Diego tiene un aura que lo rodea y a cualquiera que le guste el fútbol no puede dejar de elogiar sus gambetas y sus tiros a ángulos imposibles. Por eso no he dejado de seguirlo a mundiales, a Copas América y a donde vaya. La primera vez que lo vi fue en la Copa Artemio Franchi disputada en Mar del Plata, mi ciudad de residencia, donde jugaba contra Dinamarca. Esa vez, no solo tuve la suerte de verlo sino que obtuve la primera de mis camisetas firmadas por él. Salió del hotel, ubicado a tres cuadras de mi casa y se instaló en la parte media del bus. Goycochea, quien estaba en la parte trasera y con su ventanilla abierta, amablemente accedió a alcanzarle a Diego mi camiseta para que estampara su tan preciada firma.

Desde ese momento mi vida transcurrió al lado de la de Diego, disfrutando su presente, descubriendo su pasado y soñando su futuro. Comencé a grabar sus programas de televisión y a comprar videos en 1995, tengo una videoteca casera de unos 50 VHS, y junto recortes de revistas desde 1991. Tengo 17 libros que lo nombran y tres de ellos son Yo soy el Diego de la gente. Hay datos de él que solos vienen a mi mente, su vida está grabada cronológicamente en mi memoria, aunque debo admitir que algunas cosas las estudié y muchas veces me confundo, no se olviden que tiene 21 años de carrera deportiva.

Por esa afición llegué al programa Club de fans de ESPN, que presentaba Sergio Goycochea, en Buenos Aires, donde los concursantes responden una serie de preguntas, en este caso sobre la vida de Maradona y en su presencia. Viajé con dos amigos o, mejor, con dos hermanos de la vida que me dio Diego. Me hicieron pasar a un miniestudio donde me hicieron muchas preguntas, respondí todo bien y me fui con la esperanza de ser llamado. Y sí, me llamaron, sabía que era mi oportunidad, que nadie podría arrebatármela, porque D10S estaba conmigo. Durante la grabación, estando tras bambalinas, no pude evitar llorar, cerré mis ojos, me tapé los oídos y esperé mi turno para salir al encuentro con el 10. No era la primera vez que lo tenía enfrente, llegué con cinco camisetas firmadas por él, con un sueño cumplido al regalarle el primer monumento hecho en vida para conmemorar 20 años del título del Mundial 86 y con la oportunidad de haber sido invitado a su fiesta al cumplir 46. Cuando empezó la ronda de preguntas me sentía confiado y la salida de uno de los participantes la tuvimos que definir con un sorteo, yo seguí adelante. En una de las rondas me preguntaron: "¿Contra quién jugó Diego su primer partido amistoso en el seleccionado juvenil?". Tenía dudas, no sabía si me preguntaban por un partido oficial o no, porque el oficial había sido antes del Sudamericano de Venezuela 77 contra Uruguay y el otro fue contra el combinado de la ciudad de Chascomus. Me arriesgué por la primera, pero ver la cara de Goyco me hizo rectificar, "Chascomus", grité, todo el mundo me miraba sin saber si valer mi respuesta hasta cuando el mismo Diego la avaló y así llegué a la gran final.

A Diego y a mí nos hicieron 18 preguntas y todas las sabía, pero como primero respondía quien pulsara el botón me tocó ingeniármelas para que él no lo lograra. La pregunta más difícil fue "¿Cómo se llama el médico chino que le hizo una dieta a Maradona a su paso por Newell‘s?". Chen era la respuesta, yo apenas recordaba que era chino, pero nunca se me vino a la cabeza su nombre. Finalmente, preguntaron "¿Cómo se llamaba el potrero donde se había iniciado Diego en el fútbol?". Era muy fácil, "Las siete canchitas", respondí y así gané 10 a 8. Obtuve mi premio: el abrazo y el cariño del 10, sus palabras de aliento, un par de botines usados por él, una cinta de capitán del modelo que solía usar, una remera del programa y una camiseta firmada. En ningún momento hubo dinero en juego ni tampoco recuperé el que me gasté en el viaje, pero jugué un cabecita con Diego, ocho toques y una marca imborrable en mi corazón que ninguna plata puede pagar. Además me dijo que yo era "un maradoniano de ley", y eso me llenó de orgullo. ¿Qué más puedo pedir?

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