Los economistas llaman subempleado a todo aquel que no está cobijado por las leyes laborales. Un paseador de perros tiene una actividad económica, pero carece de seguridad social y encaja perfectamente en la definición. Sin embargo, existen oficios que, además de pertenecer al trágico y versátil mundo del subempleo, florecen debido a la capacidad de rebusque del colombiano.
De acuerdo con las leyes de la subsistencia laboral, a nadie se le paga por no hacer nada. Al menos en el sector privado. Y cada trabajo, o llena una necesidad o desaparece. El oficio de jardinero, por ejemplo, hasta hace poco existía por el hecho de que la mayoría de la gente vivía en casas, y muchas tenían jardín. Los jardineros recorrían los barrios en bicleta con un bulto de pasto, una máquina cortadora de césped, unas tijeras de podar y un hijo en la parrilla. Además de jardineros eran equilibristas. La inseguridad y la densidad urbana convirtieron a la casa en artículo de lujo, y hoy casi todo el mundo vive en apartamentos, con lo cual desaparecieron los jardineros.
Un ejemplo de lo que podríamos llamar nuevos frentes de trabajo es el de 'anunciador' de restaurante. Son muchachos entre los diez y veinte años que, con un par de coloridas banderas, intentan llamar la atención de los conductores. Se visten de pantalón negro y camisa blanca y llevan un delantal rojo, con lo cual dan la impresión de saber de cocina, aunque parezcan meseros regañados pagando alguna falta. Apenas ven un automóvil mueven la bandera, primero, de una manera pausada y, en la medida de que el posible cliente se acerca, la velocidad y los giros adquieren nuevos ritmos, hasta llegar a un frenesí total. No logro imaginar a un conductor que decida escoger determinado restaurante por la forma en que el 'anunciador' mueve sus banderas. Desconozco también el nombre de este oficio y no sé si el índice de gestión se mide por el número de carros que logren convencer o por las horas de trabajo.
Otro caso interesante es el de los ayudantes de flota. Son jóvenes cuya labor consiste en ayudar al conductor (es necesario haber sido ayudante para llegar a ser chofer) a encontrar pasajeros a lo largo de la vía, y a hacer las veces de direccionales. Se cuelgan de las manijas de la puerta delantera -las flotas solo tienen una puerta- y desarrollan una sorprendente habilidad para detectar, a 300 metros de distancia, hacia dónde se dirige una persona. En el término de segundos, alertan al conductor sobre la presencia de un nuevo cliente, e inician, mediante potentes chiflidos, una operación múltiple que consiste en: a) abrirse paso por la vía hasta detenerse frente al pasajero, b) abrir, con la flota en movimiento, el compartimento del equipaje,c) acomodar las maletas del pasajero y d)erseguirla a toda carrera hasta asirse a la manija de la puerta.
Y está el caso de los vendedores de merengón de guanábana en las carreteras aledañas a Bogotá. Jamás he visto a nadie comprando merengón, pero siempre observo al borde de alguna de nuestras carreteras una camioneta, especialmente Renault 12 modelo 79, con el baúl abierto y ofreciendo el producto. Se estaciona en reversa y abarrotada de merengón (siempre de guanábana) permanece allí varias horas. Si nadie comprara merengón de guanábana, no habría camionetas vendiendo merengón de guanábana. Cuál será el secreto del merengón: ¿su precio?, ¿quizás el sabor?, ¿a lo mejor la textura del merengue? O simplemente una combinación de las tres cosas. Y si tienen clientela, como supongo que la tienen, ¿por qué no ofrecen otros productos? ¿Por qué no venden empanadas, café o fresas con crema? No lo sé. Exclusivamente merengón y siempre de guanábana.
¿Cuántas nuevas ocupaciones traerá el futuro? ¿Y cuantos oficios desaparecerán? Lo iremos sabiendo poco a poco. Lentamente. En algunos países desarrollados se pagan bien trabajos como los de conversador, asistente a fiestas o asesor sexual. La prosperidad genera necesidades pero la pobreza también. A lo mejor en algunos años los 'anunciadores' de restaurante serán reemplazados por dirigibles, los vendedores de merengón por recetas virtuales y los ayudantes de flota por computadores.

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