A los 16 años me caí de un quinto piso por andar rebuscándome la vida en una construcción. En ese momento la actuación era un mundo que me apasionaba, pero las heridas del accidente me cerraron todas las puertas.

Opté por dedicarme a la electricidad y curiosamente esa decisión de nuevo me puso en el camino el tema de la televisión, ya que con mis trabajos conocí gente que hacía grabaciones y me empezaron a llamar para hacer de extra en novelas como Detrás de un ángel, Asunción, La otra raya del tigre y San Tropel. En Asunción me dieron un personaje de más figuración, era un líder comunal y lo hice bastante bien. Alberto Chacón, el jefe de extras, me dijo que me necesitaba para una grabación que iban a hacer en La Calera. Al bajarme de la buseta me saludó Carlos Vives, se quedó mirándome, charlamos un rato y luego me propuso ayudarle con un personaje. Ahí empezó una amistad que aún perdura.

Luego conocí a Santiago Moure y a Martín de Francisco y me preguntaron el porqué de mi gusto por la actuación y si tenía algún apodo. Mis sobrinos me decían y me dicen Tío Porky, a ellos les gustó el apodo y lo adaptaron a Cerdo.

Luego de muchos ensayos logré la concepción del personaje y sus características, como cuando asomaba la cabeza por la taza del baño. Yo me inventaba los gestos, sacaba las manos y la lengua, también me dejé crecer el pelo y descubrí a doña Anciana de Crépita, un personaje de mi barrio que también tuvo su cuarto de hora dentro del programa.

La experiencia en La tele me dejó cosas buenas y malas. En lo positivo, rescato los buenos contactos que hice, el cariño y el reconocimiento de la gente y el hecho de que a veces me llaman para hacer un papel en algún seriado. Dentro de lo malo, les cuento que me reportaron en Datacrédito por perder un beeper que me dieron y aún lo debo. También me amenazaron de muerte con el argumento de que me estaba metiendo con la integridad de la gente. Incluso, una vieja loca me rompió el vidrio de la puerta de mi oficina.

Durante mi época dorada ganaba bien, me consentían bastante y comía en los mejores restaurantes. Con lo que me gané pude adquirir un lote que le dejé a mi ex esposa y he sacado adelante a mis cuatro hijos. Ya en el año 96 me di cuenta de que me pagaban por capítulos y me llamaban menos. La plata era escasa y preferí decirles que dejáramos eso así. La fama nunca me ha cambiado. Todo fue y es lo mismo, lo único es que como electricista no me volvieron a llamar.

Empecé a hacer teatro y a conocer nueva gente. Me llamaban para hacer otros papeles y lo hacía con gusto, a pesar de que no me pagaban muy bien.

De vez en cuando me he encontrado con gente que tiene imágenes mías, cuadernos con recortes del Cerdo o láminas con mi figurita en dibujos animados, todo eso me llena de alegría y nostalgia, soy muy sensible. Ojalá hubiera podido dar todo lo que me pedía el público.

Lloré cuando se acabó mi experiencia en La tele y me dediqué a salir adelante en otro lado. Actualmente trabajo con @CELCOM, la empresa de televisión comunitaria de Bosa, donde soy ejecutivo de mercadeo del canal. También represento artistas, modelos como Ángela Acevedo y cantantes de música llanera como Lewin Díaz.

Hoy quisiera revivir al Cerdo y necesito gente con visión que quiera volver a relanzar a este personaje. La gente me lo pide y creo que a un país como el nuestro siempre le hará falta. ¡Oigo propuestas!

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