Desde que The Film Zone dejó de transmitir películas eróticas a medianoche, la autocomplacencia de los adolescentes se ha ido a pique. Porque hubo una generación de jóvenes que tenía una motivación para llegar a la casa después de una fiesta. Un grupo de barrosos que podía bailar pegado toda la noche, sin siquiera darse un pico, porque sabía que en su casa se desquitaría viendo las tetas noventeras que salían en ese canal. La escena era por lo general la misma: uno llegaba prendido, cerraba la puerta para que nadie oyera los gritos fingidos de las actrices y disfrutaba de ese cine fácil y mediocre, pero inmensamente satisfactorio. Luego el canal anunciaba que empezaría una escena sexual e invitaba a los televidentes a buscar unas gafas 3D para disfrutarla como si fuera real. Más de uno lo hizo. A más de uno lo cogió la mamá con las manos en la masa y gafas de cartón de lentes azules y rojos, entonces la última tecnología tridimensional. ¡Tamaña vergüenza! Pobres jóvenes de ahora que pueden ver penetraciones en internet las 24 horas. Eso no es místico. Mística la de esas damas eróticas que se empelotaban a medias y fingían orgasmos que cualquier televidente sabía que no eran ciertos.

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