El niño estaba muy pequeño cuando su papá biológico murió, así que lo más cercano que tuvo a un papá fue David. Murcia llegó a La Hormiga procedente de Pitalito, Huila, en 2003, por invitación de Rosita Rosero, una señora muy conocida por su liderazgo. Ella se fijó en David, y al notarle las ganas de salir adelante y esa entrega hacia los demás no dudó en abrirle las puertas de nuestra ciudad.

Cuando llegó tenía 20 años, era un muchacho flaco, alto, de cabello largo, un look que en los hombres nadie había visto en La Hormiga. Vestía de chalequito, muy sencillo y bien presentado. Levantó gran suspicacia en el pueblo porque la gente no sabía quién era y para esa época la población estaba estresada y muy nerviosa por la delincuencia que se había apoderado del pueblo. Pero cuando se dio a conocer, para muchos de nosotros fue como si hubiera llegado un ángel, pues no estaba de acuerdo con las injusticias, nunca compartió con ningún bando y procuraba no dañar a nadie. Se vinculó a la radio y dirigió un programa de jóvenes solidarios en la emisora comunitaria Proyección Estéreo, que lideraba el sacerdote Carlos María Zárate. El programa de David en la emisora era a las cuatro de la tarde, luego pasó a las cinco y media, y se convirtió en un guía espiritual: consejos, reflexiones y demás. También abordaba temas sobre la paz, porque no queríamos más sangre, más delincuencia, siempre reclamábamos la paz.
David era un gran líder y también un enamorado. Les echaba sus piropos a las muchachas, pero no era correspondido. Al contrario, las chicas le respondían: “¡Este mechudo tan confianzudo!” y enseguida me miraba como para que le subiera la moral. Le decía “tranquilo que usted va a ser un gran empresario y luego lo buscarán para pedirle trabajo”. 
Vivía de la venta de productos naturales. En un comienzo le estaba yendo regular, pero después de que empezamos a trabajar juntos se inventó cinco catálogos, se contrataron líderes y poco a poco fue mejorando hasta lograr una excelente acogida en la región. La primera venta por catálogo fue de veinte millones de pesos y una sola líder le alcanzó a manejar un pedido de cinco millones. Es que muchas personas superaron problemas de salud con los productos que vendíamos y el éxito grande fue una crema de la que se despachaban entre diez y doce cajas al día. Así pasó de una piecita a vivir en un hotel. David solo decía “que Dios bendiga nuestro trabajo y que se haga la voluntad de él”. 
También era un hombre estudioso y le gustaba mucho leer. Eso fortaleció su proyecto empresarial. No dormía porque se dedicaba a estudiar, estudiar y estudiar, “así es que se aprende”, decía. Le aconsejábamos que descansara un poco, porque era estresante tanto trabajo y eso afectaba su salud. A eso respondía que el tiempo que se perdía era lamentable, porque se le robaba a Dios. Siempre afirmaba que si queríamos tener algo, debíamos sacrificarnos, porque las cosas no llegan así no más. 
Pero David hizo muchas cosas, trabajó en la Alcaldía del Valle del Guamuez como camarógrafo y un día que salió con el alcalde Fabio Paz, lastimosamente la guerrilla le quitó la cámara; se lo iban a llevar y el pueblo protestó al considerar que era una injusticia con un muchacho que estaba trabajando. Luego de eso David no se desmotivó, por el contrario, dijo que iba a luchar y seguir adelante a pesar de unas amenazas que había recibido. Siempre insistía en que tenía un sueño por cumplir y ayudó a construir una casita de una familia necesitada en el municipio. Era muy humanitario, por eso la pegó mucho conmigo, pues también soy muy solidaria y me gusta que las cosas se hagan correctamente. 
David aprendió muchas cosas de mí y yo mucho de él. Me confesó que había aprendido de mí las cosas de una mujer líder que luchaba por los demás. En cambio yo a él le agradezco que me haya enseñado que para lograr algo hay que luchar fuertemente y en función de los más necesitados.

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