Conocí a Jorge Luis Pinto a comienzos de los ochenta. Él era el preparador físico del profesor José Texeira, director técnico de Millonarios con quien organizó un concurso para conseguir un asistente de campo. Texeira me entrevistó y consideró que yo podía ser la persona adecuada. Yo siempre había sido jugador de Santa Fe, con Millonarios no había tenido mucho contacto, y debo decir que me sentí muy halagado de hacer parte de un cuerpo técnico del que tengo recuerdos muy agradables, aprendí mucho con ellos así haya sido poco el tiempo que estuve.

De esos días guardo de Pinto la imagen de una persona apasionada y con mucha vocación para estar en el fútbol. Era preparador físico y quería ser técnico, pensando en eso poco después se fue para Alemania. Siempre pensé que iba a ser un hombre triunfador por la entereza y la vocación con las que afrontaba su trabajo. Pese a que nunca jugó fútbol, gracias a lo estudioso que era sabía muchas cosas, casi como si hubiera sido un jugador o, por lo menos, como si ya llevara mucho tiempo en el fútbol.

De su trabajo como director técnico destaco la forma como él se interesa por preparar bien a los jugadores físicamente, no se le escapa detalle. Busca siempre equilibrio en la forma como para los equipos. Nos une el que somos muy estudiosos, muy conservadores, nos fijamos mucho en que defensivamente el equipo ande. A los dos nos gusta tener muchos jugadores de características similares para cada posición. Hace poco lo enfrenté en Cúcuta y me sorprendió que me atacó todo el tiempo, porque ahora tiene hombres que lo hacen muy bien. A pesar de que le gané, vi que tuvo frente a nosotros un equipo muy ofensivo.

Sobre aquella vez en Cali en 1991 cuando dijo que yo había conseguido los títulos de Millonarios de 1987 y 1988 de una forma deshonesta puedo decir hoy, ya con cabeza fría, que yo no tuve la decisión que tuvieron otras personas de responder, por sus propios medios, a sus agresiones. Yo sencillamente no peleaba, pero cuando llegó un punto en que era imposible mantener la agresión permanente, quise afrontar el que fuéramos hasta donde fuimos en el Tribunal Deportivo de la Federación cuyo veredicto me favoreció. También lamento lo que sucedió en 1998 cuando yo estaba en Perú trabajando como un profesional igual que él y llegó a agredirme verbalmente con las mismas acusaciones en un país donde hay un periodismo muy sensacionalista. Me hicieron tanto daño sus ataques que me enfermé, me dio un herpes zóster en la cabeza, mi familia se vio muy afectada, esos son dolores que la verdad no sé si sanen algún día.

Después de ese episodio no tenemos relación alguna. Nos vimos algún día en una reunión de técnicos cuando él estaba en la selección. Yo fui una de esas personas que apoyaron el proceso que él inició. Me parece también que no tuvo éxito pero es que eso no depende solo de él, creo que hizo todo lo posible por triunfar, eso lo reconozco. A ninguno de los dos nos dejaron terminar la eliminatoria cuando fuimos técnicos de la selección, pero la salida de cada uno se dio en momentos diferentes. A mí me sacan con 19 puntos faltando 18 por jugarse, estábamos a 6 de clasificar. A él lo sacan en otro momento, que creo que no fue el adecuado. No sé qué pasaba en su interior y cuál era su situación frente a los jugadores. Mi salida nunca fue por conflicto con algún jugador, o del cuerpo técnico, fue por decisiones de la parte directiva.

Por último, creo que a un hombre como él son muy pocos los consejos que uno le puede dar. Él tiene una forma de ser que expresó desde cuando era estudiante inconforme de la Pedagógica. Él no cambia.

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