1.

No tienen más de nueve años. Rubios, cabellos cortados a la taza, shorts y chanclas. Los dientes como puertas, la flacura de un lápiz.

Pasan a la carrera pero alcanzo a verles las camisetas estampadas. Mamá los jala por un pasillo de cemento que lleva hasta un pequeño bosque en el Glenn Chamberlin Park. Es mediodía y el sol lanza balazos de 40 grados sobre nuestras cabezas. Pero lo que aprieta a Mamá y los hermanos es el hambre.

Casi corren hacia una doble hilera de carros blancos que venden hot dogs, Coca-colas, hamburguesas, pretzels y 60 variedades de chips. Cuando se acomodan en la fila yo ya estoy allí, poniendo mi mejor cara y pidiéndole que me autorice a tomar una foto de los críos. La mujer me escanea rápido. Lo que la convence es la credencial lila sobre mi pecho. MEDIA, grita en Arial 16.

Mamá se relaja, dice sí, dice rápido, que deben comer, y dice pero una no, mejor dos.

Serán media docena. Los hermanos frente a frente. Espalda contra espalda. Apuntando a la lente con el índice. El rostro al cielo. El pequeño que abraza al mayor. El mayor al pequeño. En todas se ve la inscripción de las camisetas: I‘m the original. He‘s the clone.

—Bien entrenados, ¿verdad? —dice Mamá, sonrisa blanquísima.

Aquí no es extraño que los niños estén acostumbrados a las cámaras. Esto es Twinsburg, Ohio, y hoy comienza el Twins Days, un festival de gemelos donde lo más raro es que no te pidan fotos o que tú las saques. Y que estés solo, como yo.

2.

Para llegar hasta esta legión de humanos con fotocopia debí volar una hora desde Washington, D.C., alquilar un auto en Cleveland y conducir hasta un pueblo de paso. Twinsburg tiene 15.000 habitantes y cabe en los nueve kilómetros de una recta llamada Ravenna Road, sobre cuyas calzadas, hechas de jardines de un verde británico, se alinean perfectos caserones de madera. Aquí viven soccer moms y papás profesionales que trabajan en Cleveland, media hora y 30 millas al norte por la cinta gris de la ruta I-480. En la mayoría de las casas hay una bandera americana y dos autos.

En general, casi todo reluce. Pero nadie lo ve pues no hay gente en las calles. Es curioso: las veredas son anchas —dos metros de cemento liso— y en los patios hay espacio para montar dos guarderías por casa. Pero no hay niños jugando ni vecinos conversando.

La gente está, por supuesto, pero no donde yo busco. True Value, el principal supermercado, tiene el estacionamiento lleno. El McDonald‘s frente al Hawthorne Valley Mall —un bloque color arena grande como dos estadios en un playón de cemento grande como otro estadio más—trabaja a destajo. Patio Furniture está liquidando sus árboles y plantas de estación al 50% de su valor: lleno también.

Pero en las calles, nadie.

En realidad, debo corregirme otra vez: los pasillos interiores del Glenn Chamberlin Park están colmados de individuos. O quizá debiera decir individuos dobles. Pero allí es otro mundo. Llamémosle Gemelandia.

3.

Nadie en Ohio presta demasiada atención a Twinsburg, que vive la mayor parte del año de sus parques industriales, hasta que llegan el primer viernes, sábado y domingo de agosto. El Twins Days Festival es el mayor evento de Twinsburg por la muy básica razón de que hay pueblos que tienen escrito el destino en el ADN. Twinsburg fue fundado en 1817 por los gemelos idénticos Moses y Aaron Wilcox. Los Wilcox hacían negocios juntos, vestían igual, se casaron con hermanas, tuvieron el mismo número de hijos. Como debía ser, contrajeron la misma enfermedad, murieron el mismo día y están enterrados en la misma tumba. Por esa dualidad irrompible, cada año Twinsburg se convierte en el mundo imaginario de Gemelandia.

Desde 1976, gemelos, mellizos, triples y cuádruples de medio mundo se reúnen aquí para el Twins Days, una asamblea que nada más se propone reunir en un mismo lugar a los que afuera son demasiado diferentes por ser iguales. El Twins Days es el primer y más grande encuentro de gemelos del mundo, jamás igualado por sus sucedáneos de Italia, Australia, Francia, Japón, Canadá o China.

Todo Twinsburg se vuelca a hacer la corte a los visitantes. Dos mil vecinos se emplean de voluntarios. Los cuatro hoteles quedan no vacancy. Las cadenas de comida rápida pueden tardar horas para entregar una pizza. La única licorera sobre Ravenna Road y las dos gasolineras se forran.

Del viernes 6 al domingo 8 de agosto, una buena porción de las 1728 parejas registradas cumplió con la consigna de homenajear al Viejo Oeste vistiendo como vaqueros, apaches, Ben Cartwright y bailarinas de saloon. La mayoría de los visitantes viene de la costa este de Estados Unidos. La crisis ha restado visitantes internacionales al Festival pero igual se han registrado gemelos de Vietnam, las Islas Salomón, Rusia y otra media docena de naciones. Todos marcan su procedencia en un planisferio gigante al lado de las boleterías. Nada más Perú aparece con un pincho al sur del Río Grande. Los ocho bromistas que dicen venir de la Antártica no cuentan.

4.

La inauguración del Festival es el viernes, en los predios de la Twinsburg High School, pero las celebraciones ya comenzaron el jueves en los hoteles. Hay bailes, karaoke y una primera reducción de los inventarios de alcohol del pueblo. Este es el momento en el que los cazadores de amor planean sus movimientos. La mayoría, dicen, acaba en nada.

En la mañana del viernes los gemelos se dedican a tapar agujeros: es el torneo de golf en el Gleneagles Golf Course, un campo odioso, donde 11 de los 18 hoyos tienen trampas de agua y hay 20 búnkeres de arena. Pero los jugadores están entusiasmados: es el primer día, el pasto es bueno, la humedad perfecta.

A la tarde, niños y adultos participan del Corn Hole Tournament. El Corn Hole es un juego sencillo. Se trata de lanzar pequeñas bolsas de maíz dentro de una caja con un agujero. El que acierta al hoyo suma tres puntos, el que queda en los bordes, uno. Gana quien llega a 21. Entre los gemelos parece despertar una seria pasión. Está dispuesto que el torneo dure seis horas y media, hasta las 9:30 de la noche.

En el gimnasio de la escuela hay karaoke y fiesta con un DJ. Durante la reunión anuncian que dos adolescentes de Illinois, Spencer y Skyler Nick, han sido elegidos los reyes del Twins Days Festival 2010. Los hermanos —cuerpos de oso, mejillas de un rubí intenso— no tienen más atributo que una simpatía contagiosa. Quizás eso sea suficiente para destacar aquí.

5.

Todos se preparan durante 362 días del año para que la ficción de Gemelandia —todos somos iguales y estar juntos nos pone felices— se agote en un fin de semana. Mientras la ilusión dura, nada hace diferente al Twins Days de una convención anual de ejecutivos de Met Life en Punta Cana o un té-canasta de vendedoras de Tupperware en Pasto.

Aquí y por tres días es posible simular que no hay otro mundo al que dobles, triples y cuádruples puedan pertenecer con mayor comodidad que Twinsburg/Gemelandia.

—Afuera es muy distinto —dice Candice Warthy, morena, pechos como balones, pelo de muñeca y voz de barítono—. Allá somos los freaks, todos tienen preguntas. Que si vistes igual, que si piensas distinto, si compartes novios. Aquí no.

—Aquí encajamos, cariño —dice Camille, su copia/original, chupando un lollipop, y me pregunta si no quiero tomarles una foto.

6.

El programa anuncia que el sábado comienza con un desfile. Suena interesante.

No lo es. Desfile es una palabra grande. Mejor sería decirle caminata: 800 metros por Ravenna Road, desde la plaza del pueblo hasta la escuela. Los vecinos acompañan. Muchos saludan y la gran mayoría sonríe al paso de los hermanos.

Entre los vestidos y disfraces duplicados, algo atrae mi ojo. En medio del grupo vienen dos muchachotes de poco menos de dos metros vestidos con colores que reconozco de inmediato. La camiseta de San Lorenzo de Almagro.

Quizás esto se ponga interesante, después de todo.

7.

El sábado es el día central de los Twins Days y las atracciones son el concurso de talentos y la competencia de gemelos. En la carpa central están planificados 35 shows de cinco minutos de duración. Tomará toda la tarde, entre la 1:00 y las 5:00 p.m. La lista de participantes incluye 23 duetos, seis grupos de bailarines, cuatro gemelas que harán destrezas con sogas y lazos, y los hermanos Gerald y Lawrence Lorkowski, mimos.

Abren el show Jerry y John Starrett junto a Jodie y Jamie Qualkinbush. El cuarteto de gemelos va a cantar The Star-Spangled Banner.

8.

Bajo los árboles, el sol es menos rencoroso. Un grupo de curiosos rodea a dos hombres de pelo blanco con aire de rockers. Alguna vez, hace mucho, Larry y David Demone trabajaron en la construcción y en un buque-tanque petrolero. Jubilados, su vida es conducir el motorhome por montañas y bosques registrando la salud de las águilas calvas como miembros de la American Eagle Foundation.

Los Demone —canas hasta los hombros, gafas de aviador, las facciones afiladas del Corto Maltés y la estampa y risa liviana de un surfer— vienen al Festival desde 1998. Todos quieren fotos con ellos, y ellos acceden sin aturdimiento. Apenas los voyeurs se alistan, uno mira a cámara sonriendo y el otro al horizonte, sin un gesto. No sé cuál hace qué, pero, vistos en conjunto, dan un cuadro trascendente. Como si fueran primos de Lou Reed: gastados, pero dignos. La melancolía y la ausencia en las arrugas de los ojos.

Le pregunto a David qué hace distinto a alguien que es igual a otro. Lo hago aún consciente de que los Twins Days no cuajan con filosofía fast food y que esa identidad es ficticia —la psicología lo sabe y la ciencia acaba de notar que los ADN idénticos no significan iguales. Larry, que por supuesto escucha/intuye/anticipa mi pregunta, mira a su hermano. Sonríe con picardía.

—Bueno, hijo —dice David rascándose la cabeza—, yo diría que realmente eres único si te puedes coger a ti mismo.

Es mi culpa. Yo amartillé el arma.

9.

En otro lado las hermanas Starla y Darla English, dos rubias vaqueras con cintura de Betty Boop y minifaldas de cuero negro, generan aglomeraciones en el pasillo central. Frente a ellas, en este momento, hay cinco Nikon Coolpix, videocámaras Flip, alguna antigua videograbadora de casete, un par de Powershots.

Shoot me, sugieren, y dan un paso a la derecha y otro a la izquierda, apuntando con los ojos a cada cámara para que nadie se quede sin su registro.

El asunto no es estar en todas las fotos sino en ser la mejor de cada sesión. Hay que estar en el cuerpo de estas gentes. Ser diferente en medio de la normalidad e igualitarismo de Gemelandia entraña un esforzado ejercicio de significación. Se ve en las camisetas:

Soy tan genial que mis padres hicieron dos copias para acaparar el mercado.

Deja de mirarme tanto. Ella también es bonita.

Te quiero para mí si adivinas cuál de las dos soy.

Esos eslóganes provocarían sonrisas en cualquier calle. Pero en Twinsburg su efectividad no es —oh— idéntica. El recurso de la frase original y catchy se reitera tanto que lo que estaba destinado a marcar diferencia acaba anulado.

Léalo lento: tanto empeño ponen los iguales por ser distintos entre los suyos, que acaban indiferenciados. Cuando ya nadie mira a nadie, el shooting es mecánico e interminable.

10.

Los domingos son huecos. No importa el lugar.

Hoy las familias con niños pequeños se reparten bajo los árboles del parque y dominan los concursos de talento, que han acumulado una docena de horas desde el viernes. Los más jóvenes han desaparecido. Anoche hubo fiesta larga. Hoy solo sacan fotos los jubilados.

Y yo: he dado con Derek y Brian Berezonsky, nacidos en New York de madre argentina. Eran ellos, ayer, los que portaban los colores de San Lorenzo, pero hoy les brotó la patria. Visten la camiseta celeste y blanca. Los niños se les abalanzan.

—¡Messi, Messi, Messi!

—Spain!

Los Berezonsky han tomado el pasillo a los gritos. Les propongo una foto y un video y empiezan a saltar. Se quitan las camisetas y hacen el helicóptero. Arremeten con el clásico de tribuna volveremo-volveremo en un español repleto de shos y shuvia de un acento atravesado. No les falta voluntad.

Una señora gorda echa a los brazos de los muchachos a sus gemelas adolescentes, tímidas como flores. Los hermanos abrazan y sonríen, pero no parecen entusiasmados.

Anoche, Brian perdió una oportunidad única. Le gustaba una gemela de Kentucky. La vio en la fiesta del hotel.

—Sho le enseñé a bailar un poco de tango, pero no pasó nada —dice ahora, un tanto desesperanzado—. Se fue con un mexicano.

El mexicano es uno de los hermanos Peralta, Miguel Ángel y Marco Antonio. Los Peralta son los lovers. Han gastado los días jugando al voley con el torso desnudo y sacándose fotos con cuanta mujer cruce. Bajitos y fibrosos, con un six-pack dibujado y los antebrazos haciendo pop, los Peralta manejan en la Florida OneMiami Paradise, una compañía de propiedad raíz. En las fotos de su sitio posan como para un casting de telenovela venezolana.

Ahora, cuando el sol empieza a dejar tranquilo al domingo, tienen tomadas por la cintura a Lauren y Allison Knight, dos pelirrojas de Ontario, Canadá. Ayer en la tarde fueron por las vaqueras Betty Boop.

Lauren mira a Miguel Ángel como si fuera una loba y él el cuarto trasero de un reno. Sonríe. Se le hincha el pecho. Les tomo una foto y los dejo quererse.

12.

Aprovecho para visitar a los científicos.

Los gemelos son cobayos humanos, ofrecen la posibilidad de estimar cómo la interacción de los genes y el ambiente se relaciona con enfermedades y comportamientos. Céteris páribus, la menor variación entre idénticos es significativa.

Por eso los gemelos le han puesto el cuerpo al estudio sobre el miedo, el reuma, el impacto de las guerras. La ansiedad, la vejez, la diabetes. Los más diversos tipos de cáncer. La esclerosis múltiple. El lupus y la pérdida del pelo.

Por eso desde hace algunos años Twinsburg ha empezado a atraer a los científicos como una pastelería a un goloso. Es una cuestión de escala: dos días de trabajo aquí equivalen a 12 meses de recolección de datos por todo Estados Unidos.

El laboratorio al aire libre tiene al Mount Sinai Hospital, el Instituto Nacional de Salud (INS), University Hospital (UH) de Ohio y otros investigadores repartidos en 13 tiendas y dos tráileres. Procter & Gamble y UH estudian cómo la historia personal y los genes afectan el cuidado de la piel y el envejecimiento y el INS hace tests de audición y DNA a niños de seis a once años para buscar soluciones a la sordera.

Los científicos tienen prohibido abordar a las personas, pero el tráfico de voluntarios no ha sido ningún problema. Uno de los puestos más concurridos está al fondo. Es un set de TV equipado con una cámara RED HD y otras cinco de fotografía dispuestas en semicírculo alrededor de una banqueta. Ya se han sentado allí 250 parejas de gemelos.

El set es parte de un estudio biométrico de West Virginia University. Allí registran el iris y las huellas digitales de los gemelos y calculan la dimensión y forma de sus cráneos en 3D. La información se usa en "discriminación biométrica": qué tengo yo que no tiene él y nos distingue. Desde los atentados del 11 de septiembre es el último grito de la alta moda en seguridad antiterrorista, adonde se cree que nada podrán hacer los cirujanos plásticos o los falsificadores de pasaportes. Al menos eso espera su patrocinador, el FBI.

Janet y Jeanette Reed, dos elegantes damas en unos muy joviales 50 años, dicen que se han anotado como voluntarias porque la ciencia necesita apoyo (Janet) y también el país (Jeanette).

El calor es duro en el set y los técnicos solo necesitan tomas directas de un par de minutos. Las Reed saben eso, pero también son coquetas. Emplearán el doble de tiempo que los científicos para corregirse el rímel, acomodar el peinado y untar más lápiz en los labios.

Luego, clic y clic y clic.

Miro la hora. En minutos Gemelandia cerrará el bosque hasta 2011 y todos volverán a la normalidad. Mi normalidad, donde los iguales son distintos.

Suena un clic a mi lado. Me están tomando una foto a mí. ?

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