Lo digo de frente y sin vacilar: el partido de este sábado entre Colombia y Estados Unidos por el tercer puesto de la Copa América Centenario, NO LO VOY A VER.

No es que no me interese ver a la selección jugar – y ojalá ganarle a unos tipos que le llaman soccer al deporte más importante de este planeta – sino más bien me parece una vergüenza deportiva y mediática que si quiera exista un partido en el que dos equipos – que llegan heridos porque perdieron la semifinal – salgan a pelear el premio de consolación.

Amo el fútbol, sobre todo la esencia misma de este deporte que se puede practicar en cualquier rincón del mundo y a cualquier hora. Pero odio la corrupción y el repulsivo mercadeo de empresarios y personas que lo único que tienen es plata y de fútbol no tienen idea. Y para mí eso es el partido por el tercer puesto: un juego sin ideas y sin razón. El estadio ni se llena a la mitad y el objetivo es fidelizar a los patrocinadores y a las empresas que transmiten los derechos de televisión. Hay que decirlo: es repugnante.

Ni siquiera en los mundiales de fútbol me interesa ver este juego y sé que no soy el único. Empecemos por los mismos protagonistas: ¿Acaso James, Cuadrado, Ospina y compañía se mueren de ganas de jugar este sábado en Phoenix? Se mueren, más bien, de rabia e impotencia de no estar en la final y prefieren mil veces estar descansando en familia. Obvio, ninguno lo sale a decir – sería políticamente incorrecto – pero es mi humilde modo de ver la realidad. Ningún futbolista profesional quiere jugar ese partido. Para la historia y los anales del fútbol, cuenta, pero para sus memorias no. Da igual quedar tercero o cuarto.

La UEFA (Confederación de fútbol europeo) lo entendió y por ejemplo, en la Eurocopa que se está llevando a cabo ahora en Francia, no habrá partido por el tercer lugar. Es la final y punto. Los demás a casa. La FIFA aún no lo entiende y en los mundiales – con todo el billete que se mueve – este juego es obligatorio. Los futbolistas no necesitan más viajes, más hoteles, más concentraciones y más humillaciones. Porque un juego por ver quién es menos malo es humillante. Vayan a descansar muchachos, llegaron a semifinales y en otra ocasión será. La gloria es para el campeón, jamás para los terceros.

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