Todo empezó por recoger un trípode que se había caído de un camión. Era el 15 de junio de 1954, quizá el 16, y la primera transmisión de televisión en Colombia se había hecho poco antes, el 13 de ese mismo mes.

Yo trabajaba en la emisora 1.020, cerca de la Biblioteca Nacional, desde donde se hacían las transmisiones. Un día pasé por ahí y estaban descargando unos equipos cuando se cayó el mencionado trípode de luces. Lo recogí, me pidieron que lo metiera al estudio y aproveché para conocerlo. Era el único estudio del país y tenía unos diez metros de largo por siete de ancho.

Uno de los técnicos cubanos que habían llegado para las primeras transmisiones me dijo que si quería trabajar con ellos y yo acepté. Ni siquiera pregunté cuánto pagaban.

Mi primera experiencia con las cámaras fue en septiembre de 1954, en la Feria Exposición Internacional. Fernando Virgós, otro de los cubanos, se enfermó del estómago en plena transmisión y me dijo que ocupara su puesto —todos los programas se hacían en vivo, el pregrabado no entró sino hasta 1963—. Ese día estuve a cargo de una cámara durante 35 minutos, cuando mi contacto previo con ellas era cuando las limpiaba, siempre apagadas.

A finales de noviembre, también de 1954, empecé como camarógrafo en propiedad. La experiencia la adquirí en el camino, con lo que preguntaba a los cubanos y haciendo programas religiosos, noticieros, musicales y obras de teatro clásicas. Trabajábamos hasta las 11:00 p.m., pero por lo general me quedaba hasta la madrugada ensayando los movimientos de los programas del día siguiente.

Los cubanos se fueron en 1956 y yo quedé de camarógrafo titular junto con otros colombianos, ganándonos un sueldo de 875 pesos mensuales, mientras que los cubanos recibían 1000 pesos mensuales, además de 250 dólares. Todo era muy precario. En vez de zoom había lentes que tenían que cambiarse lo más rápido posible de acuerdo a la toma y no se podía dejar la cámara fija por más de 15 segundos porque la imagen se quemaba en negativo sobre la pantalla.

Yo fui camarógrafo de Yo y Tú, transmití en vivo y a color la posesión de Carlos Lleras Restrepo como presidente de Colombia, transmití en circuito cerrado para los médicos del Hospital San Juan de Dios una operación en la que a un campesino le implantaron una vértebra de ovejo. Transmití carreras de caballos, partidos de fútbol, misas, lo que se necesitara.

En 1956 me caí con todo y cámara de una escalera mientras trasmitía una obra de teatro, lo que me afectó el oído y me produjo vértigo. Seguí trabajando como si nada, pero un día de agosto de 1968 estaba en el templete del parque Simón Bolívar instalando los equipos para la visita del papa Pablo VI a Colombia cuando me llegó una carta que decía que debido a mi problema en los oídos no podía seguir trabajando con los audífonos de la cámara. De todas formas, ese día estuve a metro y medio del Papa, transmitiendo para otro canal, Telebogotá, pero sin audífonos.

Empecé a trabajar con una cámara de cine, que no requería de audífonos, con el canal de Capacitación Popular, donde después fui jefe de producción. Un día de 1971 volvía de grabar unos cafetales en el Tolima cuando me enteré del incendio en el edifico de Avianca. Salí de inmediato para el centro de Bogotá y logré hacer varias tomas.

Me jubilé en 1980, pero seguí trabajando por mi cuenta, haciendo videos en primeras comuniones, conferencias, lo que fuera, hasta que en 1998 me dio cáncer de estómago y tuve que parar del todo. Vendí la cámara y años después me fui a La Mesa, Cundinamarca, donde aún vivo con mi esposa, rodeado de aire puro.

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