1. Toda mi vida ha girado alrededor de la amistad. Cuando terminamos el bachillerato en el Liceo Antioqueño, mis amigos y yo nos sentamos a pensar qué estudiar. A mí me llamó la atención Agronomía, porque me decían que uno se ponía botas y que andaba por fincas, y eso escogí. Fuimos todos a la Universidad Nacional, presentamos el examen y yo me fui de vacaciones con mi papá. Un día me llamaron mis amigos a decirme que no todos habíamos pasado y que entonces nos íbamos a inscribir en la Universidad de Antioquia. Yo sí había entrado a Agronomía, pero me dijeron que igual me habían metido a Odontología en la de Antioquia. Aunque yo no sabía bien de qué se trataba eso, cuando volví a Medellín me presenté y pasé. Luego arranqué y me amañé.

2. Ejercí la odontología durante 14 años. Cuando era jugador de Nacional, me tocaba hacer el rural, y me valieron que atendiera a los jugadores y a sus familias. Lo bueno era que todos los niños de las inferiores querían que yo fuera su dentista. Una vez llegó a consulta un pelao de 12 años: el “Bendito” Fajardo. Luego tuve la oportunidad de dirigirlo en la Libertadores que ganamos con Nacional, en el 89, y en el Mundial de Italia 90.

3. El técnico uruguayo Luis Cubillas me convenció de dedicarme de lleno a dirigir. Cuando el hombre era entrenador de Nacional, se pasaba por mi consultorio todos los días y me decía: “Pacho, vení y me ayudás con los muchachos. Ellos te respetan, vos podés ser un gran entrenador”. Yo no estaba convencido del todo, pero él insistía: “Mirá, cuando salgás del consultorio pasate por mi casa y si ves la lucecita prendida, timbrás que ahí estoy”. Yo salía, veía la luz y él me recibía con whisky. Hablábamos de fútbol, estudiábamos, él me ponía tareas. Entonces yo ya sabía que cada que veía la luz prendida, había whisquicito. Y así empecé.

4. Hace unos días me llamó Luis Fernando Suárez a preguntarme si me acordaba de la charla que di cuando llegué por primera vez a dirigir Nacional. “Luisfer, no jodás”, le respondí. Luego me encontré con Fajardo, y lo mismo. Entonces me vino a la mente que por entonces los dirigentes me la pusieron fácil: el objetivo era entrar al octogonal. Me reuní con los muchachos, les dije lo que pretendían los de arriba y empecé a preguntarles: “René, ¿qué opinás?”. “Sí, Pacho, hay que lucharla”, me dijo. “Luisfer, ¿vos?”. Y lo mismo. “Fajardo, ¿vos qué decís?”. Igual. Entonces cogí los papeles que tenía en la mano y los boté contra el piso. “¡No, hijueputa! ¡Estoy en el lugar equivocado! ¿Ustedes son capaces de tan poquito? ¿No se han dado cuenta de que son buenos? Ese cuento del octogonal que se lo coma el dirigente, nosotros vamos por lo máximo”. Todos temblaban del susto, pero eso los despertó.

5. En 1989, jugamos con Nacional la final de la Copa Intercontinental en Tokio contra el poderosísimo Milán de Arrigo Sacchi. En ese momento yo tenía a los muchachos encarretados con el cuento de que tenían que portarse bien, no dar papaya por ahí, ser juiciosos. Luego del partido, que perdimos 1-0, les dije: “Bueno, salgan. ¿Están en Tokio y no van a conocer? Vayan, pues, pero no jodan por ahí. Pilas”. Esa noche me quedé charlando en la habitación de Andrés Escobar, al que le habían infiltrado la pierna y aun así había jugado, entonces tenía un dolor el berraco. Como a las 3:00 de la mañana empezaron a llegar los muchachos. Todos pasaban por donde estábamos a ver cómo seguía Andrés, pero yo los veía con una risita. Hasta que les dije: “A ver, pues, ¿para dónde se fueron?”. Y me dicen: “No, profe, es que acabamos por allá en un burdel”. “¿Y cuál es la risita, entonces?”, les pregunté. “Es que allá estaban también los jugadores del Milán: Maldini, Van Basten, todos los que usted nos puso de ejemplo de cómo debíamos portarnos…”.

6. A Higuita lo quiero muchísimo. Una vez me fui a donde la mamá de Magnolia, cuando era su novia, a decirle que me lo casara. Es que en esa época él tenía muchas mujeres y yo necesitaba que estuviera juicioso. Entonces le dije a la señora que necesitaba casar a ese man con su muchacha, que ella lo iba a ayudar. Y listo: me creyó, presionó y terminaron casados.

7. Todavía me acuerdo del partido con Camerún, en Italia 90, cuando el “Loco” cometió ese error. Después de ese regalo íbamos 2-0 abajo, cuando de pronto, ¡pum!: hacemos un gol. En el banco no lo cantamos; nos miramos y dijimos: “Ay, jueputa, ahora sí van a condenar a René”. Así era la amistad de ese grupo. Luego, en el camerino, lo miré y le dije: “Loco, caminá a la rueda de prensa y me ayudás a explicar esa cagada”. Y él se paró de una. Es que en los momentos más difíciles hay que dar la cara.

8. Cuando René hizo el escorpión en el estadio de Wembley, yo estaba en España, porque ya no era el técnico de la Selección. Después del partido, lo llamé y le dije: “¡Vos sí sos irresponsable!”. Él se rio y me respondió: “Esa jugada ya estaba viciada, el línea ya había levantado la bandera por un fuera de lugar. Por eso lo hice: ¡yo no soy tan loco!”.

9. En Estados Unidos 94, el error fue no blindar el entorno, como habíamos hecho en Italia. A la dirigencia le dio por decir que había que unir el país a través del fútbol y la concentración se llenó de gente, de periodistas, todos opinando. Luego aparecieron las amenazas. Antes del partido con Estados Unidos, el Bolillo me dijo que si ponía a jugar a Barrabás, su hermano, lo mataban. Yo me derrumbé, ya no tenía espíritu: había entrenado toda la semana para una cosa y ahora tenía que decirles a los muchachos que íbamos a hacer otra. Y “Boli” me dijo: “Pacho, es que la amenaza no dice que te van a matar a vos; es a mi familia”.

10. Después de quedar eliminados del Mundial del 94, hablamos todos. Como el fútbol siempre ha estado muy ligado a la salsa, les dije a los muchachos lo mismo que dice un disco por ahí: que la calle está dura. “Vayan con sus familias, ya les hemos quitado mucho tiempo, pero tengan cuidado”. Entonces Andrés Escobar se me acercó y me dijo: “Pacho, yo me voy con vos a Colombia, voy a dar la cara”. Ya de vuelta, llamé a Bolillo y le dije: “Boli, Andrés no tiene para dónde irse el fin de semana, caminá pa’ la finca y nos quedamos allá los tres”. Ese era el programa, cuando esa misma noche me llamó y me dijo: “Pacho, mataron a Andrés”. Y yo solo atiné a responderle: “¿Pero dónde estaba? ¡Por Dios! ¿No les dije que no salieran, que la calle estaba dura?”. Es que en Medellín, en esa época, la gente no peleaba sino que te pegaba un tiro.

11. El partido del 5-0 a Argentina empezó bravo. Es más, en un momento le dije a Hernán: “Se nos vino la noche, toca hacer un cambio”. Y entonces llegó el gol de Rincón, al final del primer tiempo. Luego, en el segundo, hicimos gol tempranito y la cosa se puso más tranquila. Cuando se acabó el partido y llegamos a la sala de prensa, estábamos asustados porque los argentinos nos iban a linchar, pero resultó que todo el mundo se paró a aplaudir. Es que la gente de fútbol sabe perder, los países que tienen historia respetan. Y entonces me dice Bolillo: “Pacho, ahora tenemos que ganar el Mundial, no queda de otra”. Cuando llegamos al hotel, estaba Pastor Perafán, el mafioso, repartiendo champaña. Todo el mundo se abrazaba, hacía la ola, pero yo al ver eso me fui para mi habitación y no salí.

12. Cuando me fui a entrenar al Valladolid, en España, me llevé al Pibe. Para mí siempre ha sido un jugador muy especial, con carácter. Pero ojo: me peleé con el país por él, porque cuando empezamos nadie lo quería. Y aguanté hasta que apareció por fin el Pibe que buscaba, en el repechaje para el Mundial del 90, con Israel. En Valladolid le tocó duro, porque en esa época, en Europa, un 10 hacía goles, y el Pibe no es goleador, nunca pateaba de afuera. Una vez el Pibe metió gol, y arrancó el estadio entero a gritar: “Aleeeluya, aleeeluya”. A mí eso no me gustó y después del partido lo llamé: “Pibe, hagamos una cosa: acá, de locales, voy a poner a Fonseca, un 9, y de visitante jugás vos”. Y se quedó mirándome y me dijo: “Eche, te la cambio: yo juego los locales”. Ahí le respondí: “Comé mierda: jugalos todos”.

13. En esa época del Valladolid, el Real Madrid me mandó a un entrenador que tenían en las inferiores para que trabajara conmigo. Era Rafa Benítez. También me prestaron a un jugador, un puntero derecho que jugaba más bien que un berraco, y al año lo querían comprar porque lo puse de central: José Luis Pérez Caminero. De hecho, el Real me iba a contratar como técnico; el que dio el visto bueno fue Vicente del Bosque. Estuve yendo a Madrid para armar el equipo, que entonces dirigía Di Stéfano y estaba perdiendo mucho. Me dijeron que iban a poner a un técnico interino mientras afinaban detalles, y así llegó Radomir Antic, que entrenaba a las inferiores en el Zaragoza. Pero ganó ocho de los nueve partidos siguientes y lo dejaron. Ahí me ofrecieron ser mánager para entrar cuando él perdiera, pero dije: “No, yo no soy un gallinazo esperando la carroña pa’ comérsela”. La prensa decía que yo debía pedir indemnización, pero no pedí nada. ¿Qué iba a pedir si no trabajé?

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