Hace poco más de un año, en febrero de 2016, Goran vistió su mejor traje, lustró sus zapatos, se puso gel en el pelo y se peinó meticulosamente la barba. (5 Cuentas de Instagram para aprender a vestirse bien)

Luego abrió la puerta de su casa en Erbil e hizo lo que siempre quiso: salir a mostrar por las calles de su ciudad que él, Goran Pshtiwan, 26 años y supervisor de operaciones en una empresa, es un dandi. Y que eso está bien.

El acto pasaría desapercibido en cualquier ciudad, pero no en la de Goran. Erbil es la capital de la Región autónoma del Kurdistán, en el norte de Irak, un país que desde hace más de diez años se desangra en luchas internas confesionales. La última de ellas, contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI), que llegó a controlar gran parte del país. En las zonas bajo su dominio, el EI impuso su interpretación severa del islam, en la cual la cultura del cuerpo, de la vanidad, de la belleza terrenal es repudiada y quienes osan expresarla son duramente castigados.

Gracias a los bombardeos de la coalición liderada por Estados Unidos y a los combatientes kurdos, Erbil fue salvada in extremis del implacable avance del EI. En 2015, los yihadistas llegaron a solo 40 kilómetros de la capital kurda iraquí.

Hace un año, mientras los tiros de mortero resonaban en el frente, Goran caminaba por las calles de Erbil bajo la mirada desconcertada de los vecinos. “Al principio los comentarios eran negativos. Por la calle la gente me decía: ?¿Por qué llevas esa barba? ¿Eres del Estado Islámico??, ¡pero no es así!”, dice Goran. (Cómo saber qué jeans usar)

Aunque no comparten la visión fanática del islam del EI, nada más lejos, la gran mayoría de los kurdos iraquíes son musulmanes devotos. Su sociedad es de tradición conservadora; las comunidades religiosas, como los cristianos y los yazidíes, cohabitan pero apenas se mezclan, y las relaciones entre hombres y mujeres están férreamente encuadradas.

“Cuando en el mundo se escucha hablar del Kurdistán, lo primero que viene a la mente es terrorismo, guerra, una zona de conflicto. Quería cambiar esa imagen”, dice Goran.

Así, en el lugar y en el momento más inesperado, nació Mr. Erbil: un club de caballeros que a través de la moda y el buen vivir busca derribar los prejuicios de su sociedad y de la imagen que se tiene de ella en el extranjero. (Qué zapatos formales debe usar)

En apenas un año, Goran reclutó a 39 miembros de diferentes comunidades: musulmanes, cristianos, árabes, kurdos, turcomanos y otras minorías. Ellos son los hipsters del Kurdistán iraquí.

La barba, los pelos de la discordia

El peluquero cierra la mano derecha y la sacude como si estuviera haciendo un coctel. Luego, como imitando a un mago, la abre poco a poco y deja caer sobre la cabellera de su joven cliente un polvo que le crea una nube alrededor de la cabeza.

Otros siete jóvenes, todos miembros de Mr. Erbil, miran la escena y toman fotos con sus celulares mientras esperan su turno. Todos visten trajes y no tardan en aclarar que fueron hechos a su medida y usando géneros y texturas que no pasan inadvertidas. A ninguno le faltan ni el pañuelo que sobresale del bolsillo frontal del saco ni una barba en la que cada pelo parece obedecer las misteriosas reglas de la elegancia. Podríamos asegurar, quizá confundidos por el glamour, que los muchachos son bien parecidos.

“El polvo es para dar un aspecto mate al pelo —explica uno de los jóvenes—. Me llamo Ahmed, como el terrorista muerto”, dice y ríe a carcajadas, haciendo referencia al personaje Ahmed de un ventrílocuo estadounidense que se hizo célebre por sus bromas sobre los terroristas islámicos. (El francotirador más letal de la historia)

Ahmed Nauzad tiene 26 años y hace uno se unió a las filas del club de Goran. “Tenemos amor y pasión por la moda”, dice mientras se pasa los dedos entre su abundante barba.

En la región, la barba, sobre todo si es larga, tiene una connotación negativa asociada con el islamismo extremo. A pesar de que el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, no hace ninguna mención sobre el vello facial, se cree que Mahoma llevaba barba.

Y para imitar al profeta hasta en los mínimos e insignificantes detalles, los piadosos yihadistas la hicieron obligatoria en los territorios que controlan. Aunque sea rala, todos los hombres debían llevar barba. (Convirtiéndome al islam)

Hoy, cuando el ejército iraquí recaptura un pueblo de las manos del EI, lo primero que hacen sus habitantes masculinos es echar mano a las tijeras y afeitarse la barba para no ser confundidos con los extremistas.

“Es por eso que la gente en la calle nos pedía que nos cortáramos la barba. Para mí era agraviante que nos compararan con el EI. Ellos no son humanos, son monstruos. Entre los yihadistas y nosotros hay una enorme diferencia”, dice Ahmed, abandonando por primera y única vez su sonrisa.

Con los dedos afina constantemente los bordes del bigote mientras espera sentado en una de las sillas de la peluquería. “Hoy la gente nos reconoce. Todavía no les gusta que llevemos la barba, pero ahora saben que es algo de moda”, dice Ahmed, que lanzó junto con sus socios del club una marca de productos locales y orgánicos para el cuidado de la barba. (De turismo en el peor país del mundo)

Los caballeros de Mr. Erbil tienen en su espíritu tanto de rebeldía como de instinto comercial. Desde que el precio del petróleo se derrumbó, y con él la economía de la región, el desempleo y la falta de oportunidades para los jóvenes son moneda corriente. “Mi papá dudaba y me decía: ?¿Estás seguro de que vas a encontrar trabajo haciendo esto??, pero ahora que ve el resultado es él quien me motiva”, dice Goran.

Al fundar el club, se decidió que la moda debía servir para defender el medioambiente, concepto virtuosamente ignorado en el Kurdistán, y dar prioridad a la economía local devastada por la crisis. Hoy, bajo la marca de Mr. Erbil, sus socios diseñan joyas, producen zapatos hechos a mano, confeccionan trajes junto a sastres de la región y usan textiles autóctonos.

“Al principio, mi familia se burló por el estilo de ropa diferente que usamos. Porque nos vemos diferentes al resto de los kurdos. Especialmente mi hermano, que me repetía que mi manera de vestir podía ser aceptada en Europa, pero que acá estábamos en el Kurdistán —dice Ahmed—. Yo le respondía que si en Erbil había gente como yo, que disfrutaba vestir bien, entonces debería haber muchos más ahí afuera en la región. Pero en ese momento no teníamos un lugar donde poder encontrarnos y conocernos”. (Las mejores películas de guerra de la historia)

Fue entonces que Ahmed y Goran salieron a buscar nuevos adeptos. La estrategia era tan simple como audaz. Cuando veían a algún hombre en la calle bien vestido, refinado y elegante, lo abordaban.

“Les explicábamos nuestra idea. La mayoría reaccionaba bien, aunque algunos eran tímidos. Pero les atraía el proyecto —dice Goran—. A ese tipo de gente le gusta la ropa. Entonces cuando les dices un cumplido se ponen contentos”.

A pesar de que el estilo de Mr. Erbil desentonaba con las modestas costumbres locales, los fundadores no tuvieron problemas en encontrar nuevos adeptos. La noticia se expandía por las redes sociales.

“Tenemos ya una agencia de modelos. A los interesados les pedimos que manden fotos profesionales usando un traje, evaluamos su manera de vestir y luego decidimos si los aceptamos como miembros”, explica Goran, que casi no tiene tiempo para revisar las más de 200 solicitudes que recibieron en los dos últimos meses. “Incluyendo la de mi hermano”, dice satisfecho Ahmed.

Los altoparlantes de las mezquitas del casco histórico de Erbil llaman a los fieles al rezo de la tarde. Indiferentes a los cantos coránicos que resuenan por las estrechas calles de piedras, los miembros de Mr. Erbil, anteojos negros puestos, caminan por la ciudad.

Ahmed se detiene frente a un puesto callejero de comidas y compra algunos dulces. Quizá lo hace solo para dar tiempo a las dos muchachas que pasan junto a ellos sin sacarles los ojos de encima, por deseo o por sorpresa. “La semana pasada estuvimos en otra ciudad para una actividad y las chicas nos reconocían. Decían ?Ahí van los de Mr. Erbil?”, cuenta Ahmed, gozando la atención.

“Guardad vuestra mujer, tratadla honestamente”. Sura II. Corán.

Además de buscar atención, los miembros del club hicieron de los derechos de la mujer una de sus banderas.

“En Medio Oriente, los hombres tratan a las mujeres de manera desigual —dice Rawa Salih, 27 años, que se unió al club hace siete meses—. Este grupo es mucho más que vestirse bien y sacarse fotos”, agrega, mientras posa con un traje gris de cuadros y un sobretodo negro que le cuelga de los hombros.

“La moda es una herramienta para organizar otras acciones, por ejemplo, la lucha por los derechos de las mujeres”, explica Ahmed.

En Irak, las chicas y chicos no pueden juntarse con facilidad en el espacio público sin ser objeto de rumores y escándalos. La interacción entre ellos se traslada entonces al mundo virtual de las redes sociales. Usando sus cuentas de Instagram y Facebook, donde tiene decenas de miles de seguidores, Mr. Erbil resalta el trabajo de las mujeres locales. (Mujeres en la guerra)

“Llamamos al jueves el Día de la Inspiración Femenina”, dice Ahmed y explica que una vez por semana ponen el perfil de una mujer que se destaca por su labor. Así, sus seguidores descubren el trabajo de emprendedoras, militantes feministas y científicas, como el caso de la médica y activista política kurda Kochar Walladbegi.

“A una hora de acá, en Mosul, hay un mundo diferente —dice Rawa, refiriéndose a la segunda ciudad de Irak, donde todavía reina el EI—. Soy musulmán, pero antes soy humano. Nosotros creemos que somos todos iguales, más allá del género o de la religión”.

Sin embargo, decenas de hombres bien vestidos y peinados no pueden subvertir el orden de una sociedad milenaria en solo un año. La mayoría de las mujeres que el club de caballeros menciona en sus redes sociales lograron sus objetivos fuera del Kurdistán iraquí, en países como Suecia, Noruega, Australia o Estados Unidos. (Así viven la guerra contra Isis los soldados colombianos)

Goran no ignora el desafío de una realidad por ahora aplastante. Sin abandonar su postura dandi, prefiere responder citando al cineasta francés Jean Cocteau: “El estilo es una manera muy simple de decir cosas complicadas”. Él y Ahmed sonríen. Y se acarician la barba.

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