Los dientes de Diomedes Díaz han sido todo un tema en su vida. Primero, porque se puso un diamante en uno; después, porque se le cayó, y ahora, porque lo acaba de reponer con otro más fino. Hablamos con su sobrino y odontólogo Daniel Zabaleta, un vallenato de 32 años que es, desde hace unos meses, el encargado de cumplirle todos los caprichos dentales al Cacique de La Junta. Su nueva misión —y esto es una chiva—: ponerle muelas de oro. (La eterna parranda de Diomedes)

¿Cuál es su vínculo con Diomedes Díaz?
Diomedes es tío mío por parte de mi mamá, Gloria María Díaz Maestre. Él es el mayor de diez hermanos, le sigue ella.

¿Y son cercanos?
Claro, soy su sobrino mayor. Mi papá, Idelciro Zabaleta, me cuenta que el día que nací fue a recibirme con Diomedes. Cuando el médico les avisó que yo era mono y de ojos azules, ellos me bautizaron ‘el Cachaco’.

¿Usted qué estudió?
Estudié Odontología en la San Martín de Barranquilla y, después de hacer varios diplomados en Estética e Implantología, mi tío me dijo: “Sobrino, me han hecho un poco de trabajos malos, quiero que usted sea mi odontólogo, el que me ponga nuevamente el diamante. Si quiere hacer una especialización, yo se la pago donde quiera”. Le hice caso y me fui para Italia.

¿Con toda la especialización pagada por él?
Sí. Duré tres años allá. No había especialización en Odontología Estética, pero hice cursos de blanqueamiento y reparaciones. Desde que regresé, estoy haciendo otra especialización, semipresencial, en la universidad paraguaya Hispano Guaraní, que esa sí me da el título en Odontología Estética.

¿Cuándo fue la primera vez que atendió a Diomedes?
Hace como un año nos encontramos en España y él me dijo: “Yo voy a esperar a que termine sus estudios, porque ya estoy cansado de que me estén haciendo nada: a un odontólogo famoso le di 45 millones y, mire, no me duró”. Él estaba incómodo porque le hicieron unas prótesis que se le partían. Además, el diamante que le habían puesto en 1993 se le cayó y quería que yo se lo volviera a poner.

¿Y entonces…?
Cuando se enteró de que en abril de este año abrí un consultorio en Valledupar, dijo que él lo iba a estrenar: “Voy para allá, sobrino, espero que no esté ningún paciente ahí, yo le pago todo”. Entonces cancelé otras citas que tenía y lo atendí por primera vez. (El hombre que tenía una camisa de oro)

¿Fue ahí cuando le puso nuevamente el diamante?
Ahí empezamos. Lo del diamante era solo una parte del tratamiento, incluso tenemos una cita programada porque no hemos terminado, pero pasó lo de la hernia. (Un día antes de esta entrevista, Diomedes fue operado de lo que parecía ser una hernia discal y resultó ser un tumor, que le fue extirpado en la Clínica del Country de Bogotá).

¿Y qué le hace falta?
Hacen falta unos implantes que él quiere en oro. Yo le dije que eso era antiestético, pero él me respondió: “Hazme las muelitas de oro, hombre”.

¿Y cuántas son?
Son ocho, cuatro muelas arriba y cuatro abajo.

¿Cuánto cuesta una muela de oro?
Como es la primera vez que voy a poner una, tendría que llamar al técnico a ver cuánto me cobra. Es que el oro antes se utilizaba por lujo, pero en odontología es el mejor material para copiar las estructuras dentales.

Bueno, pasemos al diente del diamante…
Es el 22, el incisivo superior, que está al lado del colmillo izquierdo.

¿Qué sabe del diamante viejo, el de 1993?
Ese diamante le costó seis millones de pesos. Mi papá, que en ese momento era el mánager, tiene el certificado, pero esa piedra se le cayó y duró unos años sin ella. ¿Pero sabes qué? Eso del diamante está de moda en Italia. Allá conocí a muchas adolescentes con diamantes, no del tamaño del que tiene Diomedes, pero sí chispitas. La moda no tarda en llegar acá: ¡mi tío estaba adelantado 20 años!

¿Qué tamaño tiene el diamante de Diomedes?
No sé exactamente. Lo que sí sé es que es más grande que el de mi anillo de matrimonio, que es de 0,60. Este de ahora lo compró en India, le costó 20 millones y es más fino que el anterior. (De acuerdo con el certificado, el diamante de Diomedes mide 4,61 x 2,70 mm y pesa 0,39 Q.T).

¿Qué se hizo el primero?
Creo que se perdió.

¿Por qué se le cayó?
Como él bruxa, es decir que aprieta los dientes involuntariamente, el diente se le estaba desgastando y estaba llegando al borde del diamante. Prácticamente se iba a caer, y le tuvieron que cambiar la prótesis.

¿Quiere decir que el diamante no estaba sobre un diente original sino sobre una prótesis?
Sí, ese diente se le cayó cuando era joven. Tú sabes que antes, cuando llegaba el odontólogo a un pueblo, no era a calzar dientes sino a sacarlos: el que tuviera caries, para fuera diente. (Memorias de un tacaño en Dubái)

¿Sabe por qué se puso un diamante y no otra piedra preciosa?
Me imagino que porque es la piedra más costosa, la más bonita, la más exótica. Sé que lo hizo porque una vez, hace muchos años, después de cinco horas de sesión de fotos, el fotógrafo escogió una en la que se notaba que le faltaba un diente. Eso no le gustó y decidió compensar: “Me hace falta un diente, pues ahora me lo pongo con diamante”.

¿Cómo es el procedimiento para poner el diamante?
Un diamante del tamaño del de mi tío tiene que hacerse sobre una prótesis o sobre un diente que tenga tratamiento de conducto, porque es muy grande. Pero para uno pequeño es simple: se hace una cavidad, se coloca el cemento, se pega el diamante y listo.

¿Qué cuidados dentales debe tener Diomedes?
Nada raro. Él se cepilla normal y, como le gustan sus dientes blancos, entonces se aplica bicarbonato, porque dice que siente una sensación de limpieza. Y le fascina su pasta dental Close Up, la rojita, yo le digo que use Colgate, pero no me hace caso.

¿Hay alguna canción de Diomedes en la que hable de su diente con diamante?
No, hasta el momento no.

¿Y alguna en la que lo nombre a usted?
Bueno, Diomedes no, pero sí sus hijos Martín Elías, Rafael Santos y Diomedes Dionisio, y mi tío Élber Díaz. Pero él me dijo: “Lo voy a nombrar una, dos, hasta tres veces si es el caso, porque estoy recontracontento con el diamante, ahora sí soy el mismo Diomedes de antes”. Y después remató: “¿Usted tiene carro”. Y yo: “No, tío, yo invertí toda mi plata en el consultorio”. Y ahí me prometió que me iba a regalar un carrito.

¿Y se lo regaló?
No todavía, pero yo tampoco lo he presionado. También habló de comprarme el consultorio. “Jose, ¿esto cuesta más que una Toyota Prado, verdad”, le preguntó al mánager. Y el otro: “Claro”, y se echaron a reír. Él es muy sencillo, atenderlo es una risa.

Suena muy generoso…
Uy, sí: la vez que cancelé a otros pacientes por él, me preguntó cuánto me iban a pagar. Y cuando le dije que un millón, le pidió a Jose que me diera cinco. (El gato que heredó diez millones de euros)

¿Y cuánto le pagó por la incrustación del diamante?
No, yo no le estoy cobrando, sería de mal gusto, desagradecido. Pero cada vez que viene me da algo. La última vez me regaló 4000 dólares.

Cambiando de tema, ¿a usted también le gusta el vallenato?
Soy vallenato 100 %, también compongo. A Diomedes le gusta una canción mía, dice que la va a grabar.

¿Y por qué no siguió en el camino del vallenato?
Mi mamá no quiso: decía que primero estudiar y después sí aprender a tocar acordeón o lo que quisiera. Le hice caso y, mira, no soy vallenato pero voy a dejarle la sonrisa perfecta al más grande de todos, al Cacique de La Junta. 

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