Para comenzar, debo reconocer que me  cuesta trabajo referirme al libro de Fignon de la misma forma en que me costó entenderme con él mientras fuimos ciclistas, por razones muy valederas como el idioma o nuestras culturas tan diferentes. Nuestro único idioma, hace 25 años, fueron los pedalazos. Digamos también que no he leído el libro ni me interesa hacerlo. Oí en radio varios apartes, me entrevistaron al respecto y me molesta volver a tocar un tema que para mí no tiene gran importancia por lo absurdo que resulta. Pero vamos a tratar de hacerlo por capítulos:

Primero: Fignon dice  haber estado en el Clásico RCN de 1984 y  reseña no sus experiencias deportivas sino las íntimas relacionadas con el consumo de alucinógenos, y menciona otros aspectos de su presencia en Colombia que no son confiables. No es fácil para quienes hemos sido ciclistas, o para quienes actualmente practican este deporte en Colombia y en el mundo, aceptar que un campeón de la talla y  prestigio alcanzados por Fignon haya podido tener esas normas de comportamiento. Y como si fuera poco, vanagloriarse de esa conducta. Sinceramente no me parece posible que se pueda correr y ganar una etapa en una carrera como el Clásico RCN después de una "traba" como la que menciona el francés.

Segundo: En lo relacionado con la Vuelta a España 1987  y el pago de dinero —según Fignon— por parte de mi equipo Café de Colombia  para "dejarme ganar" la carrera, la respuesta está en los archivos estadísticos y las crónicas de la época. Fignon nunca estuvo en posición de ganar la prueba  y  por lo tanto no tenía nada que ofrecer, o mejor, nada que "vender". Se jugó su gran carta en una difícil etapa hacia Ávila, a tres días de terminar la Vuelta en Madrid, pero no pudo con nosotros y yo gané ese día, llegando en solitario al Velódromo de esa ciudad. Además yo era el líder y así seguimos hasta el final. Fignon tampoco era segundo ni era mi amenaza más directa. Lo eran el alemán Raymond Dietzen, quien estaba a un minuto y 4 segundos, mientras Fignon era tercero a más de 3 minutos y 'Perico' Delgado era cuarto a 3,52 y otro colombiano, Óscar Vargas, de Postobón, era quinto a 4,03 minutos. Postobón también fue el campeón de esa clasificación por equipos, lo  que demostraba el poderío de nuestro ciclismo en ese momento.  Así las cosas, no es lógico pensar que mi equipo o alguien tuviera necesidad de ofrecer dinero porque no había la más pequeña necesidad ¡y tampoco había plata!

Tercero: Lamento mucho que un ciclista y un campeón como Laurent Fignon se haya referido en su libro a estos lamentables episodios. He leído algunas biografías de otros grandes astros del ciclismo y siempre me parecieron ejemplares y educativas. En este caso, se trata de una historia donde se mancha el nombre de un campeón y el de un deporte noble como el del ciclismo, además de ofender a un país que lo invitó y recibió con respeto. Como respuesta,  arremete contra mi equipo Café de Colombia y el movimiento ciclístico nacional. Muy mal.

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