera en Venezuela, donde tampoco hubo problema. Y lo usamos el resto del año sin inconvenientes, hasta que viajamos a la Toscana. Allá lo adaptamos para una etapa contrarreloj. La idea era acomodar el diseño original, de dos piezas (pantaloneta y camiseta), a un enterizo. Así, tendríamos un traje más aerodinámico y el viento no nos frenaría tanto en esa etapa rápida.

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El desastre llegó el primer día del Giro, cuando, antes de iniciar la carrera, todos los equipos nos presentamos en una tarima. Fue ahí que un bloguero italiano, al parecer muy reconocido en Europa, nos tomó la famosa foto en la que supuestamente parecíamos desnudas del ombligo para abajo. El tipo subió la imagen a su blog y al día siguiente ya éramos noticia mundial. Esa misma noche llegó a nuestro hotel una agencia de comunicaciones europea para preguntarnos todo sobre el uniforme: que por qué los colores, que quién lo había diseñado, que si nos estaban usando los patrocinadores…

Cuando salió la noticia, yo tenía miedo de decir que había diseñado el uniforme, porque todo el mundo se fue en contra del que lo había hecho. Pero la responsabilidad era mía, entonces decidí dar la cara. Mi número de celular se filtró por todo el mundo y me llegaron notas de voz de periodistas españoles, ingleses, argentinos, chilenos, peruanos… Y fuimos noticia en medios de todo el mundo: la revista Cosmopolitan, la BBC de Londres, los diarios El País y El Mundo de España, el periódico más famoso de Shanghái… y, por supuesto, todos los noticieros, periódicos y revistas colombianos.

Con mis compañeras de equipo nos pusimos a leer los comentarios que hacían en Facebook, y eran buenísimos. Estuvimos despiertas hasta la madrugada riéndonos. Hubo un tipo que escribió: “Si la competencia hubiera sido en el Alto del Chocho, serían campeonas”. Otro preguntó: “¿Estas paisanas pertenecen a la Selección Ciclística de CUCAita, Boyacá?”. También hubo sugerencias: “Ya saben qué vestido comprarle a la moza”. Hasta a nosotras se nos ocurrieron varios chistes, como que nos debió haber patrocinado Doñarepa.

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Nos volvimos tan famosas que, en el avión de vuelta, los tripulantes nos aplaudieron y felicitaron por dejar en alto el nombre del país. Hasta ahí todo iba bien. Hasta que llegamos a Bogotá y muchos periodistas nos estaban esperando en el aeropuerto. Como habíamos acordado solo dar declaraciones en una rueda de prensa, nos quitamos la sudadera del equipo y nos pusimos jeans y camisetas, así nadie nos reconocería.

Esa noche, los periodistas me bombardearon con llamadas hasta que amaneció y mi Facebook y mi Twitter colapsaron. La rueda de prensa fue al día siguiente, y ahí los medios se calmaron un poco; sobre todo los amarillistas, pues se dieron cuenta de que el uniforme no era transparente, como muchos creían, sino que simplemente tenía una franja beige.

Al final, no pasó nada distinto a que nos tomaron una foto que no nos favoreció. Fuimos invitadas nuevamente a competir en el Giro della Toscana, al que volveremos con el mismo diseño de uniforme, pero ahora sí con el color que es del ombligo para bajo: el dorado. Espero que ganemos y que esta vez la gente se quede con el recuerdo que debería: el del resultado deportivo, no el del uniforme.

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