La pimienta siempre ha estado presente en las mesas francesas. Y el aparato cilíndrico que la pulveriza es conocido desde los años cuarenta en los restaurantes parisinos no como pimentero, sino como ‘rubirosas’. ¿Por qué? Porque emula el tamaño descomunal del pene de Porfirio Rubirosa.

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A mediados del siglo pasado, el donjuán dominicano Porfirio Rubirosa era ya toda una celebridad y las mujeres más despampanantes del mundo se rendían a sus pies. Dice la leyenda que Ava Gardner, Zsa Zsa Gabor, Kim Novak, Rita Hayworth, Jane Mansfield, Patricia Kennedy (hermana de J. F. Kennedy), Eva Perón y hasta Marilyn Monroe se metieron en su cama. Además de estas, cientos —incluso miles— de mujeres anónimas hicieron parte de la larga lista de polvos de ‘Rubi’, como lo llamaban sus amigos. Considerado el playboy por excelencia del siglo XX, entre sábanas también habría que contar a sus cinco esposas. La primera era prácticamente la dueña de su natal República Dominicana, por ser la hija del general Rafael Leonidas Trujillo, dictador de ese país. Se suman las dos mujeres más ricas del mundo en los años cuarenta y cincuenta: Doris Duke, hija única del propietario de la todopoderosa compañía American Tobacco, y Barbara Hutton, heredera de otra fortuna inmensa, la de los almacenes Woolworth.

¿Cómo lo logró? Las mujeres de su época atribuyen esa magia conquistadora a su miembro viril. En el prestigioso periódico The Sunday Times, la periodista Lynn Barber trae a colación el que fue el mayor atributo del dominicano: “Era de la longitud de un palo de béisbol y de la anchura de una lata de cerveza —escribió—. Las mujeres gritaban al ver su tamaño”.

Sus amigos lo llamaban “Rubi”, pero otro de sus apodos se hizo famoso en todo el mundo: “Siempre listo” le pusieron en los años cuarenta, y no precisamente por pertenecer a los boy scouts. Eran tan impresionantes sus atributos que Zsa Zsa Gabor afirmó que “habría podido ser toda una atracción de circo”.

Verdad o mentira, logró llevar una vida lujuriosa y escandalosa que siempre estuvo marcada por el dinero, las drogas, los coches rápidos, la alta política, el crimen y, por supuesto, las mujeres más hermosas y millonarias.

De origen humilde, Rubirosa no era un hombre guapo o buen mozo en el sentido estricto de la palabra. No era alto, fornido ni atlético, pero su atractivo de macho latino con ojos claros hacía imposible no fijarse en él. Aunque dicen que su verdadero don estaba en las palabras. El resto venía después.

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Su amigo Truman Capote escribió en el libro Plegarias atendidas (Answered Prayers) que Rubirosa, el “galán mujeriego”, contaba con un “poderoso instrumento de 28 centímetros, tan grueso como la muñeca de un hombre”. Entre las fábulas que giran en torno a él, hay una que asegura que sus pantalones debían ser confeccionados a la medida para que pudiera acomodarlo y disimularlo.

El playboy latino tuvo una vida hedónica, en la que no solo trabajó como ayudante de campo de uno de los fascistas más violentos de todos los tiempos —Trujillo, su suegro—, sino que mantuvo contacto directo con algunos de los personajes más poderosos y famosos del mundo, como el presidente estadounidense John F. Kennedy, el hombre de confianza de Hitler Josef Goebbels, el mandatario argentino Juan Perón, el cantante Frank Sinatra…

Y aunque trabajó como diplomático en grandes capitales del mundo —sirvió como embajador de República Dominicana en Francia, Alemania, Bélgica, Italia y Argentina—, fue cercano a la realeza y vivió en el glamuroso mundo del polo y los autos deportivos, fue precisamente su éxito con el sexo femenino lo que lo hizo pasar a la historia.

Murió el 5 de julio de 1965 a las 8:00 de la mañana. Después de una noche de desenfreno en la discoteca New Jimmy’s, en la que celebraba la victoria de su equipo de polo en un partido importante, estrelló su Ferrari contra un árbol en el Bosque de Bolonia de París. Tenía 56 años. Iba camino a la casa de su quinta esposa, Odile Rodin, de 25 años. Al día siguiente, el diario The New York Times comentó: “La forma como murió fue digna de su leyenda”.

Vivió el momento, tuvo una existencia compulsiva y se desvaneció sin legado: sin hijos, sin fortuna, sin herencia, sin una estatua a su nombre. Shawn Levy, quien escribió en 2005 la última biografía publicada sobre Rubirosa, The Last Playboy (El último playboy), consiguió material privado sobre la vida del dominicano, que incluye archivos clasificados del FBI y de la CIA. “Fue ladrón de joyas, falsificador, magnate naviero y cazador de tesoros”, resalta el autor.

Levy también destaca en su libro cómo algunas de sus amantes, como Barbara Hutton y Flor Trujillo, al ser entrevistadas se descargaron en adjetivos para describir “el tamaño de su pene, su capacidad de mantenerlo erecto por eternidades y el cuidado que tenía en que su pareja alcanzara el mejor orgasmo”.

Por ese tipo de cosas, Rubirosa siempre ha despertado interés. Hace 30 años salió la novela Los aventureros, de Harold Robbins. Más tarde aparecieron algunas biografías, como The Irresistible Mr. Wrong, donde se dice que no había fiesta de la alta sociedad que pudiera declararse perfecta si no asistía ‘Rubi’. Incluso hoy, medio siglo después de su muerte, su vida será llevada al cine en la película El primer playboy.

Ya se habla de que será interpretado por el español Antonio Banderas y se rumora que uno de los temas principales de la cinta será el de su esterilidad. Porque nadie tuvo jamás tanto éxito al revelar que no podía engendrar un hijo como ‘Rubi’. En una época en la que no existían los métodos anticonceptivos modernos, esto resultó ser todo un gancho de seducción. Tanto así que se ufanaba de su condición, que atribuía a un bolazo recibido en un partido de polo.

“Siempre se las arregló para darse buena vida. Y aunque nunca tuvo su propia fortuna, siempre encontró mujeres que la compartieran. Llegó a gastar anualmente un millón de dólares en sus excentricidades”, dice Levy.

El primer padrino con el que se cruzó fue el general Trujillo, quien en 1930 llegó al poder y se quedó durante 31 años. El dictador dominicano terminó por otorgarle la mano de su hija, una pensión anual nada despreciable de 50.000 dólares y su primer cargo diplomático, en Berlín. “Es excelente para ese tipo de trabajos porque las mujeres lo adoran y porque es un mentiroso”, explicó el mandatario en 1936.

Un año más tarde, se separó de la hija de Trujillo, acusado de violencia e infidelidad. Pero eso no le impidió conseguir otros importantes cargos diplomáticos. Por ejemplo, fue embajador en Argentina, donde conoció y sedujo a Evita Perón. También estuvo en Cuba, “donde sobresalió no por su trabajo sino por ser el rey de la vida nocturna”, escribe Levy.

Años más tarde, Rubirosa conocería a Danielle Darrieux, una actriz de 23 años que por ese entonces era la mejor pagada de Francia. Cuando se casaron, en 1942, la prensa no dejaba de publicar noticias suyas. Acto seguido fue trasladado a Roma, y ese fue el principio del fin del sonado matrimonio.

Allá coincidió con la reportera Doris Duke, heredera única de American Tobacco. El libro de Levy destaca que Duke le pagó a la actriz francesa al menos un millón de dólares para que se divorciara de él. Esta vez, Porfirio Rubirosa no se guio por los atributos físicos de su acompañante, sino por los 500 millones de dólares que tenía en la cuenta bancaria, y en 1947 se casó con ella. De entrada, la heredera le regaló medio millón de dólares, un avión B-25, decenas de caballos pura sangre de polo y una mansión. Pero nuevamente Rubi fue infiel y el matrimonio no duró ni dos años. Tras la separación, acordaron que Duke le pagaría una pensión de 25.000 dólares mensuales hasta que se casara de nuevo.

Dicha mesada duró poco más de seis años, hasta que Rubirosa conoció a Barbara Hutton, por ese entonces la única mujer del mundo más rica que Doris Duke. Heredera de los almacenes Woolworth, Hutton, entonces de 41 años, tenía un precario estado de salud. Una vida de alcohol, drogas y desórdenes alimenticios habían hecho de la millonaria la presa ideal para que Rubi sacara provecho económico.

Pero después de muchos años, Rubi por fin se enamoró. La afortunada fue Odile Rodin, una aspirante a actriz, 31 años menor que él, que se convirtió en su quinta y última esposa. Con ella llegaron momentos de calma, pero también de escasez: no solo las pensiones de sus exesposas quedaron en el pasado, también los cargos diplomáticos, pues en 1961 Trujillo fue asesinado.

Rubirosa nunca fue muy laborioso. No sabía ser más que un gran amante y un desafiante relacionista público. No obstante, se lanzó al agua con varios negocios, todos infructuosos. Tuvo intentos de sacar su propia línea de perfumes, de publicar una autobiografía y hasta de comercializar un producto afrodisiaco. Pero fracasó en el intento y se sumergió en una profunda depresión.

Porfirio Rubirosa siempre será recordado por su clase y su falo digno del cine XXX; por ser lo más parecido a lo que hoy se conoce como un metrosexual, en tanto nunca descuidó su cuerpo, se hacía el manicure y suavizaba su piel con miel, por ser todo un dandy; y por frases como: “La mayoría de los hombres quieren ganar dinero, yo prefiero gastarlo”.

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