Después se pican cebolla cabezona y tocino (o cualquier tipo de grasa de cerdo) en pedazos bien pequeños, y se mezclan en un recipiente con el arroz blanco previamente cocido y con la sangre de cerdo, que se consigue en los frigoríficos (la morcilla envigadeña, a diferencia de la criolla, no lleva arvejas ni maíz). La mezcla se deja reposar por un par de minutos y después se introduce en la tripa con ayuda de un embutidor manual que sirve para agilizar el proceso. Una vez se rellena toda la tripa, se cocina en agua hirviendo por unos veinte minutos y finalmente se le hacen nudos con una cuerda para darle forma al embutido. Cuando ya está lista se deja secar y después puede consumirse cuando uno quiera. En la mañana, acompañada con arepita y chocolate caliente, al mediodía con frisoles, arroz, papita criolla y cerveza, y en la noche en forma de picada con maíz pira, carne de res, carne de cerdo y choricito. ¡Eso sí! Todo el que prepara morcilla le pone a su receta un toque secreto, y yo, también tengo el mío, pero no pienso revelarlo nunca.

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