Alfredo Molano haciendo rapel

"Lo más heroico que he hecho en mi vida a excepción de capar colegio para ir a ver una película de Brigitte Bardot en el Teatro Imperio ha sido botarme en carros de balineras por el matagente, un circuito que circunvalaba un parque en Chapinero. La idea de lanzarme en parapente —comenzando por el prefijo— me puso los pelos de punta, “y menos ahora —me excusé con Daniel Samper— que llegaron los vientos de agosto. No quiero quedar enredado en una cuerda de alta tensión”. “Yo no sé —me respondió con malicia—, pero ya Eduardo Escobar estuvo en un rally…”. Los puntos suspensivos me hicieron dudar y acepté hacer montañismo, la alternativa. En realidad, pensé, caminar por las montañas lo he hecho siempre." Lea la crónica acá.


"Cada vez que SoHo nos propone un tema que conlleve algún riesgo, como en este caso a un señor de 70 que nunca ha practicado un deporte y ni siquiera se ha tocado los dedos de los pies con los de la mano sin doblar las rodillas, y a lo sumo ha practicado el salto del ángel1 dos o tres veces sobre muñecas de goma, dar el salto al vacío celeste es un peligro superior a enfrentar la experiencia posterior en 15 cuartillas, con frases insertas dentro de otras frases, al estilo de una cebolla cabezona compuesta por capas innumerables, vaya como ejemplo este amplio período que nada tendría que envidiarle a Proust, o cuando contrató al poeta Eduardo Escobar para que se lanzara en paracaídas de un helicóptero, cosa que al final no hizo del miedo y la tembladera, dejando al fotógrafo colgado de la brocha en el aire, pero se fajó en la crónica una aún más temeraria apología de la cobardía, o cuando a mí me mandaron al dermatólogo a que me llenara la calva de la frente de pelos del occipucio y quedé como un puercoespín bien peinado, digo, cuando SoHo nos hace eso aprovechándose de nuestra penuria poética, Eduardo Escobar y yo pensamos en la frase final de un cuento de Jaime Jaramillo Escobar, donde una puta respetuosa después de narrar los altibajos de su faena exclama: “Las cosas que hay que hacer para ganarse el almuerzo”." Lea la crónica acá. 
 
 


"Repasé el tiempo transcurrido desde el momento en que el editor Diego Garzón me propuso que fuera a correr la segunda etapa del Rally de Colombia en el desierto de la Tatacoa, por cuenta de SoHo, con honorarios de campeón de Fórmula 1. Recordé el sentimiento de bienestar en el pie del acelerador como el que se experimenta en la inminencia del orgasmo cuando me hizo la invitación. Cómo había llamado a mi hijo Simón para que fuera mi copiloto y mecánico ya que no había tiempo de buscar uno experimentado. Y cómo nos pusimos en marcha al amanecer bajo la garúa helada. ¿Y me habían hecho correr cuatrocientos kilómetros desde mi casa, para nada, como en una broma?" Lea la crónica acá. 

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