Jorge Horacio Messi es el padre de la criatura. En Argentina se utiliza mucho la frase, nacida en el título de una película española de 1972, en general con un matiz negativo. Se habla de la criatura por no decir “criaturita de Dios”, sinónimo de “esta bestia”, “este hijo del demonio”. Si la política o el delito crean un Frankenstein que después adquiere trascendencia y al que ya nadie puede controlar, los medios se preguntan “¿Quién es el padre de la criatura?”. Nadie se hace cargo. La mayoría agacha la cabeza y pasa. Los éxitos tienen millones de padres. Las derrotas y los Frankenstein, en cambio, son huérfanos de padre y madre.

El padre de la criatura, en este caso, adquiere un valor totalmente opuesto. ¿Quién no quisiera tener a Leo Messi cenando todos los días en su casa, haciendo jueguito en el patio del fondo, como adorno en la mesita de luz o como yerno de la nena? 
A Jorge Horacio Messi no se le subieron los humos a la cabeza. Al observar la responsabilidad con que programa y cumple esta entrevista, como lo ha venido haciendo en estos más de cinco años con diferentes medios, uno entiende de qué madera está hecho su tercer hijo varón. Y comprende por qué un muchachito que ya ha alcanzado niveles de popularidad similares a los de Diego Maradona jamás aparece con una declaración fuera de lugar. Al mejor jugador del sistema solar y alrededor lo protege su familia. Jorge Horacio Messi es la cabeza. Y el hombre que nos abre la puerta de su casa para espiar la intimidad el pequeño genio del balón.
¿Cómo está organizada la familia para poder sobrellevar esta locura?
Tengo cuatro hijos que son mi orgullo. Cada uno tiene una función determinada, tratamos de manejar casi todo en familia. Yo estoy más metido en el día a día de la Fundación Leo Messi y en las decisiones vinculadas a la vida profesional de Lionel, aunque siempre la decisión final la tiene él. Rodrigo, el mayor de los hermanos, se encarga de estar junto a Lionel y de llevar las cosas de prensa y detalles de cada día. Su cuñada, Florencia, se encarga de la Fundación en Barcelona. Matías, mi segundo hijo, de nuestros negocios, junto con su esposa, Rosana. Celia, mi mujer, y María Sol, mi hija más pequeña, trabajan con la Fundación desde Argentina.
¿Cuántas propuestas comerciales les llegan por día?
Propuestas llegan muchísimas, viables muy pocas y aceptables te diría que casi ninguna. Hemos desarrollado una estrategia que nos da la confianza necesaria para distinguir entre cada propuesta. Consultamos todo con Lionel, pero gran parte de las cosas se las filtramos para darle tranquilidad y que solo se tenga que dedicar a jugar. Y después de una muy mala experiencia con algún personaje deshonesto que se acercó estafando nuestra confianza y el bolsillo de Lionel, pasamos a encargarnos nosotros mismos de todo y fuimos tomando precauciones con quienes se acercaban. 
¿Qué es lo que más lo emocionó en estos años?
Parecerá raro, pero me sigo emocionando con sus actos cotidianos, con su bondad y sentimiento hacia los más desfavorecidos. Lionel nunca duda en sacrificar algún momento de su vida para dar algo en esa dirección. Lo más importante es que tiene la cabeza bien puesta, que sigue siendo humilde y no se marea con todo lo que se mueve a su alrededor.
¿Cómo ve los partidos de su hijo?
Intento verlos solo, en realidad nadie quiere verlos conmigo porque soy muy fanático, bastante insoportable, y en esos momentos no me acuerdo de que Lionel es mi hijo y soy demasiado crítico. Pero, ojo, eso solo durante los partidos, después cambio el chip. 
¿Qué hace Leo cuando no juega fútbol? 
Es un chico normal, divertido. Le gusta estar reunido con gente. Cuando no juega, mira mucho deporte por la tele, fútbol sobre todo. También le gusta salir a comer.
¿Lee los diarios?
Poco, antes leía más. Mira los resultados de algún partido y se engancha con los medio digitales de Argentina para enterarse de cosas de su país.
¿Vive jugando a la Play?
No, ya no juega tanto como lo hacía antes, ahora solo se engancha cuando está con amigos. Lo que sí hace siempre es dormir la siesta, adquirió el hábito desde que llegó a Barcelona.
¿Qué cosas lo “pueden”?
Lionel es un chico que necesita ser mimado porque siempre fue así, y eso yo creo que es lo que más necesita, aunque las milanesas a la napolitana de su madre son un tema especial. Casi como el mejor mimo.
¿Y qué cosas lo ponen de mal humor?
Las entrevistas, las grabaciones, los actos en los cuales él es la atracción. No le gustan, no se siente cómodo.
Incomodidad. La criatura y el padre, ellos dos solitos, cruzaron el Atlántico a 10.000 metros de altura, la misma ruta pero en sentido inverso a la que habían desandado cientos de miles de inmigrantes italianos y españoles a comienzos del siglo pasado. Expulsados por el país, por la falta de trabajo, por la falta de un club serio que se hiciera cargo de los 900 dólares por mes que costaba el tratamiento hormonal del genio que no podía crecer. Esto fue a mediados del 2000, cuando Argentina estaba a punto de entrar en erupción. Leo ha recordado más de una vez que lloró mucho en ese avión. Lloró miedo, lloró soledad, lloró nostalgia anticipada por todos los mimos y guiños que iba a perder. Aquí quedaban su mamá, sus hermanos y sus amigos. Su potrero y su gente. Hacia España viajaban la criatura y su padre.
¿Cómo era el carácter de Leo con relación a sus hermanos mayores? 
Terrible, el más caprichoso de los tres, pero porque era el más consentido y eso lo hacía más fuerte.
¿Lo cuidaba más que a los otros dos, por su fragilidad de crecimiento?
No, nunca fue frágil, al contrario, era muy fuerte, y cuando comenzó el tratamiento con las inyecciones y veía cómo él mismo lo llevaba, cómo él mismo se las aplicaba en las piernas, cómo se las llevaba a las casas de sus amigos si se quedaba todo el día ahí, bueno, todo eso nos tranquilizó.
¿La pasaron económicamente muy mal cuando Leo era chico? ¿Les llegó a faltar comida?
No, no, hay una leyenda urbana sobre esto, porque nunca estuvimos mal económicamente, esa es la verdad. Nosotros pertenecíamos a una clase media normal, yo trabajaba en una empresa que nos daba para vivir muy bien, para tener nuestra casa, nuestro auto y nuestras vacaciones todos los años, a pesar de ser una familia numerosa. 
¿Siempre pensó que iba a llegar a ser jugador de Primera?
Siempre creí que Lionel se iba a ganar la vida jugando al fútbol. A los cuatro años se ponía a hacer jueguitos y dormía la pelota con la punta del botín, eso ya no era normal. A los 8, se prendía a jugar con los amigos de sus hermanos, que le llevan siete y cinco años, y los bailaba. Y en las inferiores de Newell’s, me llamaba la atención que no sentía nunca presión. En esos clásicos calientes contra Central él entraba a jugar como si fuera un partido de barrio, jamás se ponía nervioso.
¿Cuándo se dio cuenta de que podía ser un jugador de élite? ¿Era muy distinto a sus hermanos?
Rodrigo jugaba muy bien y Matías se defendía también, pero Lionel era diferente, además vivía para jugar a la pelota. Estaba todo el día con ese tema. Si lo mandaban a hacer las compras, iba con la pelota; si no, no iba. Y si bien en Argentina hacía cosas diferentes al resto, al poco tiempo de llegar a Barcelona, cuando comenzó a jugar en cadetes, yo ya lo tenía muy claro. Se notaba que no había barreras, y marcaba una gran diferencia con los chicos de allá, y eso que en el Barcelona estaban los mejores.
Estuvieron dos semanas esperando que Rexach viera a Leo, y eso recién pasó el último día. ¿Es cierto que casi se vuelven sin nada?
Sí, es verdad, lo que pasó fue que Carles estaba en Australia, en los Juegos Olímpicos de Sídney. España llegó a la final, con lo cual se estiró su regreso. Y recién lo hizo el mismo día que nos teníamos que volver a Argentina. Tuvimos que cambiar el vuelo justamente por eso, para que él, como director deportivo, tomara su decisión con relación a Lionel. Ya lo habían visto un par de entrenadores pero faltaba la opinión de la persona más importante.
¿Y qué hubiera pasado si no cambiaban los pasajes y se iban?
Y… seguramente la historia hubiera sido otra, así es el fútbol, nadie lo puede saber, como tampoco sabemos qué habría pasado si algunas decisiones nuestras no hubieran sido las que fueron un tiempo después, la de quedarnos en Barcelona sin condicionamiento alguno.
¿Se refiere a las complicaciones que tuvo también en España porque no le pagaban el tratamiento hormonal?
No, nunca se escatimó en el dinero. Al contrario, desde el comienzo se nos brindó el tratamiento, no el dinero, eh, ellos tenían sus profesionales y conseguían los medicamentos cada vez que los necesitábamos. Estuvimos a punto de volvernos a Argentina a causa de otros problemas originados por la falta de documentación de quienes debían ocuparse de entregarla o conseguirla y no lo hacían, vaya a saber uno por qué beneficio económico.
¿Leo quiso volverse en algún momento porque extrañaba demasiado?
Lionel no pudo jugar un tiempo por falta de esta documentación a la que hice referencia y por eso se sentía muy triste. En el seno familiar teníamos la decisión casi tomada de volvernos, por este y otros problemas con ciertas personas que tampoco cumplieron con determinadas cosas. Pero al ser consultado, Lionel me dijo que él quería quedarse.
¿Cuál fue el momento más difícil de todos en la carrera de Leo?
Newell’s nunca nos pagó más que 400 pesos por mes de un tratamiento que costaba muchísimo más que eso. De todos modos, el peor momento de Lionel fue cuando comenzó con las lesiones, en el 2006. Luego, con los servicios médicos del Barcelona, convinimos en que era muy necesario tener a una persona que se encargara de conocerlo muscularmente a Leo y que lo siguiera de cerca. Juanjo Brau, además de ser un gran tipo, era la persona idónea para esto. Desde entonces, está siempre con Leo, incluso cuando viaja a jugar partidos con la Selección. Juanjo se encarga de tocarlo muscularmente cuando Lionel lo necesita y como lo conoce tan bien, la confianza es mayor.
¿Termina muy dolorido los partidos?
Hay veces que termina muy mal, pero también aprendió a esquivar las patadas y hoy día termina bastante mejor que en sus comienzos.
¿La dedicatoria en los goles con la mirada al cielo es por su abuela?
Sí, por Celia, la abuela materna. De ella se colgaba del brazo para ir a jugar al fútbol o a la casa de su tía o a hacer compras. Una relación muy fuerte, por eso le dedica los goles.
Jorge, ¿en qué cambió Leo en estos años?
En que año a año adquiere un mayor temperamento y templanza cuando los resultados no se dan. Por lo demás, sigue siendo lo que demuestra, es el mismo en una entrevista que en su vida diaria.
La última: ¿por qué él firma ‘Leo’ y la fundación se llama Leo Messi, si el nombre es Lionel?
Es un apodo que arrastra desde muy chico, imagino porque suena mejor decirle Leo que Lío, aunque yo prefiero el de Lío. Yo por eso siempre lo llamo con su nombre completo: Lionel.
Y corregimos. Lionel Andrés ‘el que va a quedar en la historia como el mejor de todos’ Messi. Criaturita de Dios.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.