El fetiche de los pies existe. Y a quienes caen rendidos antes ellos se les denomina podófilos. Que no hay que confundir con pedófilos, salvo que se trate de una parafilia por los pies de las menores de edad. Esta fijación abarca desde chuparse los dedos de los pies descalzos de Shakira hasta ser pisoteado por los tacones lejanos de Miguel Bosé.

Un fetichista de pie (o sentado) siempre preferirá hacerle a su víctima un pedicure que la cera del bikini. Y en vez de ginecólogo, ser ortopedista. O zapatero. Porque dicen que los tacones son la cosa más fálica del mundo, si es que un falo se parece en algo a un par de botas blancas de plataforma de 20 centímetros caminando solas por la avenida Caracas. Algunas explicaciones atribuyen este fetiche al hecho de que el pie y los genitales ocupan áreas contiguas en el córtex somático-sensorial, posiblemente habiendo enlaces entre los dos. Otras, que hay quienes les gusta ser tratados a las patadas. Pero si de perder la cabeza por unos pies se trata, el más fetichista de todos fue el príncipe de la Cenicienta. ¿Su reino por una zapatilla de cristal? Claro, más fetichista habría sido si le gustaran los pies llenos de juanetes de sus hermanastras. Porque está demostrado: nada más sacacallos que un fetiche. Pero dejémoslo solo en los pies.

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