Al escuchar su nombre, lo primero que se vino a mi memoria fue el recuerdo de Lucas Caballero. el viejo Klim, personaje que manejó con elegancia y con donaire, la prosa y el sarcasmo. Como fiel lector de sus columnas, inicialmente publicadas en El Espectador y después en otros medios, recuerdo el cariño con que se dirigía a su discípulo, el otro Daniel Samper, personaje a quién entrañablemente llamaba 'mi querido salmonete'.
Desconozco el por qué de semejante apelativo, pero hoy al evocar la memoria de Klim, caracterizado por una pluma valiosa y prodigiosa, descubro 'mi querido Daniel' que tienes un homólogo, vocablo que aplicado al caso que me ocupa, tiene el siguiente significado: "otra persona que ejerce un cargo igual al de otro, en ámbitos distintos"; entonces empecemos por dilucidar esta homonimia. La Biblia nos da ejemplo cuando de homólogos se trata; recordemos que para diferenciar el caso de 'Santiago' fue necesario denominar uno 'el mayor' y otro 'el menor'. Si analizamos el caso por el lado de 'los judas', nos cuentan que existían el 'Iscariote' y el 'Tadeo',
personajes que al juzgarlos por sus obras los denominaron a uno 'el malo' y al otro 'el bueno' y, si de diferenciar épocas se trata, siempre se ha hablado del Antiguo y del Nuevo Testamento.
Fundamentadas las premisas anteriores, he decidido apreciado colega Samper Ospina, que de ahora en adelante, por antonomasia, sin reparar en la sinécdoque y sin querer convertirme en sinapismo, llamarte entonces 'el joven salmonete'.
Así las cosas, procederé a la propedéutica o sea a la enseñanza que me pides, vinculada con las exigencias de la disciplina materia de este artículo.
Comienzo por decirte que como Ingeniero Litigante, no es fácil pasar de las ciencias exactas, a la abstracta, eso solo es dable cuando se actúa motivado por pasiones altruistas, en defensa de los amigos o bien, cuando herido en lo más hondo del orgullo y el amor propio, las circunstancias nos llevan a asumir, contra viento y marea, una defensa.
En mi caso, el detonante fueron las infamias y montajes de que fui víctima por parte de los generales Serrano y Gallego Castrillón, cuando hicieron la macabra maniobra de resucitar a mi padre, quien ajustaba al momento de la ocurrencia de la calumnia, 33 años de fallecido y ubicarlo en el podio del más tenebroso cartel de traficantes de insumos químicos de mundo.
Ahí tienes entonces 'mi querido joven salmonete' la razón por la que aprendí a presentar denuncias penales, demandas civiles, recursos y derechos de petición, para defender ante todo la verdad y por supuesto, propender por el reconocimiento de mis derechos fundamentales, la reivindicación del buen nombre de mi familia y el resarcimiento de los daños materiales que me causaron.
Pero lo más complicado y desgastador para los legos en la materia es empezar a consultar los temas del Derecho con aquellos personajes que lo ejercen o lo entienden, generalmente se recurre a los amigos, pero se vuelve uno cansón. y en consecuencia, unos cotizan, otros cobran y otros, como Gustavo Álvarez Gardeazábal, recurre a la prosa para dirigirse a sus lectores y quejarse de que lo invitan por doquier para que emita su opinión y hacerse así merecedor al llamado pomposo de 'consultor', siempre en forma gratuita, para concluir que: le resultaría "más honroso y productivo vender papas en la galería de Tuluá que seguir siendo intelectual de gratis" y yo le añado mi estimado Gardeazábal: también resulta más lucrativo vender tomates en Río Frío, que hacerle honor a los amigos a través de la gratuidad intelectual.
Cuando se tiene necesidad de hacer una consulta jurídica, generalmente se piden tres conceptos de destacados profesionales del Derecho. y como el conocimiento del Derecho presenta múltiples facetas para su interpretación, todos resultan diferentes y quien consulta llega siempre a la misma conclusión, le toca tomar la decisión y, como se dice en plata blanca, "hacer, lo que a uno le venga en gana". Entonces con las sabias orientaciones de los 'consultores', unidas al sentido común y la paciencia, el interesado debe acudir a Legis, en los libros de Minutas y en los Códigos encontrará todo como me gusta a mí, "a prueba de bobo", porque sistema que no se diseñe bajo este parámetro, no sirve.
Ya ubicado en el problema, acompañado por Legis y sus códigos, comience por elaborar el índice de la demanda o de la denuncia. Primero busque quién es el competente, luego identifique bien las partes, a renglón seguido narre los hechos, si desea, en el capítulo siguiente, elabore el análisis de los mismos, pero le aconsejo no lo haga, porque eso es perder tiempo, mejor concéntrese en las pruebas que fundamentan los hechos, las cuales pueden ser de tipo documental, oficiadas, testimonial. En ellas está la clave de su triunfo, incluso la prueba es de tal importancia que los sabios en la materia afirman que "a los jueces hay que darles las pruebas, que ellos os darán el derecho".
¡Ah!, no olvide indicarle al juez dónde puede localizar a la parte demandada, para que una vez notificada de la demanda o la denuncia, pueda la contraparte, también en franca lid ejercer su derecho a la defensa y de contera no olvide expresar el fundamento legal en que ampara su intervención jurídica.
Mi vía crucis jurídico se ha
circunscrito especialmente al ámbito penal y al de las tutelas en materia Civil, apreciado 'joven salmonete'; el abogado es indispensable para acompañar la demanda y su trámite y si pretendes éxito debes hacerlo tu socio en el negocio y recuerda que debes estar siempre preparado y dispuesto a recibir las sorpresas y los golpes bajos de la justicia, porque desafortunadamente y esa ha sido una de mis experiencias, las pruebas por abundantes, contundentes y precisas que ellas sean, no siempre sirven para garantizar la equidad y la correcta administración de justicia o en otras palabras, para obtener el reconocimiento del derecho y las pretensiones que se demandan.
O si no, pregúntaselo a Luis
Camilo, la cabeza visible de ese monstruo que llaman Fiscalía, a quien no por designio divino, sino por voluntad de los Padres de la Patria, le cortaron las alas y en lo sucesivo no podrá hacer de la justicia un instrumento de política al servicio de los politiqueros.
Terminado el contenido de su demanda o denuncia, regrese otra vez a molestar a los amigos, para que opinen sobre el texto y tenga en cuenta que es conveniente y a veces necesario, en materia de tutela, acompañarse de un abogado que coadyuve su pedimento, para que el fallador le preste mejor atención a su libelo.
Ahora bien, con su denuncia, demanda o tutela, y ya bien contento, preséntese a reparto y como es natural, tendrá que hacer tremenda cola. Cuando por fin llegue a la taquilla le dirán que no está completa; "¿qué le falta, señor?", preguntará. "la carátula" . "¿y qué es eso?". un cartoncito que le cuesta mil pesitos para ayudar a los pobres y desvalidos que aplican la justicia. Ahí tiene usted el primer problema, o rompe su expediente o procede de manera generosa a colaborar con la causa de la justicia, sacando los mil pesitos de manera 'voluntariamente forzada', pero eso sí, hágalo con gusto que el futuro probablemente sea promisorio.
De ahí en adelante, ni se diga. Siéntese y deje pasar pacientemente el tiempo del trámite de la demanda, que ésta seguirá su curso de manera lenta e imperceptible. Basta con decirle que con razón se dice que la vida útil de un abogado son '3 ordinarios' porque cada negocito dura tres años en manos del juez de primera instancia, uno en el Tribunal, juez de segunda instancia y cinco en la Corte.
Por eso es importante que usted tenga muy en cuenta a qué edad debe empezar a litigar, para que evalúe si puede conocer y disfrutar los éxitos o fracasos de la litis y no sea que tenga entonces que testar y dejarle ese lío a sus herederos o legatarios.

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