Él es un machista declarado. Ella, una feminista empedernida. Y el partido de tenis que los esperaba el 20 de septiembre de 1973 era, sin duda, la mezcla perfecta de un coctel molotov. Con un detonante: el premio gordo no solo era plata, ni siquiera un título, mucho menos prestigio, sino algo mucho más grave, más trascendental. Sería la respuesta a un debate que sobrepasa las fronteras del tenis, del deporte, de la vida misma. ¿Es la mujer el sexo débil? (Así es el Us Open por dentro)

Ella

Antes de cumplir los 30 años, Billie Jean King ya estaba en la cima de su carrera. Sumaba una decena de títulos de Wimbledon, del US Open, del Roland Garros y del Australian Open. Para ese entonces ya estaba casada con el abogado Larry King, pero definitivamente no tenía el perfil de ama de casa. Irreverente y valiente, representó como nadie la lucha feminista en el tenis.

Era –y a sus 74 años sigue siendo– una mujer de armas tomar. En 1973 incluso amenazó con boicotear el Abierto de Tenis de Estados Unidos si los organizadores no cerraban la brecha entre los premios de hombres y mujeres. Y su ímpetu dio frutos. El US Open fue el primer torneo de su tipo en igualar la cantidad de dinero de los galardones entre su versión femenina y masculina.

Su familia siempre le apuntó a una crianza con afinidad por el deporte, muy lejana del estereotipo de que este solo era para los hombres. Billie Jean nació el 22 de noviembre de 1943 en Long Beach, California, en el seno de la atlética familia Moffitt. Su padre, Bill, antes de convertirse en bombero, rechazó una oferta para hacer parte de un equipo de la NBA. Su madre, Betty, además de ama de casa, era una excelente nadadora. Y su hermano menor, Randy, se convirtió en lanzador de béisbol de las ligas mayores de Estados Unidos.

Baloncesto, natación, béisbol… Entre semejante abanico de posibilidades deportivas, era entendible que Billie Jean no tuviera claro desde el comienzo que quería ser tenista. A los 10 años decidió incursionar en el softball e incluso ganó el torneo municipal con un equipo de quinceañeras mucho mayores y fuertes que ella. Sin embargo, ante la mala fama del softball, y por la angustia de que Billie Jean se volviera un marimacho, sus padres le sugirieron que escogiera un deporte más ladylike, más femenino.

A los 11 años comenzó a jugar tenis en las canchas públicas de Long Beach y rápidamente mostró su talento nato. En 1958 ganó el campeonato de California del Sur y un año después la tenista Alice Marble se convirtió en su entrenadora. En 1961, con Karen Hantze Susman, ganaron los dobles de Wimbledon y se convirtieron en la pareja más joven de la historia en llevarse el título.

Pero fue desde 1966 que su carrera realmente se disparó, llegando al punto de que en 1968 era considerada la número uno del escalafón mundial de tenis femenino. Reconocida por su rapidez, su juego claro y su tiro de revés, en 1972 barrió con todos los Grand Slam. A pesar de su éxito, no soportaba que sus pares ganaran menos que los hombres, por lo cual fundó, en 1973, la Asociación de Tenis Femenino (WTA, por sus siglas en inglés), con ocho colegas que componían las Nueve Originales, mujeres que luchaban por la equidad en el tenis.

Como si fuera poco, King es hoy también una activista de la comunidad LGTBI. Su homosexualidad siempre fue un secreto a voces que luego degeneró en escándalo. En 1981 Marilyn Barnett, antes su asistente y examante lesbiana, la demandó para que pagara su manutención. En 1987 decidió divorciarse de su esposo y comenzó una relación seria con la exjugadora Ilana Kloss. Sin duda Billie Jean era más que la presa perfecta para un sexista que no soportaba ver mujeres empoderadas. Y ahí apareció Bobby.

Él

Tres veces campeón del mundo en épocas de la Segunda Guerra Mundial, Bobby Riggs estaba asomándose a la edad dorada cuando decidió que era una gran idea acabar con las pretensiones igualitarias del tenis femenino. “Las mujeres pertenecen a la habitación y a la cocina”, “deben quedarse en la casa cuidando a los niños” y “no tienen estabilidad emocional para ser atletas” eran algunas de sus frases preferidas. Y cómo no, si se definía a sí mismo como un “chauvinista masculino”.

Riggs nació en Los Ángeles el 25 de febrero de 1918 y fue el último hijo de un pastor protestante. Comenzó a jugar tenis a los 11 años y lo apadrinó Esther Bartosh. Para 1937 ya hacía parte del top 10 de jugadores amateurs. En 1939 se catapultó y ganó su primer Grand Slam en el Abierto de Francia.

Arrogante y charlatán, Bobby compensaba su baja estatura con unos pies rápidos y tiros estratégicamente lanzados, y se vanagloriaba de apostar a su favor en los campeonatos, pues sabía que iba a ganar. A pesar de que perdió tres de sus años prime en el servicio militar en la Armada, regresó listo para arrasar con los torneos profesionales de 1946, 1947 y 1949.

Pero a Riggs no le bastó con ser incluido en el Salón de la Fama del Tenis Internacional en 1967. En 1973 quiso volver a encabezar titulares y qué mejor que con uno de sus hobbies: demostrar la inferioridad de la mujer. El 13 de mayo de ese año desafió a la reconocida tenista australiana Margaret Court en lo que él mismo bautizó ‘la masacre del Día de la Madre’. A pesar de su experticia, Court no logró quebrar a Riggs, quien la derrotó 6-2 y 6-1 en un partido desconsolador. Envalentonado, Bobby quería más: necesitaba otra mujer a quien humillar para demostrar de una vez por todas que “no hay manera de que una mujer le gane justamente a un hombre”, y quién mejor que la alborotadora Billie Jean King.

Ella versus él

El ambiente se cortaba con cuchillo. El partido de tenis más visto de la historia: 30.472 espectadores, 50 millones de televidentes en Estados Unidos y otros 90 millones alrededor del mundo, 300 millones de ojos puestos sobre la cancha del Astrodome de Houston, Texas. ‘La batalla de los sexos’ llevaba días cocinando una expectativa sin parangón. Y entonces entraron. Al estilo de Cleopatra, Billie Jean llegó cargada por cuatro musculosos ‘esclavos’. Bobby, por su lado, entró en un carruaje rodeado de modelos a las que había llamado sus bossom buddies (sus “amigas tetonas”) y llevando una chaqueta amarilla de sugar daddy –por la que recibió 50.000 dólares por usarla en el partido–. Cuando se saludaron, Riggs le entregó a King una paleta –el sugar daddy le da un dulce a la niña– y ella le dio a él un marranito –símbolo del ‘chauvinismo machista’–.

Las bases eran claras: un premio de 100.000 dólares del tipo winner-take-all, el ganador se lleva todo. Billie Jean sabía que se enfrentaba a un sexista sin remedio, pero lo que no tenía presente era que el comentarista del partido sería Jack Kramer, un machista que podía resultar casi peor que Bobby. Su indignación fue tal que amenazó a ABC, el canal que transmitiría ‘la Batalla de los Sexos’. “Kramer no cree en el tenis femenino. ¿Por qué habría de hacer parte de este partido? Si no cree en la mitad de él. O se va él o me voy yo”, dijo tajante.

Logró salirse con la suya. Pero cuando el match comenzó, rápidamente degeneró en la peor pesadilla de las feministas. Bobby le quebró el saque a King y tomó la delantera. Entonces, mientras perdía 3-2, Billie Jean tuvo una epifanía. Riggs ya había amenazado con que su victoria podría “frenar por lo menos 20 años el movimiento de liberación femenina”. Había demasiado en juego. “Sentí que tenía el peso del mundo sobre mis hombros. Pensé que si perdía podríamos retroceder 50 años, habría arruinado todo lo recorrido y afectado la autoestima de todas las mujeres”, afirmó después.

Pero, a pesar de la ansiedad, King había hecho bien su tarea. Tras la derrota de Court estudió con precisión a Riggs. Sabía que aunque su propio juego se caracterizaba por ser usualmente agresivo, contra Riggs esa estrategia sería la receta para el desastre. Bobby jugaba suave y a la defensiva, por lo cual la táctica para ganarle sería quedarse en la línea de base, manejando sus tiros y haciéndolo cubrir toda la cancha. Los años le pesarían y ella quedaría a la cabeza.

Y así fue. En un desenlace que pocos esperaban, Billie Jean le ganó a la “biología”, y ridiculizó por completo a Bobby. Con resultados 6-4, 6-3 y 6-3, esa victoria significó el triunfo de la mujer en un mundo de hombres y la humillación de los machistas.

Sin embargo, muchos afirmaron que King solo había ganado por ser 26 años menor, y que más que una batalla de los sexos era una batalla de la edad. Otros tantos sostuvieron que si Riggs hubiera estado en su mejor estado físico, habría derrotado sin esfuerzo a Billie Jean. Por eso otros tenistas que se consideraban mejores la retaron, pero ella rechazó sus ofertas. Ya era suficiente haber acabado con el odioso Bobby Riggs, quien sintiéndose “devastado” se encerró cuatro horas en su hotel.

Las teorías de la conspiración tampoco se hicieron esperar. El mal juego de Riggs y la cantidad de dinero que había invertido en el partido se prestaron para todo tipo de especulaciones. Algunos dijeron que Bobby había perdido adrede, pues había apostado contra sí mismo, y de esa forma ganaría sumas impensables de dólares. En 2013 incluso apareció un supuesto testigo que aseguraba haber oído que la mafia obligó a Riggs a perder el partido para pagar sus deudas por ludopatía.

Pero varias versiones negaron esa posibilidad. El principal argumento era que un showman como él, que además había conseguido patrocinios millonarios y una audiencia extraordinaria, no se iba a prestar para perder delante de tanta gente. Incluso se ha hablado de que Riggs probó en un detector de mentiras público que no había perdido aposta, sino que simplemente había subestimado a Billie Jean.

Además, la publicidad producida por ‘la Batalla de los Sexos’ le dio a Riggs toda la fama y el dinero que no había recibido nunca mientras se desempeñaba como jugador profesional. Y un dato impensable: en 1993 Bobby y Billie Jean jugaron juntos un doble de tenis contra Elton John y Martina Navratilova en un partido televisado para recoger fondos de caridad. Y es que hasta la muerte de Riggs, el 25 de octubre de 1995 por un cáncer de próstata, mantuvieron una buena amistad, unida por el gusto por la excelencia y el amor por el tenis.

Ellos

El partido ‘la Batalla de los Sexos’ ha dado de qué hablar sin importar el pasar de los años. En 2001, ABC sacó al aire la película Cuando Billie le ganó a Bobby. En 2013, New Black Films presentó un documental con el mismo nombre del match. Y la más esperada: dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris, llegará este fin de año a Colombia bajo el título La batalla de los sexos, una película protagonizada por Emma Stone y Steve Carell.

Varios críticos de cine han extrapolado el episodio deportivo a la política: una mujer mucho más preparada enfrentada a un misógino hablador, clara imagen de Hillary Clinton y Donald Trump. Pero hay más implicaciones. Como dijo Benjamin Lee en el diario británico The Guardian, la película protagonizada por Stone y Carell “es un deprimente recordatorio de que la brecha salarial sigue siendo un vergonzoso problema sin resolver, aún 44 años después”. Es cierto que el tiempo ha logrado reducir la grieta, pero todavía no la ha cerrado. Y no solo en el tenis, ni en el fútbol, ni siquiera en la política, sino en las bases de la sociedad occidental.

Billie Jean King pasó a la historia no solo por su juego implacable, sino por ser una abanderada de la lucha por la igualdad de género. Hace poco, en una entrevista con Sports Illustrated, dijo que la emocionaba ver cómo las nuevas generaciones viven el sueño de la mujer de los años setenta. Y es que, como ella misma afirmó, más que un partido eléctrico y legendario, “‘la Batalla de los Sexos’ no era sobre tenis, era sobre historia, sobre cambio social”. (Los números y secretos del tenista Roger Federer)

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