Es esencial seguir este procedimiento porque cuando se salta desde 40 metros a una profundidad de sólo cinco, un error podría ser fatal. No he oído hablar de clavadistas profesionales que hayan perdido la vida en un salto, pero sé de graves accidentes (fracturas de huesos y dientes, torceduras de cuello, y serias lesiones de espalda y pulmones). Yo me fracturé el coxis al caer sentado sobre el agua y en otra ocasión fue el tobillo, al golpear el piso de una piscina de tres metros de profundidad en un salto desde 23 metros de altura (salto que he realizado unas 3.000 veces sin problema alguno). Hay que revisar la plataforma de salto para asegurarse de que no esté mal construida y pueda venirse abajo. Y fijarse en la dirección del viento, porque podría ocurrir que sea lo suficientemente fuerte como para que nos empuje contra las columnas de una plataforma o las paredes de un acantilado. Si se salta hacia el mar, es clave tener en cuenta que no haya peces grandes nadando en el punto de caída, porque chocar contra uno de ellos a 100 km/h (velocidad promedio de caída libre) podría costarnos la vida. En el salto al mar o a una piscina, con piruetas o completamente inmóvil, de pies o de cabeza, lo verdaderamente importante de todo es tener en cuenta la profundidad. Cualquiera podría partirse la nariz si salta de clavado a una piscina de niños.

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