No entiendo por qué los futbolistas colombianos que alguna vez brillaron en las canchas tienen que esperar a que pasen años sin tocar un balón para reclutar a otros jugadores ya opacados, faltos de ligamentos y de estado físico, para rendir homenaje a goles y gambetas olvidadas. ¿Por qué Arnoldo Iguarán hace su despedida 12 años después de haberse retirado? ¿No estará cansado Álex Aguinaga de asistir a partidos donde los arqueros definen de antemano con los delanteros a dónde deben chutar los penales?

Es absurdo que el Tino Asprilla llegue a su último partido en una limusina tan antigua como sus celebraciones acrobáticas si desde hace rato prefiere estar en el campo de los negocios que en el campo de fútbol, o que a Wilson Pérez no le vayan más de 1500 personas a darle un trasnochado adiós. Ni hablar de los que no se quieren ir y piensan que a los 45 se puede volver al fútbol y marcar goles.

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