Toda la vida he sido hincha del Deportes Tolima, desde muy niño mi padre me llevaba al estadio a verlos jugar y así fue que se despertó en mí el amor por ese equipo. A los 17 años tomé la decisión de convertime en el ‘Indio Pijao‘ para darle mi total apoyo en cada encuentro futbolístico.

Hasta el día de hoy no he faltado a ninguno de sus partidos, ni en Colombia ni en el exterior, desde que creé este personaje en 1988. Un encuentro Tolima vs. Nacional fue el primer partido al que fui, recuerdo que jugábamos de local y necesitábamos ganar, lo hicimos dejando el marcador 2-1 y yo me consolidé ese día como el ‘Indio Pijao‘, con ese disfraz que me caracteriza y que consiste en un traje vinotinto y unos apliques dorados en los brazos, el pecho y otras partes del cuerpo que simulan la vestimenta de los indígenas. También llevo un estandarte al estadio. Al principio no fue fácil, la gente me veía de manera extraña, pero seguí asistiendo con mi personaje y se acostumbraron a mi presencia.

Hace un año me puse a sacar las cuentas para saber a cuántos partidos he asistido, y según mis cálculos son alrededor de 1700, esa fue la conclusión a la que llegué después de contar las boletas que tengo coleccionadas en álbumes y que guardo en mi museo personal junto con las fotografías de los momentos especiales que he vivido siguiendo a mi equipo.

En Colombia he estado en todos los estadios y afuera he animado con orgullo al onceno pijao cuando jugó en Brasil contra Gremio de Porto Alegre; en Argentina contra River Plate, por la Copa Libertadores; y en Paraguay contra Libertad. También tuve la fortuna de estar en México cuando se enfrentó al Pachuca en la Copa Sudamericana y dos veces viajé tras ellos a Venezuela.

Para financiar mis viajes he tenido que hacer muchos esfuerzos. Aunque debo decir que cuento con la fortuna de tener un patrocinador que me ha hecho más ligera la carga, así fue que logré hacer mis tres últimos viajes internacionales. También me he valido de mi ingenio al organizar rifas, bazares y fiestas para recoger dinero y seguir con la causa. Alguna vez un periodista de Ibagué, Andrés Restrepo, que viajaba mucho conmigo, se dio a la tarea de sacar cuentas de cuánto dinero me he gastado en toda mi correría. De acuerdo con lo que le comenté pudo establecer que con todo el dinero que llevaba hoy tendría cuatro taxis o dos casas en Ibagué. Pero no tengo tiempo para lamentaciones, porque la felicidad de alentar a mi equipo en cada partido no la reemplaza ningún bien material.

Donde no he tenido mucha suerte es en mi trabajo, cuando estuve trabajando en la parte oficial los desplazamientos eran complejos, por eso debo confesar que muchos de los buenos puestos que alguna vez tuve se perdieron por llegar tarde a la oficina. Pero nunca me ha importado. En total siete empleos he perdido por el fútbol, tres en el sector público y los otros cuatro en el privado en un lapso de diez años, mejor dicho cada año o año y medio me tocaba acudir al alcalde de turno o al gobernador y expresarle mi deseo de trabajar para ver si lograba algo.

Hoy tengo 40 años y soy diputado de mi departamento gracias a 4500 almas que creyeron en mí. Soy soltero, vivo en la casa de mis padres y tengo una hija de 12 años, quien siempre me acompaña a los partidos que juega el Tolima de local. Gracias a Dios recibí todo el respaldo de parte de ellos desde el primer momento. Es muy difícil que una mujer se quede a mi lado, el ritmo de vida que llevo no me deja tiempo para tener una pareja estable, porque la persona que quiera estar conmigo se tiene que acostumbrar a mis constantes viajes y entender que mi primer amor es el Deportes Tolima.

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