El control remoto para los hombres, al contrario de lo que piensan muchas mujeres, no es una extensión de la virilidad ni el único control que nos queda en la vida. Es un hábito de consumo que gozamos a plenitud cuando estamos solos. Explico.

Desde que encendemos el televisor nos sumergimos en una extensiva búsqueda de contenido a un ritmo de pulgar de 23 canales por minuto que estimule levemente nuestra imaginación. Si llegamos a encontrar algo que nos llama la atención paramos pero no por más de tres minutos porque sabemos con certeza que nos estamos perdiendo de algo más interesante en otro canal. Al final de la tarde terminamos roncando a pulmón batiente con el control remoto reposando tiernamente en una barriga repleta de comida chatarra. No vimos nada completo, pero vimos televisión y así somos felices.  

Es difícil de creer, pues las mujeres consumen televisión de una forma muy diferente. Prenden, buscan, encuentran, ven y apagan. Pero para que ellas entiendan este extraño hábito masculino es necesario que veamos un hábito femenino que para nosotros es igualmente extraño. Ir de compras.

Una mujer sola puede pasarse la tarde en un centro comercial y no comprar nada después de haber desbaratado todas las tiendas, pero eso jamás les quitará el goce de haber ido de compras. Y así son felices.

La solución: a partir de ahora, cada uno va a tener el control total de un sábado por la tarde cada 15 días. Y así cada uno hace lo que quiera en su tiempo libre y es feliz. ¿Trato?

¡Ay! ¡Si en la vida todo fuera tan fácil!

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