Luego de exámenes académicos, psicológicos, físicos y contacto con el ambiente familiar, cada uno pide al rector ser admitido al primer año. En un seminario diocesano se ofrece un proceso de formación que integra estas dimensiones: humano-comunitaria, psico-afectivo-sexual, espiritual, intelectual y pastoral. Así, un sacerdote ha de vivir una auténtica vida comunitaria como estudiante para luego ser cabeza y formador de comunidades. Ocho años de internado le dan experiencia para esto. Debe estar dispuesto a examinar sanamente su estructura e historia personal para asumir la sexualidad como don de Dios; aprender a relacionarse dignamente con la mujer y, reconociendo su varonilidad, optar libremente por el celibato. Una vez entra realiza estudios preliminares durante un año, a este periodo se le llama Propedéutico. Luego entra al ciclo de Filosofía, recibiendo además sólida formación en Sagrada Escritura, psicología, latín, griego e inglés. Entonces pide ser admitido como estudiante de teología: serán cuatro años de rigurosa investigación científica. Desde su ingreso el futuro pastor es entrenado en diversos campos de trabajo. Así, tiene contacto directo con las problemáticas de nuestro tiempo: pobreza absoluta en sectores deprimidos de la ciudad, desplazados por conflicto armado, infancia y juventud desprotegidas y marginadas, personas con adicciones. También desarrolla trabajos en hospitales, centros universitarios, medios de comunicación, y sitios de reclusión. A estas prácticas se suma la experiencia de misión en sectores rurales a mitad y final del año académico.
En la mitad del ciclo teológico el seminarista es enviado a una Parroquia de la Diócesis para el año de pastoral. Bajo la tutela de un párroco aplica los conocimientos de la primera gran etapa de formación. El futuro sacerdote entra al séptimo año de formación; al final será admitido al Sacramento del Orden en el grado de diácono, continúa sus estudios y al finalizar el octavo año es ordenado presbítero, recibe el título universitario y es enviado por el obispo a desempeñar su misión evangelizadora en una parroquia.

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