La memoria olfativa es indispensable, porque no puedo ponerme a oler un ingrediente cada vez que lo utilizo. Hay alrededor de 2.000 olores o ingredientes (naturales y artificiales), que combino según lo que ha pedido el cliente. Todo el proceso empieza con la propuesta del cliente, que hace una especie de concurso entre varias casas perfumeras para escoger a quién le dan el proyecto. A veces mandan un brief con mucha información sobre lo que quieren, desde fotos hasta poemas. Otras veces simplemente mandan una descripción del target al que quieren llegar y hay que empezar a trabajar a partir de eso. A las primeras reuniones con el cliente generalmente no voy yo, sino el creative fragrance manager, que es algo así como la 'nariz objetiva'. Él es el que sabe acomodar los adjetivos para que el cliente entienda con palabras la idea que yo huelo. Después de acordar con él y con otras personas que intervienen en el proceso las líneas generales del perfume, yo me siento en mi computador y empiezo a hacer las fórmulas. Imprimo unas dos o tres fórmulas diarias por proyecto (trabajo en tres o cuatro proyectos a la vez, así que son como doce fórmulas diarias) y las mando al laboratorio para que allá hagan la muestra de perfume como cualquier proceso en un laboratorio químico. Solo tienen que seguir la fórmula. Cuando me la traen, la huelo y empiezo a detectar qué le hace falta o qué le sobra. El proceso completo de hacer un perfume toma entre seis meses y un año. Se usan de 50 a 70 ingredientes, entre esencias naturales y sintéticas. Por eso es que alguno jamás se repite en este trabajo, a pesar de que tenga inclinación por ciertos 'acordes'. Hago casi 200 ensayos de un perfume para llegar a la fórmula final. Es un trabajo bastante individual, aunque a veces trabajo con otro perfumero, especialmente si es un producto para Estados Unidos y Europa, porque el perfumero americano sabe cómo son los gustos de sus clientes.

Sería un despropósito explicar cómo se hace un perfume sin antes decirles a los lectores que se trata de una pasión tan especial como la de la música. Juego mucho con mi memoria olfativa. Uno se vuelve como el personaje de Suskind y además el gusto también se desarrolla mucho. Odio el olor del perfume barato de coco, por ejemplo. Adoro el olor del café y de las tostadas por la mañana. En las fiestas juego a reconocer los perfumes de la gente entre esa mezcolanza de olores. Todos creerían que una perfumista huele delicioso, pero tengo prohibido oler rico. No puedo usar cremas con aroma y mi jabón tiene que ser muy suave. Debo estar limpia de todo olor. Mi nariz nunca descansa.
La vida entera se huele.

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